RADIOGRAFÍA DE ENCUENTROS Y DESENCUENTROS DE LAS GUERRILLAS

La histórica cita del Eln y las Farc

Esta semana, los miembros del Secretariado y del Comando Central se reunirán en La Habana para intercambiar sus visiones de paz y de la política.

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Manuel Marulanda, comandante de las Farc, junto a Manuel Pérez (del Eln) y Alfonso Cano, también comandante de las Farc. Los tres ya murieron.
AFP

Un nuevo hecho histórico se desarrolla desde hoy y hasta el martes en La Habana (Cuba). Por primera vez, en más de medio siglo de existencia de las dos guerrillas colombianas, el Secretariado de las Farc y el Comando Central (Coce) del Eln tendrán una reunión formal, avalada por el Gobierno, para unificar criterios frente a la paz. Una cita con una larga cronología de encuentros y desencuentros de los dos ejércitos insurgentes. La implementación de los acuerdos con las Farc y la mesa de diálogos con el Eln son los asuntos que los convocan para, de paso, saldar sus viejas peleas y buscar un camino de unidad que les ha sido esquivo.

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Diferencias fundacionales, intentos de unidad política y militar, intensas batallas por el control territorial y hasta procesos de paz internos han marcado las relaciones entre las dos organizaciones subversivas. Pero las cosas han cambiado drásticamente. Las Farc están a días de dejar las armas y lanzarse a la política electoral, mientras el Eln da los primeros pasos de un proceso de negociación que, por demás, ha sido tortuoso desde el inicio. Con un ingrediente adicional: al Gobierno de Santos el sol ya le da en la espalda y se avista una campaña electoral que promete ser intensa y en la que la polarización entre guerra y paz volverá al centro de la lucha por el poder.

En ese escenario se agendó el encuentro. La idea es intercambiar visiones sobre los diálogos, pero al mismo tiempo resolver asuntos de los territorios —que incluyen viejas heridas— que han complicado las relaciones entre las insurgencias desde la salida de las Farc de sus zonas. Conflictos entre sus bases sociales, ocupación de espacios por el Eln o disputas por fuentes de financiación obligan a que los jefes guerrilleros busquen caminos conjuntos. Incluso el reciente asesinato de José Huber Yatacué Mestizo, alias Jaider Villa, quien comandaba las milicias bolivarianas en Toribío (Cauca), fue atribuido a hombres que se “hacen pasar por miembros del Eln o Epl”, según denunció la comandancia de las Farc en la región.

Y es que las historias de las Farc y el Eln, tanto en la guerra como en la paz, han corrido paralelas. En algunos momentos y regiones se cruzan y en otros se trenzan. Las Farc nacieron en 1964 con una inspiración marxista-leninista, impulsada por la Unión Soviética. El Eln, por su parte, se fundó con la influencia del Partido Comunista cubano, y lo marcó la doctrina de la Teología de la Liberación, con Camilo Torres. Durante la década de 1960, las Farc encontraron apoyo en bases principalmente campesinas, mientras el Eln tuvo ascendencia en sectores urbanos, como el movimiento estudiantil o los sindicatos del sector agrícola. Las Farc nacieron en el triángulo Huila-Tolima-Cauca y el Eln, en el corazón de Santander.

En los primeros años de la década de 1970, la guerrilla que representaba una mayor amenaza para el Estado era el Eln, que se había asentado en el Magdalena Medio. Entonces, entre 1972 y 1973, el gobierno de Misael Pastrana lanzó la primera gran operación contrainsurgente con la llamada Operación Anorí, que golpeó con contundencia a la comandancia “elena”, que dejó muertos o en el exilio a sus principales mandos y fundadores. Además, los obligó a replegarse hacia el sur de Bolívar y, principalmente, hacia Arauca. Mientras tanto, las Farc ocupaban los territorios abandonados, duplicaban sus frentes y crecían en capacidad militar.

En 1974, el gobierno de Alfonso López Michelsen pensó en una salida negociada con la guerrilla e intentó formalizar una mesa de diálogos con el Eln, pero este grupo insurgente no concretó un encuentro en el sur de Bolívar y el asunto terminó en un ruido de sables que el primer mandatario resolvió al retirar de la cúpula del Ejército a su comandante, general Álvaro Valencia Tovar. Entre tanto, el Eln recobró oxígeno y se reacomodó bajo la dirección de Nicolás Rodríguez, Gabino. Al tiempo, las Farc duplicaron el número de sus frentes, crearon el Bloque Oriental y consolidaron sus corredores estratégicos para cercar a Bogotá. Al final de los años 70, el país vio surgir grupos guerrilleros como el M-19 o el Quintín Lame. La respuesta del gobierno de Julio César Turbay fue el Estatuto de Seguridad, con mano dura para la insurgencia.

