Una iniciativa de la sociedad civil

Pasos para la reconciliación en Belén de Bajirá

Más de 40 líderes sociales, víctimas y excombatientes de las Farc participaron en un diplomado de paz en el que se dejaron atrás los odios políticos y la estigmatización.

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La última sesión del diplomado se realizó en la zona veredal ubicada entre El Carmen del Darién y Riosucio (Chocó). / Fotos: Cristian Garavito - El Espectador

“Catorce familiares fueron asesinados en la guerra. Siete por las Farc y siete por los paramilitares. El último fue mi hermano Manuel Moya Lara, en diciembre de 2009. Era líder comunitario en temas de tierras en Riosucio. (…) Mi comunidad fue desplazada en dos ocasiones en 1998 y apenas ha retornado el 35 % de la gente. (…) Este diplomado me ha servido para ser resiliente en medio de tantas muertes. En hora buena llegó para subsanar lo sucedido, pero no para olvidar. He logrado ser tolerante y brindar perdón, para no buscar la venganza como una opción. Todavía siento una pullita, pero no rencor”. Estas son las palabras de Luis Enrique Moya, líder de Riosucio que hizo parte del diplomado Pases de Reconciliación, en Belén de Bajirá (Chocó y Antioquia).

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Junto a Moya, más de 40 líderes comunitarios y víctimas del Bajo Atrato y cerca de 12 excombatientes del frente 57 de las Farc hicieron parte de la apuesta de construcción de paz y reconciliación de la Comisión Nacional de Conciliación. Esta organización, con el apoyo del gobierno de Alemania, lideró un proyecto para crear espacios de encuentro entre la sociedad civil y las Farc. Una propuesta que está presente en otros cinco territorios donde hay zonas veredales y procesos de reincorporación y capacitación para exguerrilleros. La propuesta tiene como objetivo propiciar espacios de conversación para que los acuerdos no se queden en el papel.

“Esto rompe barreras y permite perdonar. Colombia necesita espacios de diálogo para dejar atrás las fracturas y evidenciar que la reconciliación no sólo es entre excombatientes y víctimas. Es necesario reconstruir el tejido social y crear espacios de sanación, porque hay mucho dolor y las poblaciones deben resignificarse”, sostuvo Carlos Ossa, coordinador del diplomado y quien el próximo 26 de noviembre terminará el trabajo que ha venido adelantando en la región desde abril de este año.

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La lucha contra la estigmatización

No era la primera vez que líderes, víctimas y algunos excombatientes se encontraban frente a frente. Ya no había sensaciones de temor y prevención. Los más de 40 líderes sociales y víctimas que llegaron hasta el teatro construido en el espacio territorial de capacitación y reincorporación (ETCR) Silver Vidal Mora, del frente 57 de las Farc, ubicado entre El Carmen del Darién y Riosucio (Chocó), fueron recibidos con un fraternal saludo y un especial regalo: una manilla que tejieron los exguerrilleros que un mes atrás los visitaron en la parroquia de Belén de Bajirá para dar los primeros pasos en su proceso de reincorporación y reconciliación.

Atrás quedaron las visiones del enemigo y el malo. Anhelaban este espacio para seguir conociendo las historias de vida de aquellos jóvenes que terminaron inmersos en la guerra para entender el conflicto desde otro punto de vista. La estigmatización de la figura del combatiente se fue transformando en una imagen de un campesino que hoy quiere reincorporarse a la vida civil. Sin embargo, el camino no es fácil y lo que dejó al descubierto el diplomado es que, si bien los exguerrilleros están dispuestos a abrir las puertas de sus casas, las condiciones de vida desde hace 11 meses son precarias y sus necesidades básicas insatisfechas: tienen miedo de la sombra paramilitar, no hay tierra para proyectos productivos y no tienen vivienda digna.

