Tomas de pueblos por las Farc: Nunca más

Esta guerrilla es la que más pueblos se tomó: 389, entre 1965 y 2013. Con el armamento que entregan hoy se sella ese capítulo de la guerra que miles de colombianos padecieron y otros tantos millones vieron por televisión.

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Imagen de Mitú, luego de la toma guerrillera del 1º de noviembre de 1998. / Archivo El Espectador

El 17 de marzo de 1965, Jacobo Arenas y Manuel Marulanda, fundadores de las Farc, se subieron al atrio de la iglesia de Inzá (Cauca), población ubicada a 105 kilómetros de Popayán, y desde allí les explicaron a los asistentes sus motivos para alzarse en armas. “Tirofijo manifestó que se empeñaba en el triunfo de una revolución que acabaría con la oligarquía y vendría en cambio un gobierno para ayudar a los pobres, especialmente a las gentes campesinas”, publicó El Espectador. Antes de su discurso, más de 100 guerrilleros combatieron para tomarse el pueblo, emboscaron un bus en el que se transportaban presos custodiados por la policía, asaltaron la Caja Agraria, atacaron el puesto de policía.

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Ese fue el inicio de una larga historia de tomas a poblaciones desarrolladas por las Farc. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en su informe Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013), a lo largo de esos 48 años de confrontación armada se produjeron 609 tomas a pueblos, entre las cuales esa guerrilla fue responsable de 309. Hoy, cuando se realiza en Mesetas (Meta) el evento de la dejación final de las armas de las Farc, se sella el uso también de esa táctica de guerra. “Nuestra única arma será la palabra”, ha dicho Rodrigo Londoño, máximo comandante de esa guerrilla en tránsito a la vida política y civil del país.

Los costos humanos de cada incursión de este tipo empezaron a verse desde la primera acción. En medio de la mencionada toma a Inzá murieron 16 personas, entre las cuales se encontraban el alcalde y el tesorero del pueblo, dos monjas, dos agentes de Policía y un guerrillero. Sobre la muerte de las dos religiosas, Jaime Guaracas, un combatiente que se encontraba en la acción armada, sentenció: “Fue como si le hubiéramos echado fuego a una caneca de gasolina”.

Esa táctica de guerra no fue un invento de las Farc. En enero de 1965, unos 27 miembros del Ejército de Liberación Nacional (Eln) se tomaron el municipio santandereano de Simacota. En medio del casco urbano, el comandante guerrillero Fabio Vásquez Castaño leyó lo que sería el documento fundacional de ese actor armado: el Manifiesto de Simacota. En la acción armada murieron tres policías y dos soldados.

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Pero la historia de las tomas a poblaciones no tiene sus raíces en las Farc o el Eln. El CNMH documentó que incluso desde la Guerra de los Mil Días los ejércitos recurrían a esa táctica. Por ejemplo, en agosto de 1860 unos armados que se tomaron la población de Socorro (Santander) decidieron salir del casco urbano para evitar afectaciones a la sociedad civil ante un inminente ataque enemigo.

Las tomas continuaron y fueron un método que las autodefensas comunistas utilizaron cuando las matazones entre conservadores y liberales arreciaban en los años de la Violencia. El 4 de mayo de 1953, tropas comandadas por Ramiro Solito Vencedor, se tomaron el Caserío de La Concepción, en el Alto Sumapaz. Según el CNMH, en esas acciones puede estar la raíz de la implementación de esa táctica de guerra por las Farc. Vale recordar que Manuel Marulanda, fundador de esa guerrilla, integró y comandó algunas cuadrillas de autodefensas campesinas.

Las Farc se fundaron el 27 de mayo de 1964 y empezaron su accionar armado. Entre 1965 y 1978 realizaron 40 incursiones armadas, entre tomas de poblaciones y ataques a estaciones de Policía. Esas operaciones se desplegaron en Huila, Caquetá, Antioquia y Santander y, en menor medida, Cauca, Cundinamarca, Chocó y Córdoba. La cifra se multiplicaría con el desarrollo de la guerra.

