“La verdad del conflicto armado requiere traductores indígenas”: Patricia Tobón

Es comisionada de la verdad y una de las encargadas de rescatar la verdad del conflicto de los pueblos afros, indígenas y rrom. Busca acercarse a ellos, que poco han hablado, así como analizar el racismo y la discriminación que han padecido.

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Patricia Tobón, comisionada de la verdad, encargada del capítulo étnico de indígenas y afros. / Mauricio Alvarado

María Patricia Tobón, una mujer indígena del pueblo embera chamí, es la encargada de velar por que las historias de los indígenas y las personas afrocolombianas tengan un lugar en el proceso e informe final de la Comisión de la Verdad, junto a la comisionada Ángela Salazar.

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Tobón explica en esta entrevista que el reto es grande, pues el 40 % de la población colombiana son pueblos étnicos (indígenas, afrocolombianos y rrom), y fue en sus territorios donde se concentró y recrudeció el conflicto armado. Ya se han reunido con autoridades étnicas, están construyendo la metodología, que variará de acuerdo a cada pueblo, y conformarán una red de traductores indígenas.

¿Cuál cree que es el aporte de esta verdad indígena y afro?

Por primera vez en la historia del país, los pueblos étnicos podrán aportar su relato de lo que han vivido en el conflicto y cómo esa guerra ha exacerbado otros conflictos históricos que han vivido por su situación histórica. Por ejemplo, la esclavización generó un hito de subordinación de la población afrodescendiente. También es muy importante reflexionar desde los pueblos indígenas lo que ha significado esa narración colonial que se ha contado sobre ellos, que ha subordinado a la sociedad indígena a relaciones de inferioridad.

¿Cómo es el proceso de participación de los indígenas y afros en la Comisión?

Los pueblos indígenas tienen una institucionalidad en el país construida desde hace 35 años, tienen una mesa de diálogo permanente con las instituciones del Estado. También los pueblos afrodescendientes y el pueblo rrom, o gitano, tienen sus propios espacios. Entonces vamos a entrar a dialogar para escuchar y construir desde ahí la metodología en esos territorios.

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¿Cómo deben ser esas metodologías?

Con los pueblos étnicos debe hacerse de manera colectiva e individual, y eso dependerá de cada pueblo. En esto hay que entender que las afectaciones que han vivido los pueblos étnicos son de carácter colectivo. El asunto del territorio, las afectaciones culturales, lo que afecta sus sistemas de gobierno, son asuntos colectivos.

¿Cómo ha sido el trabajo en estos meses?

En esta fase de alistamiento empezamos una ruta para escuchar directamente a las víctimas. Eso nos ha llevado a la solicitud de las comunidades de verlos como sujetos colectivos. Hemos hecho reuniones con los raizales en San Andrés, con los afrodescendientes en el Pacífico, en el Atlántico, ahora vamos a hacer la reunión con los palenqueros y también empezamos la reunión con los pueblos gitanos.

¿Qué ha salido de esas reuniones?

En 2011, los pueblos étnicos dieron una discusión muy grande sobre lo que ha sido el conflicto, para efectos de la Ley de Víctimas. Las comunidades negras han hablado sobre la relación entre el racismo, la discriminación y el conflicto. Ese es un patrón que ellos identifican que hay que examinar. También cómo la exclusión contribuye a la proliferación de un conflicto armado que se repite cíclicamente. Ellos tienen propuestas de no repetición y un análisis que no ha sido debatido ni escuchado públicamente y que va a ser muy interesante.

¿Cómo cree que debe leerse esa exclusión?

Yo vengo de un pueblo indígena donde, y no lo digo con orgullo, soy la segunda mujer indígena profesional en derecho. Eso es una injusticia. En mi pueblo somos cerca de 250.000 personas. En Colombia tenemos pueblos en aislamiento voluntario, comunidades que no hablan el castellano, comunidades nómadas en la Orinoquia y comunidades afrocolombianas que hoy reclaman ser vistas con respeto y dignificación de su identidad.

Hablar de pueblos étnicos es también hablar del territorio. ¿Tendremos la verdad del territorio?

Espero que sí. También deben estar la verdad del territorio, las afectaciones ambientales, las afectaciones a la salud, al bienestar y al desarrollo de las comunidades.

¿En qué están trabajando en este momento?

Ahora mismo estamos en la construcción de la ruta de consulta. Vamos a hacer todo el proceso de consulta con los pueblos étnicos en sus mesas de concertación.

¿Cuáles son los mayores retos para esclarecer la verdad indígena y afro?

Tenemos un reto muy grande: lograr que comunidades que no hablan español entren a contribuir al proceso de esclarecimiento. Para eso vamos a conformar una red de traductores y traductoras indígenas y vamos a llevar a cabo diálogos colectivos con autoridades y víctimas en estos territorios para avanzar con este tema. Es una oportunidad para conocer cómo han padecido el conflicto y que ese relato sea contado en sus propias voces. Va a ser muy importante que el país escuche todo eso.

¿Cómo será el trabajo en territorio?

Vamos a tener unos equipos de todos los pueblos: gitanos, palenqueros, raizales, indígenas. La red de traductores y traductoras será clave para el despliegue territorial y vamos a llevar a cabo diálogos colectivos con autoridades y víctimas en los territorios étnicos para avanzar con este tema. A partir de todos esos mecanismos de concertación y diálogo podremos identificar asuntos metodológicos que es importante abordar en este proceso, no solo de esclarecimiento, sino de reconocimiento, de convivencia y de no repetición. Esto comenzará en enero del próximo año.

¿A qué debe conducirnos esta verdad?

El proceso que tenemos hoy es histórico, porque permite levantarnos y reconocernos como una sociedad pluriétnica y multicultural, pero esto visto no como un asunto folclórico, sino para hacer un proceso real de reconocimiento de nuestra diversidad. Esto nos ayudará a superar narrativas coloniales y excluyentes que seguimos teniendo entre unos y otros.

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