Según Omar de Jesús Restrepo, conocido como Olmedo Ruiz y quien fuera comandante del frente 57 de las Farc, a pesar de que los excombatientes perdieron el miedo a abrir sus puertas a la sociedad civil, los siguen estigmatizando. Sumado a esto están los constantes incumplimientos del Gobierno a los acuerdos logrados para la reconciliación y la reincorporación de las bases a la vida civil. “En esta zona no se ha construido ni siquiera una infraestructura que nos permita hacer los procesos de reincorporación y capacitación. Ni siquiera la carretera de acceso se ha hecho y nuestras viviendas fueron construidas para una tropa y no para la sociedad civil”, manifestó Restrepo, quien hoy es candidato a la Cámara de Representantes por el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Omar de Jesús Restrepo.

El gran miedo es que los excombatientes sean reclutados por disidencias u otros actores criminales. Para Carlos Ossa, aquí radica la importancia del diplomado: “Este espacio ofrece algo que no se está dando: que las personas de la sociedad civil y los excombatientes interactúen. Si bien esto ya existe en la parte legislativa e institucional, es algo que hay que trabajar en las bases sociales. A los excombatientes les queda difícil acercarse a las comunidades, y viceversa. Necesitan que alguien haga de mediador y propicie las condiciones para que conozcan sus puntos en común, sus diferencias, y puedan tejer otro tipo de vínculos, para que en un futuro saluden a quien antes veían como un supuesto enemigo”.

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El objetivo del diplomado fue recuperar la confianza en el otro. Las actividades estaban dirigidas a eso: crear puentes para acercar a los excombatientes y buscar sus puntos en común, como la familia, un elemento que la guerra destruyó en la vida de varios de los participantes del diplomado. Asimismo, la mayoría de actividades se enfocaron en acabar con la imagen estigmatizada que en la sociedad se creó sobre el combatiente y que no permitió conocer al ser humano detrás de un uniforme y un fusil. La apuesta es desescalar el lenguaje.

“En Colombia distorsionamos siempre la imagen del otro. Dibujamos imágenes diferentes de la realidad y no podemos seguir trabajando a ciegas”, dijo Zulcy Robledo, estudiante del diplomado. Eyesman Córdoba, líder de Riosucio, precisó que estos ejercicios deberían replicarse a nivel nacional, porque permiten ver que “los excombatientes son iguales a nosotros y no son la imagen construida por el Estado que los ha estigmatizado por años”. Una conclusión no muy alejada de la de Amaury Arteaga, líder social de Belén de Bajirá, quien sostuvo que la desinformación se replica en las actitudes de la sociedad.

“Es normal equivocarnos porque no confiamos en nosotros mismos. Tenemos que ser coherentes con lo que hacemos y decimos para generar confianza a los demás. Este tipo de ejercicios cambia la percepción de quien veíamos como un enemigo”, agregó Arteaga. Su afirmación fue respaldada por Abel Gutiérrez, otro de los participantes del diplomado, quien señaló que la importancia de generar buenas prácticas de comunicación produce acercamientos y permite aprender a mirar sin prejuicios al otro, y de esta forma reconstruir el tejido social: “No podemos quedarnos en las palabras y los sueños; debemos traducirlos en hechos reales”.

La visión de los excombatientes no es distinta. José Cleofás Mosquera, exguerrillero de las Farc, sostuvo que las relaciones se construyen dialogando: “Siempre pensábamos lo más malo del otro. Nos discriminábamos y estigmatizábamos, y nunca se había presentado una oportunidad para relacionarnos. Pensábamos solamente en la forma de destruirnos unos a otros, y para aprender a conversar primero tenemos que llegar a un entendimiento. Que empecemos a hablar con la verdad, la sinceridad, porque la paz estamos empezando construirla. Estos espacios que hemos logrado tener con la comunidad nos han llenado de fortalezas. Hemos conocido a la gente y podido explicar en qué consiste nuestra lucha”.

Zulma Giraldo Arboleda.

