Cartas desde la marcha final

Lo que nunca imaginé: Juanita Millán

La única mujer militar que participó en la negociación del fin del conflicto en La Habana y la única que hace parte del Mecanismo de Monitoreo y Verificación a nivel nacional, confiesa que se siente feliz de ver la última marcha de los hombres y las mujeres de las Farc hacia la dejación de armas.

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La teniente de navío Juanita Andrea Millán Hernández, única mujer militar en la mesa de negociaciones entre el gobierno y las Farc en La Habana.
Cortesía

Dios me ha llenado de grandes bendiciones y una de esas es ser oficial de las Fuerzas Militares de Colombia, algo que toda mi vida soñé. Desde que tengo uso de razón y, tal vez desde antes, quise portar el uniforme. Sin embargo, Dios sabe cómo hace sus cosas y ese sueño tardó en cumplirse. Dentro de la institución mi meta siempre ha sido clara y es contribuir a lograr la paz en nuestro país, para mí el objetivo supremo siempre ha sido la paz.

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Al inicio de mi carrera militar mi idea de terminar ese conflicto y lograr la paz no era precisamente a través de un proceso de paz, pero la vida, el conocer más la realidad de nuestro país y mis creencias me fueron haciendo cambiar de estrategia para ayudar desde mis posibilidades a acabar con el conflicto, así que me preparé por lo menos desde el punto de vista académico, para aportarle a la paz. Por eso digo que soy muy bendecida porque gracias a Dios y a la virgencita he tenido la oportunidad de participar de forma cercana en todo este proceso.

Aclaro que nunca he estado en el campo de combate y respeto y admiro a todos los hombres y mujeres de mis Fuerzas Militares que sacrificaron y han pasado buena parte de su vida luchando con convicción por nuestro país. Mi trabajo ha sido desde otros ámbitos, pero no por eso siento que este momento sea menos relevante en mi vida, por el contrario.

Estos últimos 4 años y en especial en estos últimos 2 años de trabajo en el equipo de mi General Javier Flórez, encargado de diseñar en La Habana, el modelo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas, he aprendido más que en toda mi existencia. Fueron cientos de horas de preparación, de análisis, de discusión que llegaron a lo que desde hace varios meses venimos viendo, la implementación de lo nunca se pensó posible, un cese al fuego bilateral y definitivo.

Seis años de conversaciones, varias firmas, plebitusa, referendo y fast track, todo ese esfuerzo vale la pena por esa caminata que ellas y ellos están haciendo en estos días. No me alcanzo a imaginar qué pasa por sus mentes, qué temores tienen, qué esperan. Ver trabajando juntos a tantas personas que vienen, como se dice, de orillas tan distintas, es algo maravilloso. Y debo decir, me hace muy feliz. Feliz porque en últimas todos somos colombianos, porque todos nos hemos equivocado, merecemos una oportunidad y un mejor país. 

Sé que como nación, nos queda un camino muy largo que recorrer, sé que tenemos retos mayores, pero tengo la confianza en que tanto los hombres y mujeres de las Farc que están caminando en estos momentos hacia un nuevo futuro, como nosotros desde las Fuerzas Militares y la sociedad civil encontraremos un objetivo común. 

A la par de esos pasos de las Farc, hay cientos de personas haciendo que esto pase, planeando la logística, coordinando la seguridad, planeando los desplazamientos, haciendo magia en los territorios para que esa caminata sea la última que tengan que hacer. Se han presentado inconvenientes, todos, pero no se puede dudar del compromiso de todas las personas que han sido parte de este proceso en el que las Farc llegan a las ZVTN y a los PTN. 

Considero que nuestro país ya ha sufrido demasiado y debemos darnos la oportunidad de apostarle a la paz. Opino que hay que ser conscientes de que la paz real tiene dificultades, viene con muchos retos, con el reto de sanar heridas, de aprender a conocernos, de aceptarnos en la diferencia y de darnos la mano entre todos los que amamos este país.

Esos kilómetros en lancha, chiva, camión, a pie, quedarán en los anaqueles de la historia, como un ejemplo en donde militares, policías, civiles, extranjeros, amigos y enemigos, trabajaron juntos por un mismo objetivo, como una de las tantas muestras de que sí se puede. Que la esperanza y la perseverancia son más grandes que el odio y el temor.

Pero lo que hoy es una excepción espero y sueño con que sea una constante cuando los integrantes de las Farc hagan su tránsito a la legalidad.