Una puesta en escena incluyente en la selva chocoana

El festival de teatro Selva Adentro culminó el pasado domingo 8 de octubre en el espacio territorial de reincorporación de Riosucio, en donde se encuentran 150 excombatientes del frente 57 de las Farc. Organizadores e integrantes de la exguerrilla creen en el arte como nueva forma de expresión.

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La construcción del teatro, que es para uso de la comunidad, se hizo con guadua. / Gustavo Torrijos - El Espectador

“Olmedo, hermano, hay que gestionar un puente ¡Qué hijueputa tristeza que la gente del otro lado del río nos tuviera que ver desde tan lejos!”, dijo con la voz entrecortada Fredy Bedoya, director de la Corporación Cultural Nuestra Gente, que tiene sede en Medellín. En el momento en que pronunció esas palabras se encontraba en el espacio territorial de capacitación y reincorporación Silver Vidal Mora, ubicado entre los municipios chocoanos de Riosucio y Carmen del Darién, en medio del festival de teatro Selva Adentro.

Le hablaba a Olmedo Ruiz, excomandante del frente 57 de las Farc, responsable de ese espacio territorial en el que 150 integrantes de las Farc dejaron sus armas y ahora buscan reincorporarse a la vida civil. Bedoya y su compañía de teatro acababan de presentar su obra Domitilo, el rey de la rumba, un montaje sobre el paganismo y el desprecio con el que fueron vistas las expresiones populares de la música. Fue cuando ellos se presentaban que desde la otra orilla del río Curvaradó varios adultos y niños trataban de ver lo que pasaba en el teatro; una escena que conmovió a todos los integrantes de Nuestra Gente.

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Lo que pasó durante ocho días fue que ese rincón de la selva chocoana se llenó de arte. La Red de Colectivos de Estudio en Pensamientos en Latinoamérica, la Escuela de Danza de Bailes Afroantillanos y el Teatro Matacandelas, de Medellín, organizaron el festival Selva Adentro. Una labor nada fácil, debido a que el espacio territorial donde se encuentran los excombatientes del frente 57 está a 10 horas de Medellín en carro y la carretera de acceso no la han terminado de construir. “Esto nunca se había visto en Chocó”, contó Wilmer Toribio, excombatiente del frente 57 de las Farc que operaba en ese departamento.

Camilo Durango, director del festival, contó que luego de ver el año pasado la reacción de varias comunidades en Bojayá (Chocó) ante la presentación de La casa grande, una obra de teatro de Matacandelas, se le ocurrió hacer un festival. “La gente a la que le comentaba la idea se reía y yo les decía lo íbamos a hacer”, recordó. Fue tal el empecinamiento de las organizaciones, que lograron hacer un festival de ocho días, con 14 compañías de arte y construir un teatro.

Aunque el festival se llevó a cabo en el espacio territorial, los organizadores no querían que fuera exclusivamente para los excombatientes. Por eso, el domingo 1° de octubre, un grupo de jóvenes salió con instrumentos musicales, vestuario teatral y montados en zancos hasta el casco urbano de Belén de Bajirá (Chocó), que queda a unos 15 minutos en carro, para invitar a los habitantes. Terminaron rodeados de niños pequeños asombrados que bailaban al son de la música que tocaban.

Otra de las estrategias fue poner a la venta planes de un millón 500 mil pesos que incluían los ocho días del festival, la comida, el alojamiento en las casas prefabricadas que hay en el espacio territorial y entrada a todas las funciones.

Todo eso fue posible gestionando entre redes. Por ejemplo, para la construcción del teatro, la arquitecta, los ingenieros y los obreros donaron su trabajo. Las comunidades de Curvaradó y Jiguamiandó donaron la guadua. Y así, la suma de manos y voluntades dio como resultado la construcción de un recinto de 425 metros cuadrados con una capacidad para 280 personas, que quedó para ser utilizado por las comunidades cercanas. “Fue una escuela. Aprendimos de construcción, de electricidad, de guadua”, rememoró Durango.

En ese recinto actuaron las 14 compañías de teatro y danzas durante la semana pasada. Llegaron hasta allá desde Necoclí, Medellín, Manizales, Bogotá y Cali, bajo la premisa de que la reincorporación no es un proceso mediante el cual los excombatientes llegan hacia la sociedad civil, sino que esta tiene que aportar yendo adonde están quienes dejaron las armas para dar su mensaje de acogida. Así lo entiende también Ruiz, quien dijo que “el festival es parte del acompañamiento en este gran proyecto en el que estamos involucrados (la paz)”.

