Las voces de los nobeles de Paz

Cerca de treinta premios nobel de Paz se reunieron ayer para hablar de resolución de conflictos. El mensaje: en Colombia se vive la primavera de la esperanza y el reencuentro de las generaciones perdidas.

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El presidente Juan Manuel Santos defendió el acuerdo de La Habana e hizo un llamado a la esperanza.
AFP

Cuando Bogotá fue escogida como sede para llevar a cabo la decimosexta versión de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de Paz, en septiembre del año pasado, no había sido firmado el Acuerdo de Paz con las Farc, ni tampoco se sabía que el presidente Juan Manuel Santos iba a ser galardonado con un Nobel de Paz por sus esfuerzos para acabar con el conflicto armado. Pero, como si fuera por asuntos del azar, ayer la capital colombiana se convirtió en epicentro de paz, al recibir a decenas de galardonados con este reconocimiento, que se reúnen para hablar de paz y análisis del conflicto.

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El presidente Santos se encargó de los actos protocolarios de apertura y cierre del primer foro, enfocado en gobernabilidad democrática en la sociedad, que tuvo lugar en Corferias. No pudo ser en mejor momento. Mientras líderes mundiales hablaban de paz y reconciliación, los medios registraban la noticia de la liberación de Odín Sánchez por parte del Eln. “Esto nos permitirá alcanzar una paz completa”, dijo el jefe de Estado en su discurso inaugural.

La intervención de los cerca de 30 laureados estuvo enmarcada en el Acuerdo de Paz logrado con las Farc en noviembre del año pasado, empezando por el expresidente de Timor Oriental, José Ramos-Horta, quien recibió el Nobel de Paz en 1996. Él fue uno de los que intentaron interceder en Colombia para lograr un diálogo con el Eln décadas atrás. “Esa experiencia me introdujo en la realidad de Colombia. Hoy vuelvo 20 años después a un país diferente, en donde las armas han callado”, dijo en medio del foro, en donde aprovechó para pedirles a quienes se oponen al acuerdo con las Farc, que le den un tiempo de gracia a lo pactado. “Luego podrán ver las bondades de lo que significa vivir en paz”, afirmó.

Se trató de un encuentro entre líderes de paz que abogan por el restablecimiento de los principios democráticos. Y acá, valga decir, el expresidente de Costa Rica, Óscar Arias Sánchez, logró describir la realidad global en dos momentos: los mejores y los peores tiempos. Para el premio nobel, mientras Colombia se está transformando en una luz para el mundo, en el resto de países de todos los continentes crece el discurso del odio y la violencia. “Estados Unidos, un país donde la insensatez, la xenofobia y el odio han crecido de forma espeluznante, la ignorancia es la fuerza. Allá irrespetan los derechos humanos y la diplomacia internacional”, dijo en clara alusión a la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.

Y los nobeles de Paz no fueron ajenos a esa realidad. Así lo reconoció la propia Jody Williams, profesora estadounidense y activista de derechos humanos, que reclamó más acciones y menos quejas, como está sucediendo en comunidades musulmanas que han salido a protestar pacíficamente para rechazar las medidas adoptadas por Trump. “No podemos darle una oportunidad a un presidente que basó su discurso de campaña en la xenofobia, en el racismo y en la violencia contra las mujeres”, enfatizó.

Esa misma postura la defendió la abogada iraní Shirin Ebadi, quien se convirtió en la primera musulmana en recibir el Premio Nobel de Paz. “¿Ustedes creen que yo soy terrorista? Nosotros siempre hemos luchado por la paz y ahora nos llaman terroristas. El pueblo del Medio Oriente son personas oprimidas. Han sufrido mucho porque no tienen gobiernos democráticos y son oprimidos por los Estados Unidos y otros países del hemisferio occidental. En el nombre del islam, todas las voces han sido silenciadas”, señaló la defensora de los derechos humanos.

El mensaje unánime, en todo caso, fue el de reconocer que a Colombia le llega la hora más difícil: la implementación. Apenas se están asomando los primeros logros pero, como dijo Rigoberta Menchú en su intervención de ayer, “la paz tiene que convertirse en política pública y no en un acuerdo muerto ni coyuntural. No podemos dejar que los gobernantes que creen en la paz le den a ese valor apenas cuatro años de edad”. Y eso lo tienen claro cada uno de los nobeles de Paz que, por distintos motivos, fueron homenajeados por la Academia Sueca en sus intentos por lograr una sociedad en paz.

Por eso insistieron en que en una negociación nadie obtiene lo que quiere, sino lo que puede. “Pero eso no es un signo de debilidad, sino de fortaleza y de amor a Colombia” dijo el expresidente Arias, al advertir que después de un conflicto, los guerrilleros pueden transformarse en pandilleros, como ocurrió en Centroamérica con los denominados maras que hacen que hoy esa región sea considerada como una de las más inseguras del mundo.

El mensaje también estuvo dirigido a fortalecer la idea de que las víctimas del conflicto armado deben ser las protagonistas en los diálogos con un grupo alzado en armas. “Nos están enseñando que se puede dejar a un lado la guerra. Lo mejor que pueden ofrecer para la paz, es hacerla duradera y justa. La justicia no se aplica con venganza, sino con los sacrificios de esas víctimas. Es decir, tratarlas como héroes”, concluyó Tawakkul Karman, periodista de Yemen.

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