En la dirección correcta

El curso adecuado es hacia adelante, aquel que reemplace los conflictos ideológicos obsoletos por las acciones concretas y permita trascender los debates innecesarios hacia los análisis propositivos.

En esta época electoral – y en la mayoría, en realidad – es inevitable escuchar cómo el análisis de los Partidos Políticos y de sus estratagemas electorales recurrentemente cae en discusiones centradas en las posturas de “izquierda”, “centro” y “derecha”. Para ser franco, siempre he me preguntado por qué (¡en pleno Siglo XXI!) seguimos pensando en direcciones para definir las propuestas y orientaciones de los actores políticos nacionales como si fuera algo relevante en nuestros días.

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Los términos “izquierda” y “derecha” en su sentido político vienen de tiempo atrás. En el seno de la Revolución Francesa, durante la Asamblea Constituyente establecida para redactar la Constitución del Estado, se reunieron diversos delegados quienes aleatoriamente se ubicaron en el recinto con base en sus ideas. Esto dio como resultado la conformación de tres secciones en la sala, cada una sentada de forma separada de las otras.

Al costado derecho de quien presidía la sesión se ubicaron los defensores del poder real, miembros de la nobleza y el clero; a la izquierda, se sentaron los partidarios de las libertades sociales (como el sufragio universal), quienes velaban por las clases más populares (mal denominadas “el pueblo”); y, en tercer lugar, los que se mostraron indecisos o neutrales, terminaron por asentarse en el centro del lugar.

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Así las cosas, los tres conceptos evolucionaron como adjetivos para describir las posturas ideológicas de partidos y candidatos. En consecuencia, quien aboga por los derechos y libertades de los más vulnerables, es entonces tildado “de izquierda”; quien lo hace por la protección de la propiedad privada y la conservación de ideas tradicionales es catalogado“de derecha” y aquel que no se define en ningún extremo, es por lo tanto “de centro”.

Incluso, erradamente hemos tendido a vincular el ser “de izquierda” como sinónimo de apoyar la subversión y a pensar que estar en “la derecha” es todo lo contrario. Sin duda una tergiversación sesgada a los conceptos originales que hemos adquirido producto del desconocimiento.

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La realidad es que estas categorizaciones son obsoletas; la “izquierda”, el “centro” y la “derecha” son solo elementos discursivos que se quedan en lo intangible. De poco sirve analizar nuestro sistema político a través de conceptos mutuamente excluyentes si lo que buscamos es el consenso y la acción colectiva.

Hoy en día el sistema multipartidista en Colombia está en un momento de crisis. Los principales candidatos a la contienda presidencial fueron avalados por firmas, los partidos se encuentran divididos al interior y, quienes han realizado coaliciones, parece más que lo han hecho por la necesidad de sumar esfuerzos y sobrevivir a la batalla electoral que por una verdadera alineación ideológica.

Tal parece, entonces, que la ideología se volvió coyuntural; es ahora temporal, carente de convicciones y atada al interés inmediato. Lo que dos siglos atrás fue una herramienta de análisis y clasificación ideológica, es hoy un instrumento incompatible con la cultura política nacional.

Por eso, la mejor dirección política no es ni hacia la “izquierda”, a la “derecha” o para el “centro”. El curso adecuado es hacia adelante, aquel que reemplace los conflictos ideológicos obsoletos por las acciones concretas y permita trascender los debates innecesarios hacia los análisis propositivos. Todos estos, hechos representativos de cada ciudadano – del verdadero pueblo - sin distinción alguna y garantes de transparencia y rendición de cuentas. Nunca debemos olvidar que somos nosotros quienes hacemos efectivo, a través de nuestros votos, el derecho constitucional de elegir y ser elegido.

En consecuencia, como ciudadanos debemos promover el avance hacia adelante como nueva visión; aquella que nos haga olvidar las diferencias políticas infructuosas y nos permita poner en el centro del debate las necesidades sociales imprescindibles. Esa es la dirección correcta.

@VizcayaCamilo

*Todas las consideraciones aquí contenidas responden exclusivamente a opiniones personales del autor.