Una plataforma para que las mujeres rurales tengan resonancia política

Estas son las mujeres que están invitando a los candidatos presidenciales a un debate sobre sus propuestas para superar la desigualdad de género en el campo. Pertenecen a la Plataforma de Incidencia Política de Mujeres Rurales, que nació hace cuatro años con la unión de varias organizaciones que luchan por hacer visibles sus necesidades.

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Ellas son Sandra Sáenz de Santander, Ruby Zieda de Cauca y Matilde Mora de la localidad de Sumapaz en Bogotá.

“A nosotras, las mujeres del campo, la violencia, la pobreza, el acceso a todos los servicios públicos, a las carreteras, a las comunicaciones, a la educación, nos pega de distintas maneras. Todo es distinto porque somos mujeres y porque todo viene planeado desde Bogotá”. 

Matilde Mora resume con esta frase el escenario injusto contra el que ha luchado desde hace varios años para que las mujeres rurales, como ella, sean incluidas dentro de las políticas públicas para lograr la igualdad social y la igualdad de género. 

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Así como ella, cientos de mujeres que trabajan en el campo como pescadoras, como artesanas, como profesoras en veredas, como amas de casa o desde cualquier rol, quieren que ser escuchadas. Y quieren que sus voces tengan la resonancia necesaria para que su situación cambie. 

A través de organizaciones de mujeres en todo el país, muchas de estas colombianas se han reunido bajo la Plataforma de Incidencia Política de Mujeres Rurales, un espacio que nació hace cuatro años y que actualmente está conformada por cerca de 800 movimientos de mujeres rurales. 

Hablamos con tres de ellas: Matilde Mora, quien viene de la localidad rural de Sumapaz en Bogotá; Rudy Zeida, de Guachené (Cauca), y Sandra Sáenz, de Vélez (Santander), para que nos contaran acerca de la Plataforma y de su trabajo por la lucha de los derechos de las mujeres campesinas. Estas son las mujeres que están invitando a los candidatos presidenciales a un debate para que sus propuestas sean escuchadas. El debate se realizará el 11 de abril en Bogotá (AR Centro de Convenciones) con el apoyo de la Unión Europea, FAO, PNUD, ACNUR, ONU Mujeres, y la embajada de Canadá.

¿Desde hace cuánto y por qué tomaron la decisión de luchar activamente por los derechos de las mujeres rurales?

Sandra: Es una apuesta personal que tengo desde hace 15 años porque hemos advertido en Santander que hay muchas desigualdades, que los derechos de las mujeres, la prevención de la violencia y nuestra participación política no se trata. No estamos incluidas en los planes de desarrollo ni departamental ni municipal, no hay soluciones eficientes y eficaces sino proyectos asistencialistas que tratan a las mujeres como población vulnerable. Esa fue mi apuesta, la de poner en las agendas públicas nuestras necesidades más sentidas, que nuestros derechos se reconozcan. Somos la mitad, incluso un poco más de la población de Colombia y por eso tenemos que ser tratadas en igualdad de condiciones, de derechos y de oportunidades. 

Ruby: Desde que tenía 12 años me ha gustado trabajar con y por mi comunidad. Allí somos mixtos, yo trabajo por hombres y mujeres. Se me dio la oportunidad de llegar al Consejo Comunitario de Pilamo, me propusieron ser la representante legal para que estuviera más acorde con las mujeres y con los hombres jalando proyectos. Ahí me encaminé para pelear por los derechos humanos de toda nuestra comunidad.

Matilde: Yo hago parte de una organización nacional que se llama Asodemuc, que tiene 21 años en el país. Nosotras desde ahí siempre hemos venido trabajando el tema del empoderamiento político y la participación representativa, teniendo en cuenta todas esas falencias que Sandra pone sobre la mesa. Desde la organización pensamos que es necesario que las mujeres nos formemos para tener acceso a esos espacios donde se toman las decisiones.

¿Y cómo nació la Plataforma?

