Personajes del año

“Perseverar a pesar del dolor”: Socorro Aceros

Ganó el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos este año. Aunque fue víctima del conflicto armado, jamás dejó de ser líder. 

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Socorro Aceros, líder social.
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“Cuando no los distinguía, ellos ya sabían quién era yo. Ellos, los grupos armados, los paramilitares, los que nos amenazaron a todos los campesinos, nos desplazaron y mataron a mi hijo José del Carmen Aceros, un 19 de abril.

(Vea el especial de los líderes sociales considerados personajes del año)

Soy santandereana, pero vivo en Tame, Arauca, donde he trabajado toda mi vida como comerciante. Acá tuve a mis hijos e intenté sacarlos adelante. Desde 2000 se presentó una violencia muy terrible. Nos perseguían a todos los campesinos. Los grupos armados llegaban y mataban, secuestraban, torturaban, masacraban… Hacían de todo. Acabaron con el caserío donde vivía. Entre toda la comunidad nos ayudábamos con comida o posada, porque de un momento a otro alguien salía desplazado. Un vecino, alguna amiga; los que vivían en una finca cercana y así sucesivamente hasta que llegaron los señores paramilitares. Acá, a mi casa, donde vivo. Fuimos perseguidos por esos señores, por esa gente que nos hizo tanto daño.

Recuerdo abril de 2003. Mataron a ocho personas, dejaron los cuerpos en la carretera y las cabezas las pusieron a rodar en los potreros como si fueran un balón. Jugaban con ellas.

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Luego llegaron aquí al pueblito, pero no pudieron hacer mucho porque en ese entonces estaban por acá los señores del Eln. Le doy las gracias a Dios de que ellos estuvieran por ahí, porque nos ayudaron a librarnos de la muerte. Sin ellos nos hubieran matado a toda la gente del pueblo.

Al año, el 19 de mayo, volvieron. Gritaron, maltrataron y se llevaron seis. Los tenían amarrados. Ahí estaba mi hijo José del Carmen Aceros. A tres kilómetros empezaron a matarlos. A las siete de la noche de ese 19 de abril mataron a mi hijo a seis kilómetros de mi casa, al lado de un puente, en una trocha. Por allá lo encontraron masacrado y sin cabeza.

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Me fui. Sentí que necesitaba cambiar de ambiente. Viajé a un corregimiento que se llama Cañas Bravas, pero como allá había Telecom me contactaron. Me amenazaron, así como lo hacían cuando estaba en Tame. “¿Usted cree que no vamos a llegar hasta allá?”, decían. Tuve que irme para Venezuela, refugiarme, pero me devolví. ¡Uno viejo qué va a conseguir trabajo! Volví a mi pueblo, a Tame, a ese lugar donde perdí a mi hijo y muchas de las personas que conocía.

La gente empezó a llegar a preguntar: “Doña Socorro, qué hacemos”. Pues vamos a trabajar, les dije, vamos a salir adelante y pidámosle a Jesucristo que esa gente no vuelva. En 2011 organizamos la Asociación de Pequeños Productores Flora María, Agrocaflor, que era solamente de puros desplazados y víctimas directas. Ahí estamos, ahí vamos y seguimos luchando.

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Donde vivo hay 16 veredas, aquí todos tienen su pedacito de tierra, porque vivimos de ella. Por eso invito a mis vecinos a que no abandonemos el campo, porque si nos vamos para el pueblo, ¿qué vamos a hacer allá?

Quiero que me ayuden con los proyectos agrícolas y con los niños, aquí hay muchos que quieren jugar y no tienen un balón o una cancha bien organizadita. Los desplazados necesitamos casa porque vivimos en tugurios o casas de madera. Todo porque con esa ola de violencia que hubo acabaron con todo lo material, pero no con nuestras ganas de luchar”.