Zulma Giraldo Arboleda, excombatiente que hoy trabaja en mejorar las comunicaciones de las Farc, sostuvo que en ningún momento dejaron de ser parte de la sociedad a pesar de vivir en el monte. “La gente nos dice que somos muy diferentes a la imagen que mostraban los medios de comunicación. Son importantes estas iniciativas que no son del Gobierno, porque a ellos no les interesa todavía que nos conozcan. Quieren seguir estigmatizándonos y que nadie confíe en nosotros. Pero la gente nos ha conocido, hemos socializado, se llevan otro punto de vista. Debemos buscar los medios e insistir en el diálogo. Tenemos que transformar la lucha para jamás volver a utilizar un arma”, añadió.

El diplomado y su significado en Belén de Bajirá

En Belén de Bajirá no quieren ser conocidos en el país por su conflicto limítrofe, por la sombra del paramilitarismo, por la guerrilla que cobijó por varios años al pueblo o por las disputas políticas e ilegales que han surgido por la aparición de la minería en su territorio. Quieren ser ejemplo nacional en procesos de reconciliación y construcción de espacios de paz. Razón por la cual líderes sociales consideraron que el diplomado es la opción para imponer la palabra por encima de la violencia.

En las fachadas de algunos negocios de Belén de Bajirá hay grafitis que evidencian la presencia paramilitar. 

Uno de los grandes logros del diplomado fue sentar en un mismo espacio a líderes sociales que se ven como enemigos en la controversia política entre Chocó y Antioquia. “Hubo un momento en que por las tensiones creímos que no se iba a lograr hacer el diplomado. Pero logramos que entendieran que se trataba de actividades que buscaban una sanación psicosocial de las heridas de la guerra y no convertir el diplomado en un espacio de discusión política, en el que unos y otros no se dejaran hablar”, comentó Ossa.

Además de que no se permitió que las discusiones giraran alrededor de si Belén de Bajirá debe ser corregimiento o municipio, la Comisión Nacional de Conciliación envió el mensaje de que no sólo hay que aprender a convivir con quienes fueron protagonistas de la guerra, sino también con el vecino. Es decir, hablar desde las diferencias, en vez de profundizar y agudizar las divisiones. Entender que “Todos somos Belén de Bajirá”. Esta última frase, que se lee en un grafiti de la plaza del pueblo, fue construida con el fin de unificar esfuerzos y establecer acuerdos que se traduzcan en ayudas efectivas del Estado.

“Colombia es un país donde se construyó una ciudadanía que está afanada por imponer sus puntos de vista. Se cae más en alegatos y discusiones que una conversación en la que se escuche al otro. Estamos cargados de nuestros perjuicios y siempre estamos en constante choque. Somos un país al que le cuesta conversar”, dijo Carlos Ossa. Agregó que es un reto generacional cambiar estas prácticas y que para lograr un cambio en las próximas décadas hay que comenzar ya, porque “al colombiano promedio le da miedo lo diferente, lo asusta, y su única forma de solucionar el conflicto es acabándolo. Tenemos que aprender a reconocer al otro”.

Acciones sencillas de paz

El diplomado Pases de Reconciliación tiene una premisa central: partiendo de acciones básicas, como darle el saludo al otro, se logra construir paz. “Las acciones de paz son como el agua: cuando hace falta es que uno se da cuenta de su importancia. Los resultados son pequeños pero significativos. Ver que una persona después de los ejercicios descubre que no existe esa imagen satanizada del guerrillero es un gran avance. Es gratificante que un comerciante deje a un lado sus odios y entienda que muchos de ellos son campesinos y se anime a ofrecerles trabajo”, concluyó Carlos Ossa.

“Me conmovió ver a Lewis reunido con excombatientes del grupo que asesinó a sus familiares. Eso cambia la forma de ver la vida, porque, a pesar de que las Farc le arrebataron a varios de sus seres queridos, él estaba ahí escuchándolos. Pueden existir muchos diplomados, pero si no cambiamos nuestra forma de actuar, de nada van a servir”, manifestó Alberto Martínez, líder social de Belén de Bajirá. Andrés Marín, otro de los coordinadores del diplomado, añadió: “Hay que cerrar el capítulo para que las diferencias no impidan crear espacios para convivir. Es una construcción de todos y nos toca sudarla, para que no se quede sólo en palabras”.