En el plebiscito de los niños ganó el Sí

La infancia también votó. Fueron 13.571 tarjetones en los que los menores de edad expresaron su postura frente al Acuerdo de Paz. Ganó el Sí con el 67,46%. El No obtuvo 30,87% y 1,6 7% de los votos fueron nulos.

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El jurado de cinco años sostiene el tarjetón del plebiscito de los niños.
Cristian Garavito

Los niños también votaron. Lo hicieron en el marco de una iniciativa llamada “Los niños y niñas contamos para la paz”, que se adelantó en once departamentos del país. Una votación en la cual los menores de edad expresaron sus posturas frente al Acuerdo Final de Paz alcanzado entre el Gobierno y las Farc.

“Lo que queremos es que así como los niños han contado para la guerra, porque han quedado huérfanos, han sido reclutados, los escuchemos en este momento”, dijo Candelaria Sepúlveda, coordinadora del área de niñas, niños y derechos de la Fundación Santa Rita para la Educación y la Promoción, con sede en Cartagena.

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La violencia contra los menores de edad ha sido una constante durante más de medio siglo de guerra. Según la Unidad de Víctimas, alrededor de 1’500.000 niños son víctimas del conflicto, no sólo por parte de las Farc, sino de otros actores armados. Será difícil olvidar casos como el ocurrido en febrero de 2005, cuando tropas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) ingresaron a San José de Apartadó, donde perpetraron una masacre en la cual asesinaron a Déyner Andrés, de once años; a Natalia, de cinco, y a Santiago, de dos.

Después de un sufrimiento irreparable, la infancia reclama espacios en la construcción de la paz. En Bogotá, 118 niños, entre los 5 y los 17 años, que viven en la Fundación Benposta y son en su mayoría víctimas de la confrontación armada, se dieron cita en la biblioteca del colegio de la organización para votar. Un jurado de cinco años y uniforme vinotinto les alcanzaba el tarjetón a sus compañeros.

La niña a la que le correspondía el primer turno no superaba el metro con veinte centímetros ni los seis años de edad. Llevaba gafas y una cola de caballo. El jurado mayor, de unos trece años, le explicó que lo que tenía que hacer era marcar dentro del cuadro la opción que ella quisiera. Puso la escasa huella de su índice en el tarjetón, cogió un marcador negro y su voto fue a parar al fondo de una caja de cartón.

A los 20 minutos el júbilo se palpaba en el salón de los más pequeños. Un niño dejó su color para susurrar “Yo voté por el Sí”. Esas palabras acabaron el secreto del voto en el aula.

Una pequeña, en medio de la avalancha del Sí, dijo haber votado por el No. Los niños discutieron sobre lo que significaban ambas alternativas. Por su parte, Gabriel, nacido en Buenaventura hace quince años, estaba aburrido sentado en una banca afuera de la biblioteca: “Yo no le veo lógica a esto, porque los votos no van a contar (tener validez legal). Si contaran, uno votaría con gusto”.

Salón por salón fueron pasando en orden de lista. Se empezó a hacer evidente el hecho de que los niños no son ajenos a la guerra. Andrés, de doce años, opinó que “con un solo grupo que se acabe va a haber menos reclutamiento de niños y menos familias adoloridas”. “En el país hay mucha violencia y tenemos que acabar con eso ya”, añadió Fredy, de catorce años, oriundo de Norte de Santander.

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Se acercaba la hora del cierre de la jornada electoral, mientras que un profesor de uno de los cursos más avanzados les resolvía dudas a los adolescentes sobre el Acuerdo de Paz. Luego de ver un video del punto dos de ese Acuerdo, que es sobre participación en política, el docente les dijo que existían dos visiones: quienes creen que será un regalo para las Farc y quienes le encuentran sentido a que se les garantice la participación en política a los miembros de la guerrilla.

Después de unas cuantas preguntas les llegó el turno de votar a los adolescentes. A ellos los procesos electorales no les son extraños, porque cada año eligen diputados y alcaldes de la comunidad de Benposta.

Votaron también los jurados y los testigos. El jurado de cinco años lo hizo primero, el de trece luego y la niña que estaba ayudando a que pusieran la huella en el tarjetón lo hizo después. “Me parece importante la participación de los niños, ya que somos el futuro del país y si este Acuerdo de Paz se llega a dar, los que lo vamos a disfrutar somos las generaciones que venimos”, dijo ella. Su nombre es Kelly, tiene 17 años y profundos ojos azules.

