Del diplomado de la Comisión Nacional de Conciliación

Textos para la reconciliación: “Entre el miedo y la esperanza"

Amaury Arteaga, coordinador Comité Prodefensa de Belén de Bajirá, recordó cómo llegó la guerra a su pueblo y su labor como líder comunitario, que le costó ser un desplazado más por la violencia.

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Líderes de Riosucio, Carmen del Darién y Balén de Bajirá participaron en el diplomado Pases para la Reconciliación de la Comisión Nacional de Conciliación.
Cristian Garavito - El Espectador

Llegué a los 2 años a la zona rural del municipio de Riosucio (Chocó). Mi niñez, con algunas limitaciones, fue feliz. Pude hacer mi primaria en la escuela de la vereda. Todo era esplendido: la armonía de la naturaleza, los hermosos atardeceres, las faenas de pesca, los relatos de nuestros padres y vecinos en las noches de cuentos que en ocasiones eran de terror y tocaba dormir en el medio de la mamá y el papá.

(Vea: "Textos para la reconciliación en el Bajo Atrato)

Recuerdo que una mañana de 1989 llegaron unos señores con armas a la vereda y dijeron que eran revolucionarios de las Farc. Que eran algo así como los soldados del pueblo. Yo era un niño de 11 años. En 1990 llegué a Belén de Bajirá a cursar primero de bachillerato. Yo estaba muy feliz porque me ha gustado mucho el estudio y ya con más conocimiento empecé a ver y a entender que eran las Farc.          

Entre 1990 y 1995 – mi época en el bachillerato –, presencié muchos asesinatos causados por las Farc, el Epl y el Eln. Según ellos era justo porque era una consecuencia por haber hecho cosas malas. Ellos eran los que imponían la ley y eran los únicos armados que se conocían en el pueblo. Acá no llegaba ni el Ejército, ni la Policía. Para la población era normal esa situación y en elecciones se votaba por los candidatos que ellos dijeran. En pocas palabras, se hacía lo que ellos dijeran.

(Puede leer: "Textos para la reconciliación: “Amemos más y odiemos menos")

Pero en 1996 empezaron a llegar unos señores armados que decían que eran el Ejército. Les decían “bolsillones”. Empezaron a aparecer con personas que desertaban de la guerrilla, venían con la cara tapada y señalaba a quiñes colaboraban con la insurgencia, que terminaban siendo asesinados sin ninguna posibilidad de un juicio. Luego llegaron los paramilitares, a quienes les decían los mocha cabezas. También llegaron con exguerrilleros en sus filas y causaron las más horrorosas masacres. Los habitantes de Belén de Bajirá se desplazaron, no quedaron más de 500 personas, la mayoría de las casas estaban vacías y las calles desiertas.

Nos quedamos los que creíamos que éramos inocentes y que nunca tuvimos nada que ver con las guerrillas. Pero eso se convirtió en otro problema para nosotros, ya que no podíamos salir del pueblo porque la guerrilla bajaba la gente de los carros y les decían que quienes no se habían ido del pueblo eran amigos de los “paracos”.

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Comencé a trabajar con la Diócesis de Apartadó en la pastoral educativa, con un programa de bachillerato para adultos llamado SAT (Sistema de Aprendizaje Tutorial). En ese tiempo asesinaron varios de mis estudiantes, como Pedro Restrepo y Omar Campillo. Fue muy difícil, pero pudimos lograr que esos jóvenes se animaran a estudiar y no se enfilaran en las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

Los que resistimos lo hicimos conscientes del peligro que corríamos, porque se dio la situación de que algunos pobladores, por ganar indulgencias con las Auc, empezaron a inventar calumnias en contra de otras personas. De hecho, asesinaron a algunos amigos, líderes y personas de bien. Con la desmovilización de las autodefensas se generó un nuevo aire de esperanza, de reconciliación. Los que se habían ido empezaron a regresar, el campo empezó a producir y el optimismo se apoderó de los habitantes de Belén de Bajirá, Carmen del Darién, Riosucio y su entorno rural.

(Lea: "Pasos para la reconciliación en Belén de Bajirá")

Con el proceso de paz con las Farc hay esperanza, aunque también hay incertidumbre que a las zonas que ellas dejaron ha llegado el Eln y hay presencia de otros grupos al margen de la ley. Hoy tengo una visión más amplia del conflicto armado de Colombia, creo que hay que construir paz desde nuestro entorno, desde la familia, las aulas de clase y desde los barrios. Pero es un compromiso del Estado llegar a estas comunidades marginadas, con tantas necesidades básicas insatisfechas como educación, salud, saneamiento básico, recreación, deporte y cultura, para que mañana no haya otros grupos que reemplacen a las Farc.  La paz no es la ausencia de las armas, solamente es que el Estado sea equitativo y que nuestros dirigentes políticos sean menos corruptos.