El “Nuevo Modo de Operar”

Entre el 18 y el 26 de enero de 1978 se realizó en el departamento del Meta la Sexta Conferencia de las Farc. En esa reunión se acordó el desdoblamiento de los frentes y un cambio en la táctica: pasar de esperar a la Fuerza Pública a ir a buscarla. El documento ordena: “Unir 4 o 5 frentes para tomar un objetivo; donde se encuentren 30, 40, 50 policías, golpearlos, volver a desplegarse, volver a unirse, desdoblarse en cada uno de los frentes para buscar su crecimiento, porque ya vamos a crear un pequeño ejército”.

A ese cambio de táctica la guerrilla lo bautizó “Nuevo Modo de Operar” y surgió tras varios análisis militares en el interior de las Farc que concluían que el Ejército estaba desarrollando estrategias de combate que le permitían burlar fácilmente las emboscadas que durante años le tendieron. Una muestra de eso fue el llamado Plan Chiquito, una operación que lanzó la guerrilla utilizando las emboscadas. Los informes de las Farc sobre esta acción hablan por sí mismos: “Se procedió con resultados negativos” o “Se cumplió el mes y no pudo realizarse sino a medias una pelea de emboscada”.

Tras ese fracaso en el plano militar decidieron cambiar de estrategia. El primer documento que da cuenta de ello es la orden operativa Cisne 3. Tres unidades guerrilleras, cada una de 35 hombres, se movilizarían por tres subáreas, “evitando ser detectadas por los campesinos al menos que se tratara de compañeros de absoluta confianza”. La misión era encontrar tropas de la Fuerza Pública para atacarlas. Los resultados fueron distintos a los del Plan Chiquito. “La acción tuvo un éxito rotundo”, reza un informe dirigido a la Séptima Conferencia.

Esa Séptima Conferencia se desarrolló del 4 al 14 de mayo de 1982 y fue la reunión que selló el Nuevo Modo de Operar que incluyó la toma de poblaciones. El fracaso del Plan Chiquito y el éxito de Cisne 3 fueron insumos fundamentales para que se sellara el cambio de táctica. La orden fue pasar del “asedio sobre cuerpos de tropa de contraguerrilla” al “asalto y el copamiento”.

Se dio inicio a un nuevo período de la guerra. Los cambios los definen bien los documentos de las Farc. La guerrilla empezó a ser “verdaderamente ofensiva”. Esa nueva orientación se sintió en los departamentos de Antioquia, Santander, Cauca, Tolima, Meta, Caquetá, Huila y Nariño. Entre 1979 y 1991, las Farc fueron responsables de 223 acciones que incluían tomas a poblados y ataques a puestos de Policía.

Objetivo: Bogotá

También en la Séptima Conferencia se estipuló el norte geográfico que tendrían las acciones de las Farc: el plan era avanzar por la cordillera Oriental, que atraviesa el país desde el Macizo Colombiano (Cauca) hasta la serranía del Perijá (La Guajira), para llegar a Bogotá a tomarse el poder por las armas. “Esto no quiere decir que la Central y la Occidental no tengan importancia estratégica, sino que el centro principal del despliegue estratégico es la cordillera Oriental”, aclaraban en un documento.

La idea de instaurar un centro de despliegue estratégico fue extraída de la Revolución cubana. El ejemplo fue la cadena montañosa de la sierra Maestra, lugar en el cual Fidel Castro organizó a sus tropas para avanzar hacia La Habana. La estrategia de Castro terminó con la entrada triunfal de los guerrilleros cubanos a la capital de la isla, el 1º de enero de 1959, y la caída de la dictadura de Fulgencio Batista.

Para emular la experiencia cubana, las Farc crearon el Bloque Oriental. Su primer comandante fue Víctor Julio Suárez, más conocido como Mono Jojoy, quien asumió la dirigencia de la poderosa estructura armada en 1993.

 

La apuesta por el avance de este bloque fue férrea. En ese mismo año el Secretariado de las Farc, órgano máximo de decisión de esa guerrilla, se amplió de cinco a siete integrantes. Los dos nuevos fueron Suárez y Efraín Guzmán. De los 66 frentes que alcanzó a tener esa guerrilla, 33 quedaron bajo las ordenes de Suárez.

