Entrevista

“La verdad histórica no es una verdad judicial”: Alfredo Molano Bravo

Este sociólogo y periodista bogotano es uno de los 11 comisionados de la verdad, que por tres años trabajarán para reconstruir un relato de la guerra.

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Alfredo Molano Bravo es reconocido como uno de los padres de las zonas de reserva campesina. Su obra estudia los orígenes de la guerra y su paso por la Colombia rural. / Nelson Sierra G.

Esta semana, el Comité de Escogencia definió los nombres de las 11 personas que integrarán la Comisión de la Verdad y designó al sacerdote jesuita, Francisco de Roux, como su presidente. La Comisión tendrá una duración de tres años, durante los cuales los expertos se dedicarán a reconstruir la memoria histórica de los hechos más graves ocurridos en más de medio siglo de conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de las Farc.

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El organismo tiene un carácter extrajudicial, con el fin de incentivar la concurrencia de víctimas, testigos y protagonistas del horror. También define que su mandato se concentrará en definir los orígenes de la guerra, los impactos que causó en la sociedad y los factores que hicieron que se prolongara. En este camino le deberá otorgar un lugar especial a la dignificación de las víctimas, y con ellas construir un relato territorial de la tragedia vivida. En pocos días, los 11 comisionados de la verdad deberán tomar posesión de la misión que la historia les encargó, que incluye definir una clara metodología de trabajo. ¿Cómo se va a investigar la guerra? ¿Cómo se va a contar lo que pasó? ¿Cómo se van a dar las audiencias en que víctimas y victimarios se encuentren para reconciliarse?

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Todo esto será parte de la tarea que hoy asume la selección Colombia de la memoria. Alfredo Molano Bravo es uno de los seleccionados. Un sociólogo que ha producido una de las más importantes obras sobre las raíces del conflicto. Una veintena de libros. Más de 20 años de columnas dominicales en El Espectador y cientos de reportajes. Un conocedor irrebatible de los meandros del país rural: afro, indígena y campesino. Pero, además, Molano Bravo es una víctima de la confrontación. Por más de siete años vivió en el exilio capoteando la sentencia de muerte que le juró el paramilitarismo. Hoy tiene 73 años, una voz de cronista reconocida y el encargo de recoger las versiones de una guerra cruenta para construir lo que llaman memoria histórica.

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Para usted, ¿qué es la memoria histórica?

Es la verdad oficial borrada.

¿Qué papel cumple la verdad en la reconciliación?

“La verdad os hará libres”, como dijo Cristo.

¿Puede la verdad ser el detonante de nuevos ciclos de violencia?

Los victimarios tratarán de repetir su historia.

¿Cómo hacer para que la verdad no revictimice a quienes sufrieron la guerra?

Escuchándolos, dándoles voz y voto en su verdad.

¿Qué siente de tener que abandonar el periodismo y su columna en “El Espectador”, tribunas que le han mantenido vigente y le han permitido desarrollar su obra?

No abandono El Espectador, voy en comisión. El Espectador me ha hecho, me ha dado voz, ahora me entrega por un tiempo. No me voy, pero sentiré nostalgia los viernes, día en que escribo la columna.

Desde su ejercicio periodístico, ¿qué opina de la manera como los medios han cubierto el tránsito del conflicto a la paz?

Algunos medios han logrado escaparse de la dominación del “establecimiento” y han podido mostrar otra versión. Pero muchos seguirán atrapados copiando la “verdad institucional”.

¿Qué le puede aportar a un país como Colombia una comisión de la verdad?

El paz y salvo con la historia.

En el mundo ya hay varias experiencias de este tipo. ¿De qué manera podría la Comisión colombiana innovar?

Primero, no usando la verdad a favor de su prestigio personal. Y segundo, dándoles cabida a distintas formas narrativas de acuerdo con los tiempos actuales y las nuevas tecnologías.

En otros países, las comisiones han generado muchos enfrentamientos, sobre todo con las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Cree que algo así podría ocurrir en Colombia?

Las fuerzas de seguridad de los Estados son siempre muy inseguras.

¿Sus propias investigaciones van a ser parte del trabajo de la Comisión?

Soy un editor de voces.

Usted se ha esforzado porque el país entienda el origen de la lucha de la guerrilla. ¿De qué manera quiere abordar este trabajo para la Comisión de la Verdad?

La verdad histórica no es una verdad judicial. Es una verdad elaborada con testimonios plurales e iluminada por principios éticos. El Acuerdo estableció que se iba a ceder en materia de justicia para dar prioridad a la verdad. En ese campo, estoy seguro de que las Farc están dispuestas asumir sus responsabilidades. Pero al tiempo, el país deberá escuchar sus verdades, que por décadas han sido escamoteadas y falsificadas.

Uno de los crímenes más difíciles de investigar y sancionar para el Estado ha sido el de reclutamiento forzado y, en general, el uso de menores con propósitos de la guerra, ¿podría la Comisión entregarle al país una radiografía real de este crimen?

Deberá hacerla, porque es su compromiso. Pero deberá tener muy en cuenta también la tradición histórica –y no hablo del siglo XIX– del reclutamiento de menores y la definición misma de menor de edad, sobre todo desde el punto de vista cultural.

Otro crimen del que casi no hay información es el de violencia sexual, especialmente cuando son los militares quienes lo cometen. ¿Cree que a la Comisión le va a interesar documentarlo?

La historia les debe a las mujeres un lugar privilegiado en la reconstrucción de la verdad sobre hechos tan repudiables. En muchos casos han sido ellas, las viudas, las madres que perdieron a sus hijos, las que fueron violentadas por hombres armados, quienes han reclamado incansablemente poner en negro sobre blanco las brutalidades cometidas contra ellas. Su voz se tendrá que oír con atención privilegiada. En la Comisión hay cinco mujeres que nos tendrán alerta.

El presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados (Acore) dijo antes de conocerse la lista final de escogidos que la Comisión había sido acaparada por el “enemigo”. ¿Qué le respondería?

La doctrina del “enemigo interno” está tan retirada como el general Ruiz.

¿Qué tan pedagógica debería ser la Comisión de la Verdad?

Contar todo lo que oye y contarlo como lo oye. La Comisión debe buscar nuevas formas de transmitir la tragedia silenciada.

¿Qué propondría para que un buen número de ciudadanos se apropien de la información generada por la Comisión?

La gente siempre quiere contar su historia, lo importante es estar dispuestos a oírla. Sólo entonces se volverá una verdad tangible y sólida.