Dos apuestas por la paz en Caquetá

Los 170 excombatientes de las Farc invirtieron en un proyecto de piña y sueñan con exportar los productos a base de esa fruta. Estiman que a finales de diciembre terminarán la construcción de una planta despulpadora. Una iniciativa de mujeres campesinas es muestra también de este cambio.

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En octubre hubo una jornada de muralismo en el ETCR de Montañita. En el evento, los universitarios adornaron las fachadas

Con gran orgullo los excombatientes de las Farc, que viven en el Espacio Territorial de Reincorporación (ETCR) ubicado en Montañita (Caquetá), muestran un extenso cultivo de piña. Se trata de un proyecto que esperan que garantice, si quiera parcialmente, la reincorporación económica de las 170 personas que dejaron las armas tras el Acuerdo de Paz que la exguerrilla de las Farc firmó con el Estado hace dos años, el 24 de noviembre del 2016.

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Ya tienen unas 130.000 plantas de esa fruta. Incluso, a los visitantes ocasionales les ofrecen una tajada dulce de piña. La iniciativa empezó con recursos de 170 excombatientes que decidieron invertir el dinero que el Estado les entregó, cumpliendo con uno de los puntos del Acuerdo de Paz. Plantearon el proyecto, hicieron una bolsa común y echaron a andar el plan. En la plantación trabajan siete personas, pero las ganancias que han percibido hasta ahora se reparten entre todos los que invirtieron.

Federico Montes, quien fue comandante de las Farc y ahora es uno de los líderes que impulsa la reincorporación, resalta el valor medio ambiental que asegura que tiene el proyecto. Según Montes la iniciativa de la piña hace parte de la apuesta por “recuperar la vocación agrícola de la tierra”. Señala que la ganadería necesita deforestar grandes cantidades de tierras y tiene un bajo rendimiento. A modo de ejemplo, asegura que una sola vaca necesita dos hectáreas de pasto y que a los 3 años representa una ganancia de 300 mil pesos. A eso se suma que la fuerza de empleo necesaria es mínima, por lo que las grandes extensiones de tierra podrían generar solo uno o dos empleos. En el ETCR de Montañita calculan que la iniciativa de piña puede generar 100 veces más ganancias que un proyecto de ganadería extensiva.

La deforestación es un problema grave en Caquetá. Ese departamento, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), fue en donde más se deforestó en el 2017, con 60.373 hectáreas. Para mostrar la magnitud del problema vale la pena recordar que en segundo lugar se ubicó Guaviare, con 38.221 hectáreas.

Los excombatientes sacan la piña hacia diferentes municipios del Caquetá. Esperan suplir el mercado departamental. Pero también han empezado a sacar la fruta hacia departamentos como el Huila. El sueño es llegar al mercado internacional.

Sin embargo, encontraron un obstáculo en el camino. Producían grandes cantidades de fruta, pero no tenían manera de transformarla. Empezaron a evaluar la posibilidad de hacer una planta despulpadora.

Lo que fue un sueño está por hacerse realidad. A unos metros de la plantación de piña y de la escuela hay una obra gris en la que se encuentran trabajando varios obreros. La meta es tener la planta despulpadora construida antes de que se acabe el 2018.

Los recursos necesarios llegaron de la comunidad internacional. Por una parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo los apoyó con la compra de toda la maquinaria. Según estimaciones de Montes, esta tuvo un costo de 54 millones de pesos. Por otro lado, la Unión Europea y la Embajada de Portugal en Colombia, por medio de la Red Adelco y Instituto Marquês de Valle Flor, suplió los costos de la construcción de la infraestructura de la planta.

Lo que buscan los exguerrilleros con esa infraestructura es poder vender productos de las distintas frutas que siembran en el ETCR.

Estefano Manservisi, director de Cooperación y Desarrollo de la Unión Europea, visitó el ETCR, el pasado 21 de noviembre. Lo hizo en compañía de algunos funcionarios del gobierno de Iván Duque y con personas de la comunidad internacional. Se reunió con los excombatientes y recorrió la zona para ver cómo avanzaba el proyecto de la piña. El proceso ha tenido tal impacto sobre la región que, según cuenta Montes, varias comunidades aledañas se han acercado para recibir capacitación, con el fin de sembrar piña.

