El perdón al Eln que ofrece el alcalde de Simacota

El municipio donde nació la guerrilla del Eln hoy tiene menos pobladores que en el año 2000. Pasó de 10.000 a 8.500 habitantes. El estigma de ser una zona de la insurgencia fue la excusa para que la incursión paramilitar masacrara y desplazara a los simacoteros. Hoy Mauricio Cala, su alcalde, busca en Bogotá evitar que cierren el hospital del pueblo.

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Mauricio Cala Maya, alcalde del municipio de Simacota (Santander).
/Cortesía

El 7 de febrero de 2016, cuando el alcalde de Simacota (Santander) vino a Bogotá, en Quito (Ecuador) se instalaba la mesa de negociaciones entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (Eln). Jaime Mauricio Cala Maya, nacido en las faldas de la cordillera oriental, subraya el 7, pero de enero de 1965, día en que esa guerrilla hizo su primer asalto en el pueblo y se constituyó como el segundo grupo insurgente más poderoso de Colombia.

El pasado martes Cala Maya llegó a la capital con una misión: salvar el hospital de nivel uno de su municipio, que tiene un déficit anual de $240 millones. “El Ministerio de Salud dice que lo va a fusionar con el del Socorro, pero eso implicaría sacrificar la calidad de vida de los simacoteros”, refiere el mandatario.

Su padre, don Jorge Cala Acevedo, le ha contado la historia de lo que sucedió ese 7 de enero y el por qué el estigma de la guerra se ha prolongado hasta su generación. “Si usted es simacotero tiene  sangre guerrillera, revolucionaria”, le dicen cuando sale de la región y menciona que nació en esta provincia. En la provincia la Comunera el 22 de octubre de 1780 se rebelaron los comuneros de Manuela Beltrán.

El nombre de otra “Manuela”, la mujer que lideró un día antes de la víspera de la fiesta de Reyes la toma a Simacota, también está presente en la mente del alcalde y de muchos pobladores. Su nombre real era Paula González Rojas, la única entre 26 hombres que perpetraron la incursión guerrillera. Según el alcalde, González lideró la insurrección luego de que el Ejército asesinara a sus padres Marcos González y Tránsito Rojas. Ese 6 de enero de 1965 llegó caminando desde los páramos de la cordillera.

“Nosotros perdonamos de corazón al Eln para poder pasar la hoja del libro, la hoja de la guerra. Esperamos, asimismo, que la guerrilla ponga a Simacota como punto de referencia para que el Gobierno Nacional haga inversiones en vías, salud y educación”, comenta el alcalde, quien en octubre de 2015 llegó al cargo en una alianza disimulada entre el partido de la U y el Centro Democrático. Obtuvo 1.895 votos.

Después de la toma del Eln a Simacota en 1965, ¿qué sucedió en los años siguientes en su municipio?

Afortunadamente no hemos vuelto a tener incursiones guerrilleras. Desde hace un año no se ha notado la presencia de ellos en el pueblo. Durante dos años extorsionaron en la zona. En 2001 secuestraron a mi prima María Teresa Cala Amaya. La retuvieron durante 7 meses. A algunos amigos políticos varias veces los retuvieron y se los llevaron a la serranía de los Yariguíes. Es que ellos tienen un corredor estratégico por ese Parque Natural que comunica a los municipios de Santa Helena, Contratación, Guacamayos, Chima y el Hato. Pero cabe la oportunidad para hacer un llamado al Gobierno para que mire con otros ojos a ese municipio que fue afectado y desplazado. Eso ha tenido grandes repercusiones en el desarrollo. El municipio tiene un presupuesto muy pobre: $8.500 millones, y somos el tercer municipio más grande de Santander en extensión. Uno como alcalde tiene que hacer milagros para poder aliviar las necesidades de la población.

Llegó a Bogotá justo el día en que se instaló en Ecuador la mesa de diálogos entre el Gobierno y Eln. ¿Algún motivo especial?

Vine a seguir gestionando, porque la mitad del presupuesto anual se va en atender la salud del municipio. No tenemos mucha plata para cofinanciar, pero sí grandes sueños. El hospital, que tiene un déficit de $240 millones anuales y es de primer nivel, corre el riesgo de ser fusionado con el del Socorro, pero eso implicaría sacrificar la calidad de vida de los simacoteros. Tenemos 8500 habitantes, de los cuales, 2500 son flotantes en el sector del Bajo Simacota. Tenemos que sostener el hospital y dos puestos de salud más, pero la plata no alcanza.

¿Qué tanto ha marcado la estigmatización a los simacoteros?

La presencia del Eln en el territorio ha generado que a donde quiera que vamos la gente nos pregunte: “¿Usted es simacotero?, ah bueno, usted tiene sangre guerrillera. Usted es revolucionario”, nos dicen. Pero no, nosotros somos un municipio de paz, aunque a donde vamos siempre nos estigmatizan. Y pues queremos borrar esa imagen, queremos demostrarle a Santander y al país entero que somos gente con ganas de trabajar. Queremos ayudarles a los campesinos para que trabajen, salgan adelante y se olviden de la violencia que se dio en ese territorio.

¿La estigmatización se tradujo en la incursión paramilitar?

El bajo Simacota, zona donde históricamente se asentó el Eln y las Farc, fue ocupado a sangre y fuego por las Autodefensas del Magdalena Medio. Ese fue uno de sus centros de operaciones. El papel de los campesinos siempre fue de víctimas. Ingresaban los unos, luego los otros y sin derecho a decir nada. Pasaba la guerrilla había que darles comida por obligación, después pasaban los paramilitares los culpaban de auxiliadores y empezaban a torturar y a desaparecer a la gente. En el 2000 teníamos unos 10.000 habitantes, hoy, solo 8.500.

¿Simacota perdona al Ejército de Liberación Nacional?

Perdonamos de corazón al Eln. Los colombianos tenemos que hacerlo de corazón. Queremos que el Eln nos coloque de punto de referencia ante el Gobierno Nacional para que realice inversiones en este municipio. No solo que la historia nos señale por un pasado que no escogimos y que todos los colombianos conocen.

¿Qué están dispuestos a hacer para que ese proceso de paz concluya con la firma de la paz?

Estamos dispuestos a dialogar, a perdonar y a recibir las ayudas para la comunidad. Estamos dispuestos a poner el grano que se necesite para alcanzar la paz completa.