Análisis

Diócesis de Arauca, primera en ser reconocida como sujeto de reparación colectiva

En Arauca fue asesinado en octubre de 1989 el obispo de la capital, monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve. Otros cuatro sacerdotes fueron asesinados entre 1985 y 2003. Varios han sido secuestrados y amenazados en el marco del conflicto armado.

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Tumba de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, en la catedral de Arauca.
Manuel Rodríguez.

La iglesia católica representada en la diócesis de Arauca recibió de la Unidad para las Víctimas la notificación de reconocimiento como víctima y sujeto de reparación colectiva. El actual obispo de la región, monseñor Jaime Muñoz Pedraza, firmó el documento en la catedral Santa Bárbara como acto simbólico, frente a la tumba de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, asesinado siendo obispo en 1989 por el frente Domingo Laín del Eln. (Le puede interesar: "La construcción de memoria a través de las regiones")

Es la primera vez que un grupo de sacerdotes es reconocido como sujeto de reparación colectiva. El canciller de la diócesis, padre Nicolás Alberto Valencia Ceballos, declaró que “es un hecho muy valioso. Es reconocer cómo la iglesia ha puesto su gota de sangre en esta realidad e impedir que quede en el anonimato el la muerte de monseñor Jaramillo y otros sacerdotes que han entregado su vida desde la pastoral social”.

Otros cuatro sacerdotes han sido asesinados en el departamento: Raúl de Jesús Cuervo Arias (en el municipio de Fortul, en octubre de 1985), Jesús Manuel Serrano (capellán de la Policía de Arauca, en julio de 1998), José Rubín Rodríguez (párroco de La Salina) y Saulo Carreño (párroco de la iglesia Cristo Rey del municipio de Saravena). Los dos últimos, en distintos días de noviembre de 2003.

En la diócesis hay 53 sacerdotes en ejercicio, según el canciller Valencia, muchos de los cuales han sufrido amenazas, secuestro y persecución de parte de distintos grupos armados presentes en esa región fronteriza con Venezuela. (Vea: "Masacres, un capítulo indispensable en la memoria histórica del país")

El sacerdote explica que los grupos armados han actuado contra la acción pastoral de la Iglesia y han prohibido celebrar actos religiosos, pero a pesar de ello la Iglesia sigue en la región. “Ahora trabajamos en el sentido de la reconciliación con los victimarios, queremos hacer un aporte en lo emocional y tenemos la esperanza de que lleguemos con la comunidad al perdón que sana heridas y levanta las ganas de vivir”, sostiene el padre Valencia.

La diócesis de Arauca está conformada por 25 parroquias y 02 cuasi-parroquias agrupadas en 06 arciprestazgos, localizadas en los siete municipios de Arauca (Arauca, Arauquita, Cravo Norte, Fortul, Puerto Rondón, Saravena y Tame), dos municipios de Boyacá (Chita y Cubará), un municipio de Casanare (La Salina) y un corregimiento de Norte de Santander (Gibraltar, en Toledo).

Del 26 al 30 de junio, en el marco de un evento de formación de la diócesis, la Unidad para las Víctimas explicará al clero del departamento en qué consistió el proceso de reconocimiento, cómo es el proceso de reparación y cómo construir el plan integral para ello.

“Cuando un sujeto es notificado, generalmente el plazo para ejecutar es de tres años, pero hay que construirlo en conjunto para ver el daño que causó el conflicto armado y ver qué medidas de reparación se crearán de modo que tengan nexo con el daño”, explicó Luis Daniel Pañeranda, director territorial de la Unidad en Norte de Santander y Arauca.

Cuando esté listo el Plan Integral de Reparación, será presentado ante un comité municipal o departamental de Justicia tradicional para su aprobación.

Asesinato de sacerdotes

Entre 1984 y 2013, fueron asesinados 83 sacerdotes en todo el país, según reveló el cardenal Rubén Salazar Gómez, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia al instalar la 94 asamblea general del Episcopado, realizada en 2016.

El jerarca católico señaló en esa ocasión que “muchos sacerdotes son amenazados en todas las regiones del país, pero sobre todo donde hay una fuerte presencia del conflicto armado”. En los registros de la Conferencia Episcopal también aparecen como asesinados 8 religiosos (5 monjas, 3 hombres), tres seminaristas, un arzobispo y un obispo.

En el mismo periodo otros 17 obispos y 52 sacerdotes han sido víctimas de amenazas y cinco obispos han sido secuestrados, al igual que 27 sacerdotes, un misionero y un diácono. La amenaza más reciente, conocida a nivel nacional, la recibió monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, en 2016, por su apoyo al proceso de paz.