M: En el camino nos dimos cuenta de que había muchos encuentros con mujeres de muchas partes del país, pero dentro de estos mismos encuentros y programas las mujeres rurales no éramos visibles, ni todo nuestro quehacer. A nosotras, las mujeres del campo, la violencia, la pobreza, el acceso a todos los servicios públicos, a las carreteras, a las comunicaciones, a la educación, nos pega de distintas maneras. Todo es distinto porque somos mujeres y porque todo viene planeado desde la Bogotá urbana y no es nada incluyente con nosotras, las mujeres rurales del distrito. Por eso, nos dimos cuenta de que era necesario trabajar una política pública e irnos posicionando dentro del mismo movimiento social agrario. Así nos fuimos articulando varias mujeres y organizaciones en la Plataforma, hace cuatro años. 

S: Estamos conformadas por 27 organizaciones de segundo grado y a través de estas 27, tenemos afiliadas a 840 movimientos de casi todo el país, nos falta hacer presencia solo en cuatro departamentos. 

¿Cuáles son sus pilares de trabajo y qué actividades han realizado en estos cuatro años?

S: Nuestro principal objetivo es hacer incidencia en entidades del orden nacional y departamental para lograr mejores condiciones para las mujeres rurales. Hace cuatro años, cuando se empezó a formular el Plan de Desarrollo Nacional actual, hicimos incidencia para que quedaran artículos y finalmente quedaron dos: uno, para crear la Dirección de la Mujer Rural y dos, que se formule la política pública para las mujeres rurales. Eso quedó en el Plan de Desarrollo, Visitación Asprilla del Chocó quedó como directora de esta entidad, y estamos en el proceso de que ojalá, antes de que se termine este periodo presidencial, se pueda formular la política pública de mujer rural. 

M: Con el tema del acuerdo de paz comenzamos mirar también que la implementación y la construcción de paz viene desde los territorios, donde habitamos nosotras. Esa es nuestra misión desde esa habilidad de comunicarnos entre nosotras mismas.

¿Cuáles son las necesidades y exigencias que piden y tienen desde la ruralidad?

R: Desde Cauca lo que necesitamos son recursos para trabajar. Hemos luchado por estar siempre en los espacios políticos, pero esas son las grandes falencias que tenemos: recursos para trabajar y falta de representación política. Queremos verdadera apertura para que las mujeres accedamos a cargos públicos y de elección popular. 

S: En Santander las mujeres tenemos una política pública desde 2010, pero desafortunadamente cada gobernante que llega la usa como él cree y no pone el personal idóneo para ejecutarla. Los recursos los usan en proyectos que no tienen real impacto para ir cerrar las brechas de género que hay. Y al igual que Ruby, todas sufrimos por la falta de recursos para proyectos productivos que de verdad solucionen los problemas, no esos proyectos asistencialistas.

M: Nosotras tenemos la ley 731 de 2002 o ley de mujer rural, que cumple 15 años ya, pero no se ha reglamentado totalmente. Eso causa que no haya de dónde agarrarnos jurídicamente para que se cumplan nuestros derechos. 

Por otro lado, recalco que otra de las cosas más graves por las que atravesamos las mujeres en el campo es el tema de las violencias, comenzando por la violencia económica que creo que es la genera el resto de violencias. También la falta de atención digna en el tema de salud, porque no hay una atención diferencial para hombres y mujeres rurales. 

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¿Qué respuesta han tenido de las instituciones con las que van a hablar?

S: Hemos hecho incidencia en el Ministerio del Trabajo, de Agricultura y de Hacienda para pedirles atención en todos los temas que como mujeres rurales nos interesan como el acceso a tierras y presupuesto. Unas veces hemos tenido buen recibimiento, nos escuchan, pero ahí a la acción es donde vienen todas las talanqueras institucionales y burocráticas.

M: Les hemos pedido cerrar las brechas de género. Nos hemos encontrado con instituciones como Finagro o el Banco Agrario que deberían tener unas acciones específicas para las mujeres que también producimos y aportamos en el campo. Dan créditos a los productores, pero no tienen ni idea de que debe haber unas acciones diferenciadas, porque no tenemos la misma oportunidad de los hombres de salir a trabajar las ocho horas por nuestros hijos. La institucionalidad es lenta en asumir el tema de género y más con el sector rural. 

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