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Es tanto así, que la compañía De frente, compuesta por cuatro excombatientes y cinco personas de la cercana comunidad de Caracolí, se presentó en el festival. Toribio, que aspira a ser su director, afirmó que “por medio de este teatro nos vamos a reconciliar con muchas personas que no saben qué tipo de personas somos nosotros”. De igual manera, contó que durante la guerra también tenían un grupo de teatro, pero ahora tienen la oportunidad de estudiar para elevar el nivel de sus obras de arte.

“Si estamos hablando de reintegración, de posacuerdo y de pluralidad, está en el festival: víctimas, guerrilleros y gente que ha estado en las ciudades están juntos en una apuesta escénica”, complementó Durango.

La cita no solo incluía presentaciones, también hubo conversaciones acerca de la realidad regional y talleres. El domingo 1° de octubre, por ejemplo, se realizó en la mañana un taller de baile de ritmos como el currulao, en el cual participaron excombatientes y otros asistentes al festival. La clase fue dirigida por la Corporación Cultural Afrocolombiana Sankofa. A las 7:00 de la noche, ese mismo grupo presentó la obra La ciudad de los otros, acerca del racismo que los negros perciben en las grandes ciudades. Ya entrada la noche, en medio de una fiesta, no dudaron en coger sus instrumentos para interpretar con clarinete, tambor y redoblante canciones como La vamo’ a tumbar.

Ubaldo Zúñiga, presidente del consejo de administración de Ecomún en el punto territorial, también vio en Selva Adentro una oportunidad para “visibilizar toda la situación de este territorio”, una realidad que preocupa a los líderes del espacio territorial. Denunciaron que grupos paramilitares en la región están haciendo ofrecimientos para reclutar personas: a los que eran guerrilleros rasos les ofrecen entre 1 y 2 millones de pesos para unirse y a los que fueron mandos les ofrecen entre 8 y 10 millones de pesos.

También están siendo objeto de amenazas. Ruiz aseguró que hace dos semanas un par de hombres en motocicletas abordaron a uno de los excombatientes para pedirle que instalara un artefacto explosivo en el lugar en el que se reune la junta directiva del espacio territorial. El domingo 1° de octubre, personas cercanas a Zúñiga le advirtieron que “no diera papaya”, porque escucharon decir que lo van a asesinar. “A ellos les molesta que yo denuncie la presencia paramilitar, pero es verdad que ellos están ahí junto con el Ejército y la Policía”, señaló.

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La presencia paramilitar en la región es muy fuerte. Por ejemplo, en Riosucio se libra una cruenta guerra entre el Eln y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc). Aunque el cese al fuego con esta guerrilla no ha tenido incidentes, hasta hace poco los combates eran frecuentes en la cuenca del río Truandó. En Belén de Bajirá, muchas fachadas de locales comerciales tienen grafitis de las Agc. Por eso en el espacio territorial hay temor de que las amenazas se materialicen.

El futuro y la reincorporación

Fue inevitable, los asistentes empezaron a hablar de la segunda versión del festival. “Tenemos que seguir proyectándonos a otros festivales a los que venga más gente a disfrutar por acá”, opinó Toribio, quien incluso antes de ingresar a la guerrilla hacía teatro en las comunidades de la región. Sobre esto, Durango advirtió que acompañaría el festival, pero que quienes deberían organizarlo son las personas que hacen parte de la comunidad que se encuentra en el punto territorial. “Tenemos toda la intención de decirles que eso es de ellos y que ellos lo tienen que hacer”, puntualizó.

Pero la idea no es que el teatro se destine solo para festivales. En el punto territorial creen que será útil para sus proyectos de reintegración. Una de las ideas que están buscando materializar es el ecoturismo. Planean hacer un muelle desde el cual salgan embarcaciones por el río Curvaradó y hacer una especie de turismo histórico en el cual expliquen el devenir de la guerra en ese territorio. La idea es que esos planes también puedan incluir muestras artísticas que se desarrollarían en el teatro.

Pero el aporte de las artes a la reincorporación no pasa solo por la dimensión económica. Durango también lo ve como una oportunidad para que quienes estuvieron alzados en armas acojan nuevas vías de expresión. “Ellos tienen que empezar a encontrar su palabra. El arte les da la posibilidad de encontrarse y creer otra vez en ellos”, afirmó. Se refería a que durante el transcurso de la guerra vivían bajo una estricta disciplina militar y su vida transcurría cumpliendo órdenes.

Pero la esperanza de quienes organizaron y de quienes fueron al festival también pasaba por la posibilidad de acercar a quienes hicieron parte de la guerrilla y a quienes no. Como se dijo en una de las conversaciones que auspició el festival: “El arte puede tender el puente para el abrazo”. Tal vez un puente más difícil de construir que el que les permitiría a las personas ver próximas obras en el teatro y no desde la otra orilla del río.