Los Cuero, un viacrucis que no termina con la muerte

Darwin Cuero, hijo de Bernardo Cuero, uno de los dirigentes afros más reconocidos del Atlántico, asesinado en junio de 2017, denuncia el desplazamiento, las amenazas y asesinatos que siguen padeciendo. Un retrato de lo que enfrentan las familias de los líderes asesinados luego del Acuerdo de Paz. 

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Darwin Cuero, hijo del líder Bernardo Cuero, mira por la ventana la ciudad a la que recientemente llegó con su familia desplazado. / Luz Karime Grajales

Darwin Cuero ha resistido a todo, a la muerte, las dificultades y las persecuciones. No bastó con que asesinaran a su papá Bernardo, uno de los líderes afros más reconocidos del Atlántico, ni que lo amenazaran esa misma noche; ni siquiera que poco tiempo después, en menos de un mes, asesinaran a dos de sus hermanos y a su primo. Para los Cuero, la vida en Tumaco se les volvió un conteo de muertos.

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En junio de 2017 asesinaron a Bernardo Cuero en Malambo. El 19 de marzo de este año, dos sicarios en moto mataron a Silvio Dubán Ortiz y Javier Bernardo Cuero. El 14 de abril, a Darwin le dejaron un panfleto amenazante debajo de su puerta, firmado por la disidencia de las Farc conocida como Frente Oliver Sinisterra, que comanda Walter Patricio Artízala, conocido como Guacho. Y una semana después, el 21 de abril, asesinaron a su primo Henry Arboleda en una estación de gasolina.

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El 23 de abril, Darwin recibió otra amenaza:

–¿Y vos qué Cuero?, ¿dónde es que estás? Si no le decís a tu hermano que salga de Tumaco va a amanecer con la boca llena de moscas.

–¿Dónde quiere que nos veamos?

–Decime vos dónde estás. ¿Qué? ¿Me estás grabando la llamada o qué?

Cuelgan al otro lado.

Se referían a Bernardo Cuero Jr., otro de sus hermanos. Este es policía y ha recibido amenazas en mensajes de texto.

Hechos y razones suficientes para salir, por tercera vez, del puerto del Pacífico. Asegura que, aunque su vida, su trabajo y sus raíces siempre han estado en Tumaco, quiere proteger a su familia. En especial a sus pequeños, el motor, según él, de que a estas alturas no haya buscado venganza ni tomado las armas. Se ve cansado, cuenta que no concilia el sueño y vigila constantemente quién está cerca y si lo están persiguiendo.

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En esta entrevista habla sobre el desplazamiento, sobre el miedo, sobre la situación de Tumaco y el enorme y doloroso peso que ha significado para su familia el accionar criminal en contra del liderazgo social que desempeñó su padre, uno de los líderes comunitarios que apoyaron el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc, que pensaron que venían tiempos más tranquilos. Sin embargo, el Estado ha mostrado no tener la fortaleza institucional suficiente para asegurar un proceso de transición sin violencia ni desplazamiento.

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¿Cómo es la presencia armada ilegal en Tumaco?

En Tumaco hay presencia paramilitar y no solo paramilitar, hay diferentes tipos de grupos: gente de las autodefensas que quedaron, gente de Los Rastrojos, la Gente del Orden, la gente del desorden, hay delincuencia común, está el Eln, están las Farc, se encuentra el Epl.

En Tumaco se están disputando un territorio que es zona portuaria, donde se mueve mucho el narcotráfico, y se ha ensañado el terrorismo de una manera cruel contra la población. Mi barrio era uno de los más alegres y la mayoría de mis amigos han salido por miedo. La mayoría de las madres han sacado a sus hijos de allí, a algunos los tienen en Cali, otros en Popayán, o en Bogotá. En Tumaco la cuestión está invivible, es algo que usted no se puede imaginar.

Su papá, Bernardo Cuero, era uno de los líderes sociales más reconocidos del país, fue fiscal de Afrodes (Asociación de Afrocolombianos Desplazados), presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Villa Esperanza en Malambo, Atlántico, y estudiante de Derecho, cursaba octavo semestre y solo le faltaban seis meses para graduarse. ¿Por qué salieron de Tumaco a Barranquilla?

A nosotros hace 19 años nos tocó salir desplazados de Tumaco por la misma situación de violencia, nos fuimos cinco de los ocho hijos. Llegamos primero a Bogotá y de allí nos trasladaron a Barranquilla.

Bernardo Cuero, líder afro asesinado en junio de 2017, en Malambo, Atlántico  / Cidh

¿En algún momento les brindaron seguridad por parte de la Unidad Nacional de Protección?

En el año 2000, cuando salimos nos brindaron protección por parte de la Unidad. Fueron como unos ocho meses y ya luego nos quitaron la protección. Yo estuve viviendo con mi papá en Barranquilla dos años y me aburrí de la situación que estábamos pasando, sin trabajo ni estudio. Por eso volví a Tumaco, mi familia se quedó viviendo en Barranquilla.