Estefano Manservisi y Federico Montes./ Gustavo Torrijos.

Manservici aseguró que la Unión Europea “es un socio interesado en que la paz triunfe”. Recordó que uno de los objetivos de esa organización de estados es, a su vez, lograr la paz en Colombia, un reto que no es fácil, pero reconoció que avanza.

Ese mismo día se dio a conocer que el Fondo Europeo para la Paz adicionó 20 millones de euros a las ayudas que esa entidad ha entregado, y que ya superaban los 100 millones.

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En la visita también estaba la Ministra de Relaciones Exteriores encargada, Adriana Mejía, quien sostuvo que hay “un compromiso irrestricto del gobierno de Iván Duque de implementar lo acordado en el 2016”.

El espacio también sirvió para que los excombatientes expusieran algunas de sus preocupaciones. Montes le dijo a Manservisi que todavía no tienen claridad sobre la tierra. El terreno donde tienen sembrada la piña, casi tres hectáreas, les fue vendido por un sacerdote que les dio facilidades de pago. Sin embargo, todo está sembrado y dicen que sin tierras no podrá crecer el proyecto. El ideal, según Montes, es alcanzar las 10 hectáreas de sembradío de piña.

Generar empleo de calidad es otra preocupación. En este momento, solamente hay 42 personas empleadas en diferentes proyectos. Tienen una zapatería, ebanistería, sastrería, un establecimiento comercial, una biblioteca y proyectos de cría de pescado, ganadería y sacha inchi (un fruto parecido a la nuez, que tiene una gran concentración de omega 3, es apto para el consumo humano y para la elaboración de aceites).

De todos los proyectos el que más ganancias produce es la piña, del cual proviene el 40 % del total de los ingresos. La meta que se han puesto los excombatientes es que en agosto del 2019 haya unas 120 personas empleadas en las iniciativas para la reincorporación en ese ETCR.

Manservici escuchó con atención las inquietudes de Montes. Conversaban al frente de donde funcionará la despulpadora. Se acercó una excombatiente que le dio una rodaja de piña. El funcionario probó la fruta y dijo “quisiera poder comprar esta fruta en Bruselas (Bélgica)”. Un sueño que comparten quienes todos los días trabajan en esas plantaciones.

Un proyecto con las campesinas

Otro proyecto que apoya la Unión Europea en ese departamento es la Asociación de Mujeres Rurales de Colombia y el Caquetá. La mayoría de ellas son víctimas del conflicto armado. En la vereda Luz de Esperanza, ubicada en Montañita, Manservici dijo: “me parece que este es un laboratorio para toda la región”.

La organización integrada por 96 mujeres tiene dos unidades productivas, una llamada Granja Asmucoca, que integra a 16 de ellas y sus familias. Tienen cultivos de cachama, arawuanas (pescado ornamental que le venden a Acuica, una asociación de acuicultores de Florencia), gallinas ponedoras, criollas y codornices. El proyecto arrancó en el 2014.

Tienen dos hectáreas de tierra compradas por las mujeres. De parte de Portugal recibieron una escuela de campo, donde los guerrilleros aprendieron, con un ingeniero que trajeron durante tres días, a sembrar semillas de cacao, copoazú, tomate, cebolla, entre otros.

La otra es la Distribuidora Asmucoca, que compra a las mujeres los productos que ellas tienen en sus fincas y los venden en el casco urbano. “Le enseñamos al consumidor a que coma más limpio. Nuestros productos no utilizan tantos químicos”, cuenta María Bermeo, una de las fundadoras de la asociación.

El Alcalde de Montañita, José Leonel Guarnizo, resaltó las diferencias que se sienten en esa región luego de la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc. “Antes los alcaldes no podían salir del casco urbano porque en toda esta zona estaba la guerrilla, ahora véanos acá”, concluyó desde la vereda Luz de Esperanza.

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