“Estoy dispuesta a un acto de perdón con las Farc”: Ingrid Betancourt

Diez años después de su liberación y aún con dolores en el alma, la excandidata presidencial regresa a hablar de perdón y duelo en la Feria del Libro. Reclama espacio para que la escuchen, reclama verdad de parte de las Farc y del gobierno de Andrés Pastrana, explora un escenario de reconciliación con otros exsecuestrados.

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Ingrid Betancourt reclama un diálogo social en torno a la verdad. / Mauricio Alvarado - El Espectador.

La última vez que vino a Colombia, hace dos años, Ingrid Betancourt se reencontró con su excompañera en la política y en el cautiverio, Clara Rojas. El abrazo frío entre las dos fue noticia aquel 5 de mayo de 2016, porque las dos mujeres, que fueron amigas inseparables por años, se habían distanciado después de seis años de secuestro. Con pedazos de relatos escabrosos de uno y otro exsecuestrado (incluso referencias de Ingrid en su libro No hay silencio que no termine) se supo que esa amistad se rompió en la selva. Después de su reencuentro, con prudencia, ambas hablaron en aquel momento de cerrar heridas, de no volver al pasado, de hablar solo del futuro.

Hoy, Ingrid vuelve de su apacible vida entre Londres y París, a participar un par de conversatorios en el Feria del Libro. Quiere hablar de perdón y de cómo superar el duelo. Está convencida de que parte del camino para alcanzar la reconciliación pasa por la oportunidad que tengan las víctimas de contar y narrar sus experiencias en la guerra. Ahora que se puso de moda hablar de verdad, de reconstrucción de memoria histórica, de justicia, Ingrid también reclama verdad, no solo de parte de sus victimarios, sino del gobierno de Andrés Pastrana, en el poder cuando ella y Clara fueron secuestradas de camino a San Vicente del Caguán, Caquetá en febrero de 2002.

¿Su libro y estas conferencias hacen parte de un ejercicio de construcción de memoria histórica?

No he podido hacer esa reconstrucción. No he tenido espacio en Colombia para dar los detalles de los hechos relevantes que sucedieron en el cautiverio, ni de los hechos que llevaron a mi secuestro. Los colombianos conocen más el tema de la liberación que fue muy mediático. Mi libro es más un viaje interno, falta un diálogo social en torno a la verdad. Las víctimas nos vemos encerradas en el silencio porque es muy difícil hablar de lo que nos sucedió. Además, hay algo en el ser humano que nos lleva a justificar el horror culpabilizando a la víctima.

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¿Diez años después de su liberación, qué parte de la verdad le falta?

Se ha debatido mucho sobre las responsabilidades que llevaron a mi secuestro. Cuando me secuestran yo tengo un esquema de seguridad por ser candidata presidencial. Se programó tener un esquema con carros blindados cuando llegáramos a Florencia. El gobierno de la época dio una versión de lo que sucedió que es inexacta. Y la versión que dio fue rebotando la responsabilidad sobre mí. No puedo dejar de sentirme lastimada por el hecho de sentir que me amordazaron. Duré 7 años amordazada con la guerrilla, pero la verdad que ellos (el gobierno) contaron ocupó todo el espacio y cuando yo salí en libertad a explicar lo que había sucedido ya no había espacio para que me escucharan. Para mí era muy importante hacerlo por mis hijos. A ellos les dijeron que yo había tomado esa decisión a sabiendas, para mí era importante decirles que no, que yo no tenía la información que ellos dijeron que yo tenía, yo no tomé la decisión de meterme a la boca del lobo

porque sí. Yo tenía una información diferente. Y no estoy culpando a nadie. Creo que la responsabilidad del gobierno fue quitarme los escoltas, pero no creo que lo hayan hecho para que me pasara eso. Creo que para que no los culparan, transformaron la realidad y esto para mí es muy difícil de llevar. Y como me sucedió a mí, les sucedió a muchos, la verdad de los hechos queda tergiversada por intereses políticos, es una expropiación de la vida de uno.

¿Por qué no ha tenido ese espacio para contar y reclamar la verdad?

No hay espacio para narrar estos y otros hechos. Siento que llega un momento en que el pasado se queda allá en el pasado; la gente no quiere oír. No hay quién se interese. Me he encontrado con personas que me narran mi vida como si superan más que yo lo que me pasó a mí. Se vuelve un tema ideológico, porque es una toma de posición política, de quién está con quién. Imagínese esto replicado en ocho millones de víctimas. Conozco muchas personas que han salido del país porque por hablar de las razones por las cuales han sido víctimas pueden convertirse en objetivo militar de unos o de otros. Defender la verdad es duro, pero cuando se es víctima es mucho más difícil.

¿Por qué cree que no la quieren escuchar?

En torno a mi caso hay una sensibilidad mayor por el hecho de que tomé posiciones políticas y eso despierta pasiones. Aunque no creo que sea solo conmigo, les pasa a muchas personas. Hay saturación de información, existe la sensación de que quien cuenta su historia la está recomponiendo a su favor. Hay personas que quieren quedarse con la versión que más les acomoda y no quieren oír más.

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¿Qué expectativa tiene sobre la Comisión de la Verdad que abrirá sus puertas en dos semanas?

