Un héroe y una mina

Esta es una de las historias que escribieron oficiales sobre sus vivencias durante el conflicto armado, en el curso de construcción de memoria histórica de las Fuerzas Armadas.

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Más de la mitad de víctimas en el país de minas antipersonales son integrantes de la Fuerza Pública. /Archivo El Espectador

"Yo quiero contar cómo vivimos el conflicto armado en el nordeste antioqueño, una región con diferentes actores armados. Por un lado, estaba el Frente 36 de las Farc. Por el otro, el frente de guerra noroccidental del Eln y un grupo de autodefensas en constante conflicto por el control de la minería ilegal de esta zona, tan rica en minerales y en minas fantasma, como las llaman algunos soldados que llevan tiempo en la zona.

Las minas antipersonales son un factor demasiado complejo con el que nos enfrentábamos cada vez que ingresábamos a esta zona. Por ejemplo, durante las acciones por el control de insumos para el procesamiento de la pasta base de coca encontrábamos campos minados. De 10 minas que se desactivaban una explotaba y producía una afectación, bien sea a la misma población o a la unidad que se encontraba desarrollando el operativo. En estas operaciones se vivía también la zozobra que producía tener que evitar el contacto con la población civil. 

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En la vereda El Carmín, del municipio de Anorí, un soldado miembro de una unidad militar fue afectado por una mina antipersonal. Era la una de la tarde, la unidad terminó de recibir sus instrucciones y, ante una orden de alistamiento, un soldado salió hacia su sector de responsabilidad. En el camino cayó en un hueco sin saber que, desgraciadamente, lo esperaba una mina. Fue afectado en su pierna derecha, más abajo de la rodilla. Esa parte de su cuerpo se desprendió en el momento del estallido. Lo evacuaron y, gracias a Dios, hoy continúa su recuperación en el centro de rehabilitación. Pero el soldado no sólo quedó afectado por perder su pierna; ese fue el comienzo de una nueva vida, personal, familiar y laboral. En lo personal, este soldado, que venía de una familia humilde, era una persona extrovertida y luego de esto su capacidad de locmoción se vio reducida. Se alejó por eso, también, de uno de sus mayores intereses: subir y bajar por las montañas de Colombia para proteger a los ciudadanos.

En lo familiar, este soldado profesional, que durante seis o más meses no veía a su esposa, perdió la ilusión de salir a disfrutar de una buena rumba o de jugar con sus hijos en diferentes parques. Esos cortos momentos eran los más felices para él y su familia. Pero después de este incidente su interacción familiar disminuyó. En lo laboral, perdió capacidad. Y hoy se ve como una persona que no puede cumplir su rol, sintiéndose rechazado por lo que más quería, su profesión militar.

Surgen muchas preguntas sin respuesta en una unidad cuando suceden este tipo de afectaciones. Se culpan unos a otros y rondan interrogantes como: ¿por qué estamos en ese sector? Preguntas a las que, como comandante de batallón, me vi invocado a responder. En ese momento recordé que mi padre decía: "siempre debes mirar hacia todas las direcciones y pensar cuáles serían las consecuencias de cada uno de tus actos, en cada momento, circunstancia o situación que vivas”. 

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Me vi enfocado a revisar cuál sería la acción a tomar para poder mantener la vocación de mi unidad en el área de operaciones. Esto me llevó a buscar dentro de mis archivos y a encontrar algunos aspectos para entender por qué luchamos: estamos aquí porque los colombianos requieren de hombres con el fin de proteger a la población y defender la soberanía nacional, integridad territorial, independencia y orden constitucional, de acuerdo al cumplimiento del artículo 217 de la Constitución Nacional. También les pedí a todos los miembros de la unidad que cerraran los ojos y se imaginaran cómo querían que estuviera el país en el momento en que sus hijos quisieran llevar a sus nietos a disfrutar de las maravillas que tienen los rincones de Colombia".

Escrito por el mayor José Ángel Albino Álvarez.