Al llegar Belisario Betancur a la Presidencia, en 1982, se abrió una nueva ventana para la paz. Las Farc, el Epl y el M-19 firmaron acuerdos de cese al fuego, pero el Eln se marginó de ese intento por encontrar una solución política a la guerra. Sólo unos destacamentos se sumaron a los acuerdos de Uribe (Meta), mientras otros iniciaron un proceso de reestructuración militar y política con la creación del Comando Central (Coce). A mediados de la década de 1980, el paramilitarismo, de la mano con los carteles de la droga, incrementó el conflicto hasta la barbarie. Las guerrillas emprendieron un proceso de unidad con la creación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, de la que formaron parte las Farc, el Eln, el Epl, el M-19 y otros. Y empezó el rumor de una asamblea constituyente.

El gobierno de César Gaviria recibió entonces dos mandatos: la paz y la Constituyente. Fue así como se iniciaron los diálogos de Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México). Los procesos con las Farc y el Eln no prosperaron, mientras el M-19, el Epl o la Corriente de Renovación Socialista (disidencia del Eln) firmaron un acuerdo. La constituyente selló el nuevo pacto social y de este fueron excluidos las dos guerrillas más antiguas del país. Por esos tiempos, el paramilitarismo crecía y las relaciones entre las Farc y el Eln se tensaron en algunas regiones que dio paso a un conflicto muy profundo, del que aún quedan secuelas.

“En Arauca nos matábamos y en el sur de Bolívar compartíamos campamentos y hacíamos acciones conjuntas, con mandos únicos. Donde estuvo más aguda la guerra fue en Arauca, Cauca y Nariño. Por esos años, después de la Constituyente fui enviado por el Coce a una cumbre que se hizo en los Llanos Orientales con las Farc. Allá estuvieron Pastor ÁlapeIván Ríos y otros comandantes. Examinamos las causas del conflicto e hicimos una ruta con el fin de parar la confrontación. Esa vez nos reunimos en un campamento neutral, almorzamos amistosamente, sellamos un acuerdo y nos retiramos en direcciones contrarias. Pero cuando íbamos saliendo, a un compañero se le soltó un tiro que generó una respuesta de los de las Farc. Con ese incidente se cerró un acuerdo que no pudo zanjar las diferencias”, narró Carlos Velandia, excomandante del Eln, hoy gestor de paz.

Mientras en Arauca empezaba el conflicto entre las Farc y el Eln, el gobierno de Ernesto Samper intentó una zona de despeje, pero las noticias de la guerra no le hicieron buen ambiente a las intenciones de paz. Sólo al final del Gobierno, el Eln logró unos acuerdos en Maguncia (Alemania) y el Palacio de Viana (España). Pastrana recibió entonces un país listo para intentar la reconciliación y puso todo su empeño en las Farc. También lo intentó con el Eln, pero no sostuvo la caña por mucho tiempo. La frustración de los diálogos dejó fértil el terreno para la guerra.

Y vinieron los dos periodos de Álvaro Uribe, tiempo del máximo incremento del conflicto. Paramilitares, Fuerza Pública y guerrillas lucharon ferozmente por el control territorial. Y fue, precisamente, en esta época cuando el conflicto entre las Farc y el Eln en Arauca alcanzó sus máximos niveles. Hasta que, en 2009 y 2010, los comandantes de las Farc, Alfonso Cano, y del Eln, Gabino, firmaron un acuerdo de no agresión y respeto de territorios, que se mantiene hasta hoy.

Entonces llegó la era de Juan Manuel Santos. El proceso con las Farc llegó a su acuerdo final y el del Eln va para su segunda ronda formal de negociación. En estos siete años de mandato santista, las guerrillas han mantenido abiertos sus canales de comunicación y trataron de impulsar el modelo de “un proceso de dos mesas”. Una estrategia que el Gobierno no aceptó y se la jugó por sellar el acuerdo con las Farc. Esto ha producido resquemores en el Eln, que aún mira con desconfianza la oferta de paz y ha preferido ver el desarrollo de la implementación.

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En ese tránsito se han dado encuentros formales e informales entre los comandantes de ambos grupos guerrilleros. Los dos conocidos: uno en mayo de 2015 en La Habana y el de hace algunas semanas en Quito. Y ahora las máximas comandancias del Eln y las Farc tienen una cita con la historia para definir si van a llegar juntos al fin del conflicto. Quizás la asamblea constituyente, que, según se dice, será uno de los temas por tratar, sea la fórmula de la unidad.