Tengo muchas expectativas, será un momento muy importante si tenemos oídos para oír. Es importante que no sea un ejercicio que se haga en un salón cerrado y que tenga eco social. La víctima necesita que la sociedad acoja su dolor y lo legitime. En lo personal, si me llaman, si mi caso es de interés, yo colaboraré porque es lo que uno tiene que hacer para lograr que la reconciliación entre los colombianos sea profunda. La tarea que tienen es extraordinaria, de ellos dependerá cómo podamos tejer el posconflicto.

¿Qué verdad le deben sus victimarios?

Oí tantas cosas dichas por mí y a nombre mío que no eran ciertas… me sentí tan desposeída de mi voz durante el cautiverio y después, oyendo la manera como la guerrilla hablaba de su relación conmigo. Hay que tener mucho cuidado, que la verdad no sean emociones sino hechos concretos, esto no es cuestión de puntos de vista.

¿Las Farc la han buscado para actos de perdón como lo han hecho con familiares de los diputados del Valle, con víctimas de Bojayá, de Urabá, estaría dispuesta a un acto así?

Yo estoy abierta a hacerlo, pero con ciertas condiciones. En algún momento me preguntaron si estaría lista para un acto de perdón, yo respondí que sí, pero querían que fuera púbico y mediático, y para mí eso no era importante. Yo quería que fuera un encuentro entre seres humanos que en un momento de la vida estuvieron en situaciones muy complejas. Si se hubiese vuelto público, no me hubiese molestado, si no hubiese sido ese el objetivo principal.

¿Qué sabe de los responsables de su secuestro?

Fue una decisión colectiva del secretariado. El que tuvo la iniciativa fue el Mono Jojoy, su estrategia era secuestrar personajes de la vida pública, porque pensaba que la oligarquía tendría más sensibilidad para cederle a las Farc. El responsable en el área fue el Mocho César, del frente 11. Él murió como a los dos meses de mi secuestro, luego nos llevaron de un sitio a otro en un cautiverio itinerante y tuvimos muchos comandantes de varios frentes.

¿Muchos de sus carceleros están vivos y en libertad, qué mensaje les daría?

Que tomaron una buena decisión. Que este es el camino que hay que andar, que no es fácil porque el país tiene sus heridas, pero hay que hacerlo.

¿Otro capítulo es la reconciliación entre las víctimas del secuestro que pasaron momentos muy difíciles durante el cautiverio?

Hay que entender que las personas actuaron en su momento en condiciones extranormales, separada de los suyos, entre el miedo y la desesperanza. Esa reconciliación se puede dar de manera colectiva o uno a uno. Mis compañeros fueron mi familia y sigo teniendo una relación muy cercana con algunos, con otros se generaron distancias, pero son saludables. La experiencia de la selva nos hizo tomar rumbos diferentes, pero hay solidaridad en todos sobre lo que cada uno vivió.

¿Hay planeado un reencuentro?

Me hace falta verlos a todos. No sé si quieran un reencuentro. Para mí fueron seres extraordinarios, son muchos los pequeños detalles que resultan grandiosos y extraordinarios: ternura, humanidad, compasión, amistad, generosidad.

¿Recuerda detalles de humanidad tipo de sus victimarios?

En ningún momento puedo verlos de otra manera que no sea como seres humanos, respetando su dignidad. Lo increíble es que hoy hayan hecho un recorrido hasta tener la convicción de que salir de allá y estar acá, es mejor.

¿Por qué hablar del perdón hoy?

El perdón no es estático, es emoción y toma de decisión. Cuando uno perdona, siente alivio, pero no es solo tomar una decisión, es algo que se va construyendo volviendo a lo humano, no podemos olvidar que aquellas personas que nos hicieron daño, por los motivos que fueran, son seres humanos que probablemente están enredados en sus propias emociones. Cuando uno logra establecer la humanidad del otro, ve las cosas desde el prisma de la compasión. Sentir compasión por los verdugos es una primera etapa.

¿Ya sintió compasión por sus verdugos?

Sí. Recuerdo que la primera revelación la tuve el día de mi liberación cuando vi a ‘Gafas’ en el piso, sometido por los militares. De un momento a otro están viviendo lo mismo que yo viví cuando me secuestraron y entonces el destino da la vuelta, la vida da la vuelta. Sentí mucha compasión

porque sabía lo que ellos estaban sintiendo. Espero que los hayan tratado bien en prisión para que vean la diferencia con lo que ellos nos hicieron vivir en el cautiverio.

¿Qué siente al saber que sus están libres, que algunos pagaron apenas unos años de cárcel?

Frente a lo que se vivió todo es muy poquito, pero estamos obteniendo algo que va más allá de una ecuación matemática: la paz en Colombia. Y ese es el valor supremo. Uno debería dar todo por la paz; hay cosas que molestan, que duelen, que incomodan, pero todo se puede ajustar. Lo importantes es este capital que se construyó al lograr el desarme de las Farc, que ya no estén secuestrando, bombardeando, matando. Eso nos cambia a todos la vida, nos cambia la relación con Colombia, mejora las perspectivas del país, el turismo, cómo nos ven desde afuera. Hay un antes y un después, es el tesoro de esta generación.