Las tomas a poblaciones no se hicieron esperar. El 19 de julio de 1994, 150 guerrilleros de los frentes 51, 53 y 54 entraron al casco urbano de La Calera (a escasos 10 minutos de Bogotá). En la acción armada murió el agente de Policía César Augusto Rodríguez y asaltaron el Banco de Colombia y la Caja Agraria. Para lograr el control de los centros poblados, el Bloque Oriental fabricó armamento hechizo en talleres clandestinos. De ahí salió la rampa para lanzar cilindros bomba, que era muy poco precisa y podía variar el objetivo entre 20 y 30 metros.

Las incursiones en centros poblados aumentaron de manera significativa, mientras las Farc se fortalecían militarmente, el Gobierno tenía poca credibilidad por cuenta del escándalo del financiamiento del cartel del Norte del Valle a la campaña del presidente Ernesto Samper. De esos años datan tomas a poblaciones que quedaron en la memoria de los colombianos. El poder de las Farc llegó a ser tal que el 14 de septiembre de 1996 la revista Semana tituló “Bogotá sitiada”. El artículo daba cuenta de la presencia de la guerrilla en “los cerros de la capital del país”.

“Mitú, bajo el fuego”, tituló El Espectador el 2 de noviembre de 1998. Y no era una exageración. A la capital del departamento de Vaupés llegaron unos mil guerrilleros de las Farc. Bajo las órdenes de Suárez se tomaron la población haciendo uso de armamento pesado y armas no convencionales, como los “tatucos” y los cilindros bomba. Esa acción, que la guerrilla bautizó Operación Marquetalia, permitía hacerse una idea de las dimensiones que había tomado la guerra para ese momento: 61 miembros de la Fuerza Pública fueron retenidos.

La lista de tomas a las poblaciones continuó creciendo. En 1996, Las Delicias (Putumayo); en 1997, Patascoy (Nariño) y Caloto (Cauca); en 1998, Billar (Caquetá) y Miraflores (Guaviare). En resumen, entre 1992 y 2002 se realizaron 785 acciones en centros poblados, de los cuales 296 fueron tomas a poblaciones y 489 ataques a estaciones de Policía. De esas ofensivas, las Farc son responsables de 616.

Foto de la toma a Miraflores (1998)

La sociedad civil estaba en medio de la confrontación. A veces el agotamiento con las acciones armadas se volvió manifestación. El 12 de noviembre de 2001 los habitantes de Caldono (Cauca) salieron a gritarles a los miembros del Cuarto frente de las Farc: “¡El pueblo unido jamás será vencido!”, a manera de protesta por la toma.

Precisamente ese departamento fue el centro de operaciones más importante para la guerrilla, con un total de 244 ofensivas, superando de lejos a Antioquia, con 113.

La guerrilla no pudo sostener esa capacidad de fuego. El Plan Colombia y el inicio de la Política de Seguridad Democrática (2003) marcaron un declive de las acciones armadas de las guerrillas en los centros poblados. Suárez murió en medio de un bombardeo el 22 de septiembre de 2010, en La Macarena (Meta), lo que significó un durísimo golpe para el Bloque Oriental. Entre 2003 y 2013, las Farc se tomaron 22 pueblos. Bogotá era un objetivo cada vez más lejano; la guerrilla empezó a replegarse hacia el sur del país: Cauca, Nariño, Putumayo y el Valle del Cauca.

Para 2013, las acciones de guerra de las Farc se intensificaron. El CNMH le atribuye a esto la intención de demostrar fortaleza de cara a las negociaciones con el gobierno de Juan Manuel Santos. En abril de 2016, un informe de riesgo de la Defensoría del Pueblo dio cuenta de combates entre el Ejército e integrantes del frente 3 de las Farc. La guerra estaba en sus últimas.

A pesar de que ha pasado más de un año desde ese episodio, apenas hoy las Farc proscribirán para siempre la toma a los pueblos que muchos colombianos sintieron sobre sus techos y otros tantos vieron por televisión. Las armas que utilizaron durante 48 años para tomarse los pueblos se transformarán en tres monumentos conmemorativos de la paz del país, que estarán ubicados en Colombia, Nueva York y Cuba.

Para que los actores armados nunca más vuelvan a tomarse los pueblos falta que el Eln, las disidencias de las Farc y los grupos paramilitares renuncien al uso de las armas. Pero hoy muchos territorios descansan.