Aseguran recursos para “el corazón de la memoria” en Bogotá

Listo proyecto para el Museo Nacional de la Memoria. A través de un Conpes, el Gobierno garantizó recursos para construir un centro que articulará los 26 espacios de memoria del país. La inversión será de $72.295 millones. Se espera que esté listo para el 2019. 

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El museo contará con seis pisos, un teatro y dos archivos documentales. / Archivo particular

La memoria del conflicto armado tendrá casa en Bogotá. Se trata del Museo Nacional de la Memoria, que se construirá en la carrera 29, entre las calles 26 y avenida Las Américas. Allí se erigirá una construcción de seis pisos, donde estará el corazón de la red que integran 26 espacios en el país, que busca visibilizar la magnitud de la tragedia que vivimos en las últimas décadas, para que no se repita. (LEA: Museos para reivindicar la memoria del conflicto)

Esta construcción “será la medida de reparación simbólica más poderosa de la ley”, dijo el director del proyecto, Luis Carlos Sánchez, quien junto con el Centro Nacional de Memoria Histórica, dirige su diseño, creación y administración. Por ahora la obra, que comenzará a mediados de 2018 y que sería entregada en 2019, parece estar garantizada. El Gobierno respaldó la construcción a través de un documento Conpes, publicado el 20 de noviembre, donde ratificó recursos por $71.295 millones. “El Conpes le da más fuerza a lo que se venía haciendo para sacar adelante el proyecto”, agregó Sánchez. (LEA: El reto de crear un museo de la memoria)

La edificación pretende estar entre las más distinguidas del mundo, en temas de infraestructura, memoria y reparación simbólica. Tanto la elección del lugar como la creación del guion curatorial contaron con la participación de víctimas del conflicto: “Mucha gente, como yo, votamos para que el museo quedara en Bogotá, porque ha sido una ciudad que, en mi concepto, ha estado muy desconectada de las realidades del país. Es clave que esté ahí para que las próximas generaciones conozcan cómo hemos padecido y resistido la macabra guerra, sus actores, sus lugares y nuestras resistencias”, indicó Esther Polo, lideresa social de Córdoba, de 27 años, quien ha acompañado el proceso desde el 2009, cuando el museo apenas era una idea. (LEA: Así se puso la primera piedra del Museo de la Memoria)

Arquitectura

El diseño lo hicieron las firmas MGP Arquitectura y Urbanismo, representada por el colombiano Felipe González Pacheco, y Estudio Entresitio, de los españoles María Hurtado de Mendoza y César Jiménez de Tejada. Ellos ganaron el concurso, que se abrió en abril de 2015 y en el que participaron 72 firmas de países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Austria, Hong Kong, México, Argentina, Chile y Brasil. Como dato particular, en el proceso participó Daniel Libeskind, quien diseñó el Museo del Holocausto en Berlín, Alemania.

El museo, que ocupará un terreno de 15.704 m² y estará elevada 10 metros sobre el suelo, contará con seis salas de exhibición ascendentes y desde los techos los visitantes podrán observar la geografía de la ciudad. “Este edificio es para el público y debe ser lo más democrático y abierto posible, para propiciar el encuentro”, indicó el arquitecto Pacheco.

Contará con dos archivos documentales: el Archivo Virtual de los Derechos Humanos y Memoria Histórica, en el que se han recopilado 230.000 documentos, entre material gráfico, cartográfico, fotográfico, citas de audio, recortes de prensa y publicaciones, entre otros. Y el Registro Especial de Archivos de Derechos Humanos y Memoria Histórica, que contiene 1.200 archivos provenientes de organizaciones sociales, grupos étnicos, víctimas y personas naturales. (LEA: Los archivos deben permitir identificar a responsables del conflicto: Gonzalo Sánchez)

Además, tendrá espacios pedagógicos y reflexivos. “El museo es todo al mismo tiempo: un archivo, un lugar de creación, un lugar de expresión artística y exposiciones y, por supuesto, un lugar de investigación”, aclaró el director Sánchez.

La narrativa del museo

La construcción del guion museográfico será presentada el próximo año en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Allí, según Sánchez, se socializará el resultado de un trabajo que comenzó en 2011, con una narrativa que integra el diálogo con comunidades luego de 36 encuentros locales, cinco encuentros regionales, tres nacionales y alianzas museológicas.

Este espacio buscará, además, esclarecer los hechos de violencia de los últimos años desde tres ejes: cuerpo, tierra y agua: “No es una versión del museo sólo para las víctimas, sino un trabajo con ellas de cara al país. No vamos a contar una historia difusa de los actores. La idea es contar una historia donde se vean las intencionalidades en la guerra y la complejidad de las relaciones que la originaron”, señala Sánchez.

A pesar de que el Conpes respalda la construcción y expresa la intención de garantizar los recursos, las víctimas, los diseñadores y el director del proyecto temen por su continuidad. “No debemos dejar de insistir en que el proceso siga adelante y que no pase a ser un elefante blanco más, ya que esta construcción es muy importante para las víctimas y para la sociedad”, indicó la lideresa Esther Polo, cuyos padre, hermano y tío fueron asesinados en Montería el 14 de diciembre de 1989.

Por su parte, el arquitecto Pacheco agregó que es importante una inversión adicional en espacio público, que permita mantener la construcción como un espacio transitable y seguro, “ojalá que esto siga andando y que los próximos gobiernos mantengan este museo y que no lo derrumben por mezquindades políticas. Eso es un peligro que existe y sería terrible que muriera antes de nacer”.

A pesar de que en algunas regiones del país hay presencia de grupos armados, carencias educativas, laborales y de bienestar social, que aún siguen afectando la búsqueda de la paz, quienes vivieron la guerra buscan que no sólo estas problemáticas se solucionen, sino también que el cierre del conflicto se dé a través del diálogo y el encuentro.