Héctor Abad Gómez: para curar la sed de olvido

¿Por qué leer su “Manual de tolerancia”? Porque ayuda a rememorar el legado de una de las figuras más influyentes de la historia del país.

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Héctor Abad Gómez, quien fue médico y ensayista. / Cortesía “El Colombiano”

El 29 de noviembre de 1987, tres meses después de haber sido asesinado el defensor de derechos humanos Héctor Abad Gómez, El Espectador publicó un número especial en la edición dominical con un esbozo biográfico del médico. Fue escrito por su hijo. Doce años después, en Caracas, este último se ocupaba en versos del poema Memento, una oración al devotísimo gozo de admirar mientras se ama, a pesar de la ausencia. Siete años más tarde, con el primer verso del poema Aquí, hoy, de Borges, recuperado en el bolsillo del traje del viejo noble, ve la luz una crónica documental llamada El olvido que seremos, una que enseña el desastre contra un hombre manso.

En 1988, un año después del nefasto crimen, la Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia publica un volumen con una serie de escritos de este médico que, entre otras cosas, defendía su derecho a pensar y a manifestarlo, y también a tratar de hacer felices a otros. A este compendio lo acompañaba un prólogo de Carlos Gaviria, en donde advertía que Abad Gómez tenía “ese candor de los hombres honestos”.

En 2017, 30 años después del acto violento, Angosta Editores, en su colección Manila, conmemora y publica una vez más el volumen con epígrafes de Goethe, Lao Tse, Diderot y Voltaire, quien, a propósito, escribió en Cándido frente a la pregunta: “¿Qué es optimismo? —Ay, es el delirio de sostener que todo está bien, cuando se está mal”. Y con una limpia letra capitular del libro como objeto, con su prólogo original, el del otro candoroso y hasta impecable Gaviria, junto al esbozo biográfico y los poemas en su epílogo, presentó la editorial su primera edición de Manual de tolerancia.

¿Por qué leerlo? Como Abad Gómez sostenía que “La humanidad tiene más de un millón de años de magia y apenas unas pocas centurias de ciencia”, algunos de sus pensamientos que aquí se reproducen son pócimas en contra del olvido de un manual y antídoto.

“Sabios son los hombres que han inventado los mitos y bienaventurados los que a ellos se acogen. La razón es incapaz de explicarse el mundo de una manera emocionalmente satisfactoria. Por más esfuerzos que haga la razón, esta no logra traspasar la magnitud del misterio”.

“Para la comprensión de la naturaleza del universo, con todas sus fuerzas físicas, biológicas y sociales, es necesario el reconocimiento de que hay dos fuerzas opuestas que actúan y que su libertad de acción es lo esencial para que las cosas al mismo tiempo progresen y se conserven. Esta lucha permanente entre opuestos es la esencia de la existencia. De la existencia física, de la existencia biológica y de la existencia social”.

“Las grandes ideas y las grandes verdades siempre son el resultado del aporte común de dos grandes ideas o dos aparentemente grandes verdades, contradictorias entre sí. La humanidad se ha debatido siempre en una continua lucha entre extremos, encontrando para su avance las síntesis fecundas”.

“La verdad en cada momento del universo es la síntesis, el punto medio entre los dos extremos. Hay materia y hay vacío. Hay principio y no hay principio. Hay y no hay fin. Hay límite y no hay límite. Hay cambio y hay permanencia. No hay cambio y no hay permanencia”.

“Si admitimos la necesidad de las dos fuerzas, la conservadora y la transformadora, todos los que emocional o cronológicamente estuviéramos por una o por otra, lucharíamos con menos ferocidad y con menos fanatismo, probablemente con resultados menos catastróficos para la historia humana. La inflexibilidad ideológica contribuye al fanatismo, que es al mismo tiempo, motor y freno de la historia”.

“Una cultura en la cual se acepte que si a veces actuamos emocionalmente, esto se debe a los traumas, a los prejuicios y a la ignorancia acumulada no sólo en la niñez de cada individuo sino en la niñez de la raza humana”.

“ Son la cultura, la sociedad, los valores espirituales de esa sociedad, los que ‘humanizan’ al animal humano”.

“Hay satisfacciones más grandes en la vida que la satisfacción de poder. La satisfacción de servir, por ejemplo. Aunque no pueda servirse a muchos sino a unos pocos seres humanos. Y la mayor satisfacción se obtiene cuando uno puede concentrarse en servir a otro ser humano. Es decir, cuando se logra el amor. Los políticos no han sido nunca seres amorosos”.

“Admiro a los artistas. Los admiro con aquella admiración que producen las personas a quienes uno no puede alcanzar. La vida sería mucho más hermosa cuando todos los padres de la tierra pudiéramos enseñarles a nuestros hijos cómo apreciar la belleza. Pero si los padres no pueden hacerlo, debería ser un objetivo del Estado, de la educación del Estado. Apreciar y admirar la belleza, gozar con la belleza, y mucho más: poder crear belleza, es una de las grandes cosas con que cuentan algunos seres humanos. Mientras haya más seres humanos que pueden hacer esto, mejor será para el mundo”.

“Nos educaron con el horror al pecado, a lo mundano, a los gozos simples de la naturaleza y del espíritu”.

“La libertad de pensamiento no es una conquista que haya alcanzado todavía la humanidad entera. Pero es una libertad a la cual toda la humanidad tiene derecho”.

“Sólo con plena libertad de conciencia puede desarrollar el hombre su creatividad y puede salirse de los límites artificiales que le impone un pasado de fanatismo y de errores”.

“Sólo los necios tienen respuestas exactas para todo”.