“Mi papá era un revolucionario de verdad”: dice Mónica Lara

Hija de Ricardo Lara Parada, fundador del Eln, recuerda a su padre

El ELN lo considera un traidor por haber abandonado la lucha armada y dedicarse a la actividad política. Hace 33 los asesinaron. Mónica Lara lleva cinco años haciendo un trabajo de memoria histórica en torno a su padre.

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Mónica Lara lleva cinco años haciendo un trabajo de memoria histórica en torno a su padre. / Alejandra García

La pequeña Mónica estaba furiosa porque el ruido de la pólvora que quemaban en la puerta de su casa no la dejaba ver con atención ‘Manimal’, su serie de televisión favorita. Indignada, la niña se quejó con Rocío, su mamá, quien apenas salía de la ducha. El calor en Barrancabermeja invitaba a bañarse varias veces en el día.

“Mónica, no te acerques a la puerta. Eso no es pólvora, lo que suenan son tiros”, advirtió la mamá de la pequeña en un intento por evitar que su hija saliera lastimada.  Ya era demasiado tarde. La pequeña estaba llegando a la puerta de la casa para pedirle al pirotécnico de turno que la dejara ver televisión tranquila, que se fuera con su ruido para otra parte porque no quería perderse el momento en el que el Dr. Jonathan Chase empezaría a convertirse en pantera.

Rocío tenía razón. No era pólvora, eran balas. Mónica entreabrió la puerta y a menos de un metro de distancia vio el cuerpo de un hombre que agonizaba. La noche del 14 de noviembre de 1985, mientras el país estaba pendiente de la tragedia de Armero, Ricardo Lara Parada, cofundador del ELN, y padre de la pequeña Mónica, fue asesinado en la puerta de su propia casa. Lea también: Los Hios de la Guerra 1 - Las huellas de la violencia en la Comuna 13

¿Hubo dolor?, ¿hubo miedo?, ¿hubo frustración?, ¿hubo deseos de venganza? La respuesta a estas preguntas es sí. Un lacónico y triste sí. Pero no había tiempo para el duelo, Rocío decidió crear una burbuja para sus hijos y alejarlos de todo y de todos.

Sin embargo, el pasado es como un río arruinado por la civilización. Tarde o temprano recupera su cauce y llega con más fuerza.  Treinta y tres años después del asesinato de su padre, ‘la pequeña’ Mónica habla con El Espectador. “Llevo 5 años haciendo un trabajo de memoria en torno a Ricardo. Durante mucho tiempo se dijeron cosas que no son ciertas y es necesario contar otro punto de vista de la historia”, dice.

Tiene el pelo ensortijado, los ojos oscuros, la piel morena y “la moral en alto”. Durante décadas, y perturbada por el miedo, evitó hablar de su padre. Tenía razones para hacerlo. Por un lado, Ricardo Lara Parada era buscado por sus propios excompañeros de guerrilla, quienes lo acusaron de traidor, por el otro, estaba la posibilidad de que el paramilitarismo decidiera asesinar a toda la descendencia de uno de los hombres que fundó el Ejército de Liberación Nacional y que entendió que la lucha armada no conducía a ningún lado. También: “Soy hija de un narcotraficante”: Mónica Lehder

En la historia del ELN, escrita por Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino en 1993, Ricardo Lara Parada es cuestionado con dureza.  En ese texto, Rodríguez dice que Lara era un hombre indisciplinado, de baja moral combativa y soberbio.

“Yo no quiero maquillar las cosas, ni distorsionarlas, para mi Ricardo fue un miserable y descompuesto”, dice Gabino.

Rodríguez Bautista habla de “los excesos de Lara con las mujeres y el trago”, además, pone en duda una cosa: ¿A Lara Parada lo capturaron o se entregó al Ejército para revelar información sensible de la guerrilla?

En un aparte titulado ‘La Deserción de Ricaro Lara’, ‘Gabino’ dice: “Ricardo Lara sale (se fuga) con un grupo de Campo Línea en 1973, cuando se está produciendo la muerte de los hermanos Vásquez Castaño en Anorí; sale del campamento y se pone de acuerdo para desertarse con Domingo Rodríguez, Germán Sarmiento e Iván Forero, cuatro que tenían miedo. En esos días ellos iban a pedir la salida, lógico, no había espacio para eso, la atmósfera estaba muy difícil; se van de la Organización, se desertan, cuando a ellos se les aplica las mismas medidas que ellos aplicaron a la gente; uno debe ser consecuente, si uno les exige a los otros uno también debe responder cuando le exigen.

Ellos están en un campamento, tienen el plan de hacer un trabajo político, se ponen de acuerdo y una noche se desertan, tratan de volarse sin que el guardia los descubra, pero él los ve y cuando trata de impedir la cosa le meten un culatazo con la carabina San Cristóbal, le partieron la cabeza, se llevaron unas armas y después las botaron; como se armó ese problema en la salida y hubo tiros, no lograron irse en el mismo grupo, Ricardo Lara queda solo, hay un operativo en el área y él llega a un campamento de aserradores en un puerto cerca del río Magdalena, luego se mete a una casa donde llega el ejército y lo captura. Después resultó la leyenda de que estaba picado de una araña, no se sabe hasta dónde, se entrega o si fue involuntariamente que lo cogieron”.

De acuerdo con los documentos oficiales de la guerrilla, este hecho se registró el 2 de noviembre de 1973.

