El mensaje de un policía exsecuestrado a un líder disidente de las Farc

El sargento mayor José Libardo Forero, quien permaneció en cautiverio durante 13 años, estuvo a punto de morir a manos de uno de sus captores: alias “Rodrigo Cadete”. Hoy le pide que se acoja a la justicia transicional. 

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El sargento mayor de la Policía José Libardo Forero fue secuestrado tras la toma de Puerto Rico (Meta) por parte de las Farc.

“No lo fusilen”, grito Édgar Salgado, conocido con el alias de “Rodrigo Cadete” y quien hoy hace parte de las disidencias de las Farc. En el suelo, sentado y desnudo, el sargento de la Policía José Libardo Forero esperaba lo inevitable: la muerte. Estaba en poder de esa guerrilla desde el 11 de julio de 1999, tras la toma de Puerto Rico (Meta), y ya se había cumplido una década sin que hubiera logrado recuperar su libertad. “Ya había perdido las esperanzas”.

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Sin embargo, el motivo de los guerrilleros para acabar con su vida, ese 9 de septiembre de 2009, radicó en que él había intentado escapar del secuestro. De hecho, durante 25 días estuvo deambulando por las selvas del Guaviare en compañía del intendente de la Policía Jorge Trujillo Solarte sin encontrar un lugar seguro. Se le habían escabullido a sus custodios del frente 44 y seguían en los dominios de esa guerrilla.

Tenían la certeza de que su libertad, por vías políticas o militares, no llegaría pronto. “Nosotros perdimos la fe en liberaciones, porque siempre decían que íbamos a quedar libres pero nunca pasaba nada”. El mismo “Mono Jojoy” se los había advertido. Un día, en pleno recrudecimiento de la guerra, el otrora jefe guerrillero les dijo: “La presidencia la ganó (Álvaro) Uribe. Son cuatro años, y como se va a hacer reelegir, son ocho en total”.  Entonces, los secuestrados se prepararon psicológicamente para pasar un buen tiempo en poder de las Farc.

Por eso escaparon y cuando fueron recapturados, no pensaron cosa distinta en que serían fusilados. “Sentí en carne propia la muerte, nos desnudaron, nos sentaron en el piso, nos pusieron los fusiles en la cabeza”, relata Forero. Todo cambió, no obstante, en cuestión de segundos.

En ese momento “Rodrigo Cadete”, comandante del entonces frente 39, llamó al guerrillero que los tenía encañonados y le pregunto si los policías sabían de unas caletas que estaban en medio de la selva y que no encontraban. Cuando ellos dijeron que sí  -porque ellos mismos las habían cambiado de puesto- aplazaron la sentencia de muerte en su contra. “Tráigalos y no los fusila”, recuerda el sargento Forero que dijo “Cadete”. Si los mataban, era muy probable que las caletas se perdieran para siempre.  

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Y es que los policías encontraron entre la manigua dos caletas que tenían munición, dinero en efectivo y un hospital ambulante (muchos medicamentos y ampolletas conta la leishmaniasis). Decidieron cambiarlas de puesto como una estrategia que respondió a su instinto de supervivencia.

Cuando recuperó las caletas, “Cadete” entregó a los cautivos al frente 44, responsable de su secuestro. “El comandante de allá verá si los fusila o no”. Ese comandante también les perdonó la vida. “Ustedes están locos”, recuerdan que les dijo.

El sargento José Libardo Forero recuperó su libertad en abril 2012 y hoy recuerda la vez que habló con “Cadete”, el mismo hombre que se volvió a hacer célebre hace ocho meses cuando se le esfumó a la paz.

 “Una vez habló conmigo. Me pareció una persona civilizada. Yo le diría: todo cambia, todo pasa y es mucho el daño que se le hace a la gente del campo en vez del que se hace a la gente de la ciudad… Podríamos decir que cuando él ordenó que no nos mataran al intendente y a mí, en un acto de compasión, nos dio una segunda oportunidad. Pero a él también se le dio una (con el proceso de paz) y no es justo que pueda morir en esas condiciones (al convertirse en objetivo militar). Lo más seguro es que termine mal. Lo invito a que sigan los pasos de sus comandantes que ahora están en la vida civil”, asegura el sargento José Libardo Forero.