El pasado sábado 10 de febrero fue el último taller

“La reconciliación es escucharnos unos a otros”: víctima de El Nogal

En tres oportunidades, un grupo de víctimas del atentado al club El Nogal se ha reunido con delegados de las Farc. Es uno de los procesos de reconciliación que más ha avanzado desde que se firmó la paz.

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Ricardo Vargas y Luz Dary Vásquez fueron víctimas del atentado al club El Nogal.
Mauricio Alvarado - El Espectador

El pasado sábado 10 de febrero era el primer encuentro de Catalina Peláez con las Farc. Su nerviosismo era evidente, pues eran los responsables de que hace 15 años ella quedara con la tibia, el peroné y el húmero fracturados. Tenía 11 años cuando pusieron el carro bomba en el club El Nogal. Catalina fue invitada luego de que los delegados de las Farc escucharan en una entrevista con Colombia 2020 que nunca había participado en los talleres de reconciliación.

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“Me pareció lindo que las Farc nos trajeran flores. Prendimos una vela como símbolo de esperanza. No importó quiénes somos ni de dónde veníamos, porque todos tenemos la esperanza de lograr la paz. Al despedirme le di la mano a Carlos Lozada y lo único que pude decirle fue: ‘Gracias por estar en este proceso’. Se me aguaron los ojos. Me quebré, pero la verdad aún no sé por qué. También se me quedó grabada la imagen de uno de ellos llorando mientras hablaba. Me impactó mucho. Siento que en verdad están aceptando que son responsables de este horrible hecho”, relata Catalina Peláez, hoy la mejor jugadora de squash en Colombia.

Han sido tres encuentros los que han realizado algunas víctimas del club El Nogal, en cabeza de Bertha Fríes, y delegados de las Farc. El primero se hizo en mayo de 2017, el segundo en octubre de ese mismo año, y el último el pasado sábado, cuando se conmemoraban los 15 años del fatídico atentado. Alrededor de 30 familias que perdieron a sus seres queridos o amigos o que quedaron seriamente perjudicadas por la explosión se han visto frente a frente con sus victimarios para sanar su dolor y expulsar su rabia. Ha sido un trabajo sanatorio, pero, principalmente, un proceso de reconciliación en el que las Farc han aceptado su responsabilidad en los hechos.

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“Todavía siento mucho dolor. Eso le decía al padre Francisco de Roux, que nos ha acompañado. Todavía me quiebro en esos espacios con ellos, cuando tengo que hablar de lo que pasó. Pero este proceso me ha ayudado a ver que hay gente de las Farc que siente lo que pasó, que se arrepienten y quisieran borrar ese episodio tan terrible del atentado al club El Nogal. Los delegados de las Farc se han enfrentado a las víctimas que les dicen: ‘Usted me hizo esto’, ‘Usted me quitó parte de mi vida y me hizo mucho daño’. Ellos en realidad lo sienten profundamente”, manifiesta Luz Dary Vásquez.

Una sensación muy parecida a la de Catalina Peláez, quien explica que estos encuentros son necesarios para cerrar el ciclo de dolor. A pesar de ser su primer taller, dice que le ayudó a entender qué pasó y empezar a perdonar, pues sintió que los excombatientes son sinceros cuando expresan sus sentimientos de culpabilidad. “Al escucharlos, sentí que quieren la paz. Estos talleres son la única forma de sanar porque no se puede cambiar el pasado”, precisa.

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Tanto Ricardo Vargas como Luz Dary, dos esposos que, junto con su hijo, fueron víctimas del atentado, sostienen que estas reuniones cara a cara entre víctimas y miembros de las Farc les han permitido sentir empatía por el otro al compartir espacios tan simples como la mesa en un almuerzo. “Desde la empatía me puedo comunicar y ver que ellos no son esos monstruos malévolos, crueles y malvados que nos han querido pintar. Son simples seres humanos, como nosotros, que por su condición de vida o por la inequidad y pobreza que existe en el país tomaron la decisión de ir por el camino de las armas”, agrega Ricardo Vargas.

En estos encuentros con las Farc, las víctimas siempre han tenido una consigna: la verdad. “No queremos ningún interés económico”, dice la familia Vargas Vásquez. “Nuestro deseo es saber el qué, el por qué y qué había detrás de los hechos que llevaron a que se pusiera una bomba en El Nogal. ¿Cuál es la responsabilidad, no sólo de las Farc, sino del club, el Estado y los paramilitares en estos hechos? Las Farc no son las únicas que tienen toda la verdad”, insisten.

“La reconciliación es muy importante para lograr la paz y evitar que el país continúe dividido. No solamente es que ellos asuman su responsabilidad, pidan perdón y hagan algo por las víctimas. La verdadera reconciliación es en la que nos escuchamos los unos a los otros y entre todos construimos la verdad, empezando por las Farc, el Estado y el club. Desde ahí podemos perdonar y pasar la página para cerrar este proceso”, concluye Catalina.

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Alivio. Con esa palabra, Luz Dary describe cómo se siente después de cada encuentro con las Farc. “En esos encuentros hay lágrimas y gente conmovida. Un amigo me dijo una vez que eso lo hacían las Farc simplemente para posar. Pero no es así, yo siento un verdadero arrepentimiento. Están conmovidos. Admiro esa capacidad que han tenido para asumir su responsabilidad. Es la apuesta que hicieron tras dejar las armas y seguir debatiendo con las ideas y las palabras. Hay que darles esa oportunidad. Ya serán los votos y nuestras decisiones las que digan si estamos de acuerdo y si los apoyamos o no”, dice Luz Dary.

Sin embargo, la mayor preocupación para esta pareja de víctimas es que la violencia de lo ocurrido hace 30 años con la Unión Patriótica (UP) se repita. “Nos preocupa que los lleguen a matar y se repita ese baño de sangre”, dicen. Según ellos, hay gente que está instigando a la violencia para que el proceso de paz no llegue a feliz término. “Están carboneando para que la paz fracase. La reconciliación es librarse de la rabia y los deseos de venganza”, agrega Vargas.

Ambos concuerdan en señalar que el diálogo es la principal enseñanza de estos talleres. “Luego de poder hablar, llorar y expresar lo que sentimos, podemos tomarnos de la mano, abrazarnos. El contacto es muy importante, porque ya los puedo ver a los ojos sin sentir rabia, pues son seres humanos comunes y corrientes con defectos y virtudes”, dice Luz Dary, quien no duda en señalar que, sin la firma del Acuerdo de Paz, con todas sus imperfecciones, jamás hubiesen podido tener estos espacios con las Farc, porque seguirían en armas.

“A las personas que pueden no tener acceso a estos espacios, porque se trata de grupos selectivos y de víctimas, les digo que el primer paso para reconciliarse es escuchar antes de juzgar. Y los invito a pensar en que si una víctima directa puede perdonar a las Farc, por qué ellos no. Es una posibilidad de pasar la página, pero si seguimos divididos será más difícil de lograr la paz en Colombia”, les responde Catalina a quienes se niegan a escuchar el perdón de las Farc.