Territorios de paz antes de La Habana

Inspirados en La María, resguardo indígena de diálogo y negociación, campesinos y afros crearon otros sitios para dirimir conflictos, ambientar la movilización y prepararse para el posconflicto.

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La María, Piendamó, en el centro del Cauca, es territorio de paz desde 1999. Nació como una mesa alterna a los diálogos del Caguán.
La María, Piendamó, en el centro del Cauca, es territorio de paz desde 1999. Nació como una mesa alterna a los diálogos del Caguán.
AFP

Al corregimiento de Lerma (Cauca) lo marcó la violencia del narcotráfico en los años 80, y las mujeres cerraron las cantinas para bajar los índices de violencia. Hoy está marcado con murales y avisos que se encuentran al caminar por los cerros y ojos de agua: “Territorio libre de minería”, “Los ríos son sagrados”, y en una ceiba gigante que cobija de sombra el centro del pueblo la frase célebre: “Porque amamos la vida, construimos la paz”.

En Lerma se puede decir que descansa un pedazo de la cordillera Central en el Macizo Colombiano. Tiene 3.500 habitantes y en mayo de 2013, a través de un acuerdo municipal, fue declarado Territorio de Convivencia y Paz. Cada año, el primer sábado de septiembre, se llevan a cabo actos culturales como respuesta de la sociedad civil a toda forma de violencia.

Los líderes maciceños, como se hacen llamar, han decidido romper monte, visitar el río Sánchez, el cerro de Lerma y llegar a cada vereda para planear cómo reconstruir la agricultura y fortalecer la producción de vino y galletas de coca, pomada de marihuana y la coca tostada para el mambeo como una propuesta alternativa a los cultivos de uso ilícito. Todo eso para surtir la tienda maciceña que tienen en Popayán.

“Lo que se pretende es desarrollar proyectos territoriales para ir construyendo la agenda de paz del Cauca. Y creemos que es a partir del desarrollo de planes de vida digna que se llega al verdadero fin del conflicto”, dice el profesor Víctor Collazos, coordinador del espacio regional de paz que impulsa estos territorios en Cauca.

Una agenda regional sobre la cual están dispuestos a dialogar en otro territorio de paz: el resguardo indígena de La María, en el municipio de Piendamó. Sin armas y en esas 30 hectáreas en el centro del Cauca, están abiertos para conversar con las guerrillas y el Gobierno Nacional alrededor de temas sensibles como la jurisdicción especial indígena, las zonas agroalimentarias y ambientales, los consejos comunitarios y las zonas de reserva campesina.

La María es un territorio de paz desde 1999, reconocido por el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Nació como un sitio de diálogo alterno al que instaló el presidente Andrés Pastrana con las Farc en San Vicente del Caguán, a donde “llevaron a campesinos y afrodescendientes a la mesa, y nos excluyeron”, cuenta Elides Pechené, líder indígena de la comunidad misak.

Hasta 1985 ese territorio le perteneció a la exregistradora nacional del Estado Civil Alma Beatriz Rengifo. “No se opuso a vendernos la finca”, dice Pechené. Y cuenta que, sembrando cultivos de pancoger, los indígenas fueron desalojando poco a poco a las familias que habían construido un laboratorio de cocaína. Ese sitio es hoy el rancho que aglutina a indígenas, afros y campesinos cuando se trata de organizar mingas como la de 2008, en la que obligaron a asistir a un debate al expresidente Álvaro Uribe.

“Cuando los indios nos sentamos al escuchar el himno nacional, lo hicimos como una voz de protesta, porque aquí donde usted está sentado, señor presidente Uribe, la Fuerza Pública fue capaz de cortar las astas de las banderas de Colombia y del CRIC, que merecen tanto respeto como el himno. Luego las pisaron, quemaron e izaron el pabellón para decir que eran victoriosos porque nos habían desalojado de La María”. Así habló Aída Quilcué aquel día en que el país, a través de sus televisores, reconoció qué era el resguardo de La María, Piendamó.

Más hacia el norte del departamento está el cerro de Calandaima. Como antes estaba militarizado, a través de armonizaciones pretenden volverlo un espacio comunitario. Un sitio donde los aborígenes dialoguen con la madre tierra y en el que confluyan con campesinos y afros cuando haya diferencias en los territorios.

Algo parecido al cerro El Berlín del municipio de Toribío, de donde la Guardia Indígena sacó cargado un soldado para desalojar el cerro sagrado. Calandaima ya está despejado y ahora será territorio de paz.