En la biblioteca quedaban pocas personas que revisaban que el proceso se hiciera con total transparencia. Luego de abrir la urna, Daniel Campo, quien apoya la coordinación de proyectos en Benposta, se dispuso frente a un tablero para escribir los resultados: 89 niños votaron por el Sí, 25 lo hicieron por el No y 4 votos resultaron nulos.

La última encuesta de Ipsos Napoleón Franco, antes del plebiscito oficial que se realizó este domingo, arrojó que el 66 % votaría Sí y 34 %, No. En Benposta, 75 % de los niños votaron Sí y 21 %, No. Al conocer que no hubo unanimidad entre los votantes, José Luis Campo, director de la Fundación, concluyó: “Los resultados muestran que aquí hay una consciencia. Los muchachos sabían lo que estaban haciendo”.

Bogotá fue tan solo una fotografía de lo que ocurrió en once departamentos. Más de 50 organizaciones sociales y comunitarias, junto con entidades educativas, se unieron para realizar el plebiscito de los niños. En colegios de otras ciudades, como Cali, Buenaventura, Barranquilla, Cartagena, y en zonas como los Montes de María, los niños marcaron en total más de 13.500 tarjetones.

“Hay un fuerte sentido simbólico en cuanto a la importancia que tiene la participación de los niños y los jóvenes en las decisiones que implican una trasformación para la sociedad colombiana”, sentenció Arnoldo Arrieta, vocero nacional de la coordinación de la actividad.

La comunidad Yanakuna, del sur del Huila, se unió al plebiscito de la niñez. Desde esa región, Fredy Campo, coordinador de la actividad en la zona, dijo que en las dos veredas de Isnos y San Agustín en las que se realizó la votación, “el ejercicio general fue muy bonito, un ejercicio de tolerancia y amistad en el cual los niños también expresaron su voz frente a la paz”.

El resultado final generaba expectativas, aunque no incidiera en el resultado del plebiscito oficial. Era claro, sin embargo, que la apuesta más fuerte de esta votación infantil estaba en el campo de lo simbólico. En la posibilidad de demostrar que los menores de edad pueden aportar desde su perspectiva a los temas gruesos del país, que también los afectan a ellos.

“Las instituciones que trabajamos por los derechos de los niños hemos decidido hacer un acto simbólico para demostrarle a la Registraduría y al país que los niños también son actores de paz”, afirmó Daniel Campo.

Sepúlveda, quien estuvo coordinando el ejercicio en varias ciudades, concluyó: “Se confirma y se reafirma que los niños sí saben sobre lo que está sucediendo en el país donde viven”.

La participación de los niños: más allá del voto

Un grupo de organizaciones que trabajan por la infancia y la adolescencia en Colombia han adelantado proyectos tendientes a fomentar la participación de los niños más allá de estos ejercicios de sufragio. Para lograrlo se creó la Plataforma de organizaciones sociales por el protagonismo de niños, niñas y adolescentes en Colombia.

Un ejemplo de la participación que buscan impulsar son las auditorías que realizan los niños al cumplimiento por parte del Estado colombiano de la Convención sobre los Derechos del Niño. Menores de edad colombianos que hacen parte de la Plataforma ya han expuesto ante el Comité de los Derechos del Niño, en Ginebra, los resultados de sus auditorías.

Con ejercicios como este se ha demostrado que la niñez puede hacer importantes aportes al país, aunque por lo general no sea tenida en cuenta. “Hay un miedo en la sociedad, y por parte de la institucionalidad, al decir que los niños son personas que se dejan persuadir, que se dejan comprar. Pero la historia en este país ha demostrado que los adultos hacemos eso y cosas peores”, sentenció Daniel Campo.

A pesar de estas experiencias de participación, el director de proyectos de Benposta, Sebastián Campo, anotó que en el proceso de paz de La Habana entre el Gobierno y las Farc no hubo espacios para que la niñez tuviera una participación de fondo. “Infortunadamente el proceso de negociación tuvo muy pocas voces de niños. Cuando estuvieron, se usaron para hablar de inclusión”, señaló.

Ante esta desazón, las organizaciones no han dejado de buscar espacios de participación para los menores de edad. En estos momentos están estudiando la posibilidad de elaborar un proyecto en el cual los niños hagan auditoría del cumplimiento de los puntos acordados en La Habana que conciernen a la niñez y a la adolescencia.

La participación no se va a detener ahí, también se está empezando a buscar cabida en el proceso de negociación con el Eln. “La idea es que haya unos aprendizajes que permitan que nuestros niños y jóvenes puedan participar y ser mejor escuchados en ese proceso de negociación”, concluyó Arnoldo Arrieta.

*Los nombres de todos los niños fueron modificados.

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