¿Qué hacía su papá en Barranquilla?

Mi papá se radicó en esa ciudad. Tenía un restaurante que cerró luego porque el barrio Las Nieves, donde vivía en ese momento, se tornó peligroso. Salió de allá y se compró una casa en Malambo. Se supone que se devolvería cuando terminara su carrera de Derecho.

En septiembre de 2016 intentaron asesinar a su padre y en esa ocasión se salvó porque a los sicarios el arma no les funcionó, ¿en ese momento se realizó alguna denuncia?

Pusimos todo tipo de denuncias, pedimos protección a la UNP y nos la rechazó. Pedimos protección a la Policía, porque se suponía que ellos patrullaban todos los días por la casa, pero nos desampararon como para finales de noviembre de 2016.

¿Tenían conocimiento de dónde venían esas amenazas?

No, la verdad es que no te puedo decir. Sin embargo, él ya había recibido varios intentos de asesinato, ya se le habían metido a la casa a buscarlo. Una vez tumbaron la puerta de la casa, pero mi papá no se encontraba en ese momento.

¿Qué ha pasado después del asesinato de su padre que en junio cumple un año?

Del progreso de la investigación no tengo mucho conocimiento, sé que van dos audiencias y supuestamente capturaron a los autores materiales, pero no se ha avanzado nada sobre los autores intelectuales.

¿Quiénes asisten habitualmente a las audiencias?

A las audiencias siempre asiste mi mamá María Epifania. Ella es la que está a cargo de eso y viaja a Barranquilla. A mí por motivos de seguridad no me dejaron ir por allá.

¿Sus dos hermanos y su primo que asesinaron posteriormente habían recibido amenazas?

En Tumaco nosotros siempre hemos recibido amenazas. Incluso tenemos protección de la policía. Cuando llegué de Barranquilla a Tumaco me dieron una protección policial, pero como el municipio es demasiado peligroso, no podíamos darnos el lujo de que la policía estuviera pasando todos los días por la casa, entonces me recomendaron que pasara yo y firmara un libro para que supieran que estaba bien y no llamara tanto la atención.

¿La noche en que mataron a sus hermanos usted recibió amenazas?

Días antes sí, había recibido amenazas e incluso sentí personas que me estaban siguiendo. Yo siempre he hablado con las autoridades y ando pendiente, cuando veo personas extrañas queriéndome hacer algo inmediatamente me comunico con ellos para que me auxilien. Por mi precaución nunca me han hecho nada.

A los dos días del asesinato de su primo Henry Arboleda, usted y su familia salieron desplazados nuevamente...

Sí, tocó volver a esta situación. Tuvimos que retirar a los niños del colegio y mi esposa renunció a su trabajo. Mi familia con esto que ha pasado se ha ido casi toda de Tumaco, solamente quedan los hermanos de mi mamá y los hijos de ellos. Pero las personas más cercanas han tenido que irse. Mi primo Álex Quiñones cerró la tienda, está vendiendo el apartamento y ya está en Pasto.

¿Las autoridades ya tienen conocimiento de que ustedes salieron de Tumaco?

Sí, pero por ahora hay una tía que está vinculada a Afrodes que nos está ayudando con todo esto. También la organización Amnistía Internacional está al tanto y nos está brindando una asesoría jurídica y protección. Mi mamá, mis sobrinos y mis cuñadas, que ahora están viudas, tienen medidas de protección. Estamos en una ciudad, sin trabajo y sin un peso.

Si ustedes se desempeñan en trabajos muy distintos a los comunitarios, ¿por qué cree que los amenazan y los persiguen?

Pues yo antes me desempeñaba con mi papá como promotor psicosocial para la salud pública, adelantaba trabajo social con la comunidad, con personas drogadictas, con menores. Por ejemplo, en la casa comunal de Barranquilla hacíamos sancocho todos los domingos para ayudar a la comunidad o veíamos películas para que los niños se mantuvieran entretenidos. Pero en Tumaco, después de lo que ocurrió con mi papá, no he querido adelantar ningún tipo de acción social por eso mismo. Fue lo primero que me dijeron, que en Tumaco no me fuera a poner en esas cuestiones sociales, porque ahí sí iba a perder la vida, igual que mi papá.

Pero, ¿por qué siguen las amenazas, si fue obligado a dejar el trabajo comunitario?

Mis hermanos y yo siempre fuimos muy apegados a mi papá, siempre estuvimos con él. Imagino que por ser hijos de Bernardo Cuero pensarán que nosotros vamos a tomar algún tipo de represalias. En Tumaco nosotros somos personas muy conocidas, mi papá era una persona pública. El 80 % de los tumaqueños nos conocen. Incluso, muchas personas se sorprendieron al ver que yo retorné a Tumaco y me dijeron que cómo cometí ese error. ¿Qué más podía hacer?, ¿dónde más podía regresar si no es con mi mamá y a mi tierra? Tengo que estar con mi familia. Pero mire todo lo que ha pasado.

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