Ya en la frontera con el Valle hay otro territorio de diálogo. Está en el municipio de Villarrica y fue creado por los negros palenqueros del norte del Cauca.

“Nosotros vamos a La María y ellos vienen a la Casa del Niño, como se llama este lugar de paz”, dice Ary Aragón, líder afrodescendiente.

El espacio físico fue creado hace 37 años para que la Universidad del Valle educara a los corteros de caña y a sus familias con el fin de que se defendieran de la opresión del sistema cañero que rodeó sus fincas y eliminó parte de la agricultura de la zona. Sin embargo, el año pasado, la Asociación Cultural Casa del Niño declaró ese sitio como territorio de paz y manejo de conflictos.

“En ese espacio hemos resuelto dificultades con los indígenas. Por ejemplo, el de la finca San Rafael en Caloto (Cauca). El Gobierno se la entregó a los indígenas, aun estando ocupada por afros, se agudizó la confrontación y hasta hubo un muerto en 2014. Pero se dialogó mucho en la Casa del Niño, y hoy esa tierra es habitada por familias de las dos comunidades. Hemos solicitado a la Gobernación que declare este lugar un espacio de diálogo, acuerdo y reconciliación”, relata Aragón.

En el centro del departamento se alista otro territorio de paz. Tiene guardia campesina y está animado por la Corporación Prodesarrollo Comunitario (Codesco). Su nombre: Triunfaremos por la Paz. Agrupa a cinco asentamientos subnormales de Popayán. Están debatiendo alrededor de la vida digna, el empleo, la necesidad de vivienda y que el Gobierno reconozca su legalidad.

Construir estos territorios es un proceso de tiempo y paciencia. En eso se han gastado su vida. Cuenta el profesor Collazos que “primero las organizaciones dialogan sus problemas y construyen planes de vida, luego es la movilización la que legitima el territorio. En ese marco se habla con la comunidad internacional y organizaciones defensoras de derechos humanos”. Esa es la paz que antes de La Habana han construido desde el Cauca.

El reconocimiento político

En un año, la Gobernación del Cauca tiene planeado que dichos territorios de paz tengan el reconocimiento político y que el Ejecutivo se involucre en los procesos de diálogo y construcción de agendas de paz con estas comunidades.

El inicio de esa tarea es el nombramiento de gestores de paz en cada uno de los 42 municipios del departamento. “La Gobernación incluirá los territorios en el Plan de Desarrollo, participará del diálogo y fortalecerá económicamente dichos espacios para que sean escenarios sostenibles”, afirma Alejandra Miller, secretaria de Gobierno del Cauca.

Por ahora está planteado reafirmar públicamente estos territorios. En mayo habrá una jornada pública de posicionamiento e instalación de nuevas vallas marcando el territorio de Lerma en el municipio de Bolívar.

No obstante, comenta el profesor Collazos, en el municipio de El Tambo, más hacia la zona de los Andes, la gente está construyendo planes de vida para pasar a territorios de paz. “Si hay un buen Plan de Desarrollo, se podrían crear más espacios. En el norte del Cauca está la necesidad de hablar de la tenencia y el uso de la tierra con los ingenios azucareros y con el sector empresarial”.

Mientras tanto, La María sigue siendo un territorio estratégico para el movimiento social del Cauca y el país. Tiene 30 hectáreas, una capacidad para reunir a más de 50.000 personas y está al pie de la vía Panamericana. Ahí, con los bastones, los guardias indígenas les han prestado seguridad, en medio del conflicto, al mismísimo juez español Baltazar Garzón, a las delegaciones del gobierno de Santos y al propio expresidente Álvaro Uribe.

En febrero pasado, cuando el CRIC cumplió 45 años, volvieron a retomar la agenda de 2012 que se construyó en la minga a la que asistió el presidente Juan Manuel Santos meses antes de que anunciara que se sentaría a dialogar con las Farc.

Uno de los puntos que exigen al Gobierno es que, así como hace acuerdos con las Farc y el Eln, cumpla lo pactado con la sociedad civil, los mal llamados “acuerdos de carretera”. “Ese sería un mensaje de confianza a La Habana”, señala Quilcué, casi ocho años después de que su airado discurso contra el entonces presidente Álvaro Uribe en La María permitió desmilitarizar ese territorio de paz.