Reconciliación: del sustantivo al verbo

Personas de diversos países, que han trabajado en pro de la construcción de paz, hablaron en Bogotá sobre las experiencias en el largo camino de reconciliar sociedades, que en Colombia está por empezar.

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En el evento "Paz y reconciliación: Un llamado a nuestra humanidad" hubo aportes de personas que han luchado por construir la paz en países como Ruanda, Colombia e Irlanda del Norte.
Cristian Garavito

Las experiencias de reconciliación en Irlanda del Norte, Ruanda y Colombia se dieron cita en la Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz que se desarrolla en Bogotá hasta el próximo sábado 4 de enero. El conversatorio contó con la presencia de personas que se han destacado por sus esfuerzos en la construcción de paz, como el irlandés Lord David Trimble, el estadounidense Steve Goose y el sacerdote jesuita colombiano Francisco de Roux.

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Trimble, quien fue galardonado con el premio nobel de paz en 1998, contó que en su país hoy en día existen muros que separan a protestantes de católicos, los bandos que se enfrentaron durante siglos en Irlanda del Norte. El conflicto en ese país europeo tuvo unos niveles de crueldad que, en palabras de la historiadora Diana Uribe, “ni siquiera los colombianos nos los imaginamos”. La existencia de esos muros que separan a los irlandeses, reconoció Trimble, se dan en parte porque la reconciliación no estuvo entre las principales preocupaciones de las negociaciones de paz que culminaron con éxito el 10 de abril de 1998. Esa falta de preparación ante un asunto crucial para la paz se dio como consecuencia de la incredulidad de llegar a un acuerdo entre las partes.

Otro de los conferencistas fue Christoph Harnisch, jefe de la delegación en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja, quien relató que en 1996 visitó Ruanda después de que un genocidio en ese país acabó con la vida de 800 mil personas. La tragedia humanitaria estuvo impulsada por el odio que había entre las tribus hutú y tutsi que habitan ese país africano. Harnisch contó que visitó una cárcel en la cual estaba recluido uno de los victimarios, su nombre era Agustín. En esa ocasión este último afirmó que nunca iba a pedir perdón por sus actos. Años después a Harnisch le llegó la noticia de que Agustín le pidió perdón a las víctimas ante un tribunal de justicia.

Francisco de Roux, por su parte, exaltó la labor de las víctimas en el proceso de negociación entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc. Según él “las víctimas cambiaron el proceso de la Habana”. Opinó que son ellas quienes le permiten al país darse cuenta de la capacidad destructiva que ha tenido la guerra. Además, saludó a los jóvenes que, luego de conocerse los resultados del plebiscito que el 2 de octubre del 2016, salieron a las calles a poner de presente su clamor de paz.

Las personalidades presentes en el evento también enunciaron algunos retos para que Colombia se reconcilie. Steve Goose, fundador de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona (iniciativa laureada con el premio nobel de paz en 1997), advirtió que los artefactos explosivos de ese tipo seguirán diseminados por el país aun después de que se silencien los fusiles. “No podemos construir la carretera de la paz si el camino tiene minas antipersona”, sentenció. Vale la pena recordar que Colombia es el segundo país con más minas antipersonas en el mundo, solamente superado por Afganistán.

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De Roux interpretó los resultados del plebiscito como una muestra “de todo lo que falta por reconciliarnos”. Dijo que luego de ese ejercicio democrático quedó al descubierto que la mitad de los colombianos creen que el proceso de paz es una farsa. Además, propuso que el debate político y la paz transiten caminos paralelos para que la reconciliación no se vea amenazada.

La reconciliación pasa por unos mínimos de entendimiento entre las partes enfrentadas. Frente a eso, y teniendo en cuenta la experiencia irlandesa, Trimble afirmó que “para llegar a acuerdos se debe tener empatía”.

En el foro hubo una posición unánime: la sociedad civil tiene que ser participe en la construcción de paz. Sobre eso, que fue un punto de llegada en las intervenciones de todos los expertos, Harnisch sentenció: “Las víctimas y los victimarios deben entablar conversaciones transparentes. Si eso no se hace el acuerdo de La Habana terminará siendo pura teoría”.

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