Para no volverse loca, Mónica decidió estudiar sicología y actualmente trabaja por que su padre sea recordado como un líder social y un político que se cansó de las armas.

Hace unos años, en el desarrollo de una clase de Sociedad y Cultura, el profesor pidió a sus estudiantes investigar la historia de la insurgencia en Colombia. A su grupo le correspondió hablar del ELN. “La guerrilla de mi papá”, pensó al tiempo que se dibujaba en su rostro una mueca de angustia.

“Yo no contaba la historia porque siempre me pidieron que no hablara de eso, que manejara bajo perfil. Tenía a una compañera a la que si tuve que decirle: ‘mira es que nos tocó el ELN y ahí hay una historia que tiene que ver con mi papá y no puedo hablar de eso’. Le dije al profesor que me cambiara de grupo y no me dejó”, recuerda.

Mientras con su mirada intenta ubicar un punto fijo en el techo, como tratando de concentrase para encontrar las palabras precisas, recuerda lo que pasó el día de la exposición: “Yo explicaba la historia de Ricardo, pero lo tachaba a él, yo a él no lo mencionaba para nada.  Entonces empecé a hablar de los jóvenes que después de viajar a Cuba deciden crear la guerrilla. Mencioné a todos, a Héctor Medina Morón, a Julio Cesar Cortés, a Rovira, a Fabio Vásquez. Entonces el profesor me interrumpe y dice: ‘pero ahí falta una persona importante, una persona que estuvo en Cuba, que tuvo una dimensión internacional, que estuvo en Nicaragua, en Panamá’

Le dije que yo no podía hablar de ese señor porque ese señor es mi papá. Cuando llega y me dice: ‘Usted cree que yo no sé, por qué cree que le puse a investigar al ELN’”.

Mónica habla fuerte. Comunica con todo su cuerpo. Mueve las manos, los ojos, los brazos.

“Cuando ese profesor me dijo eso, yo salí corriendo y de inmediato nació en mí una necesidad vital para saber quién era mi papá”.

Para responder esa pregunta, Mónica se ha entrevistado con amigos y enemigos de su padre. Uno de esos diálogos fue con el general Valencia Tovar, el hombre que comandó la Quinta Brigada en Santander, el día que murió Camilo Torres y uno de los militares que más combatió al ELN.

De hecho, el 7 de octubre de 1971, a las 7 a.m., en la calle 100 en Bogotá, miembros de esa guerrilla dispararon en repetidas ocasiones contra el vehículo en el que se movilizaba Álvaro Valencia Tovar. El general sobrevivió al atentado que pretendía vengar la muerte de ‘Camilo, el cura guerrillero’.

Es el momento de recordar ese diálogo. “¿Cómo contacto yo a Valencia Tovar? Pues resulta que él escribía en El Tiempo y ahí estaba su correo. Le escribí y le dije, ‘general Valencia Tovar soy Mónica Lara, la hija de Ricardo Lara Parada. Estoy haciendo un proceso de memoria y tengo entendido que usted conoce bien la historia de mi padre. Me gustaría hablar con usted, este es mi teléfono’.

Unos días después me llama y me dice: ‘¿Mónica Lara? Habla con el general Valencia Tovar. Es un honor para mí que la hija de un revolucionario me esté llamando para conocer la historia de su papá’”.

Al día siguiente, Mónica llegó al apartamento del emblemático militar.  Recuerda que fue un encuentro muy cordial.

Valencia Tovar empieza a decir que mi papá era un bandido, me señalaba y me decía: ‘¿Si ve esta platina que tengo acá? Esto fue en San Pablo, esto me lo hizo él’.

Le pregunté que si mi papá era un delator, un traidor, porque eso era lo que decían.

Entonces llega y me dice: ‘Yo se lo digo a usted, como hija, y de igual a igual, porque su papá fue comandante, pero yo también. Su papá jamás delató. Su papá estaba destinado a morir porque si no lo mata el ELN, lo hubiéramos matado nosotros’”.

¿Entonces a Ricardo Lara Parada lo mataron hombres de la guerrilla que él mismo ayudó a fundar?

Carlos Velandia, excomandante del ELN e integrante de la dirección nacional dice al respecto: "Producto de confrontaciones políticas internas, Fabio Vásquez interpretó que había una disputa por el poder y que le estaban moviendo la silla. Le organzan un juicio y antes de que lo fusilaran, Ricardo tomó la decisión de desertar. Esto el ELN lo juzgó como un actro de traición y la traición en la guerrilla se paga con la vida".

Mónica recuerda a su padre como “un visionario, un revolucionario de verdad. Que cuando vio la necesidad en la época como único recurso de levantarse en armas, por la inequidad y la justicia, lo hizo. Pero también cuando vio que las armas no eran el camino, tomó la decisión y las dejó. Y siguió haciendo la revolución, pero con la palabra, con las ideas, en Barrancabermeja, en su terruño, en su pueblo, con su gente, con el brazo de la base, como decía él. Fue un pionero de paz”.

Esta entrevista finaliza con mensaje de Mónica a las víctimas:” Vengan de donde vengan las balas, los muertos nos duelen igual. No hay victimario bueno y no hay victimario malo. Hay victimario. Y nosotros tenemos una responsabilidad histórica por todos esos muertos: Apostarle a la paz, a la reconciliación real. Si no somos ejemplo nosotros ¿entonces quiénes?

¿Y en qué quedó la paz con la Corriente de Renovación Socialista?