Tumaco y sus rutas de narcotráfico

Nariño, sitiado por las disidencias de 'David' y 'Guacho'

Informe de la Fundación Ideas para la Paz explica por qué hay disidencias de las Farc. En este departamento hay cinco grupos que se disputan el control del puerto hasta la frontera con Ecuador.

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Detalle de un panfleto del frente Oliver Sinisterra (FOS) al mando de “David”./Suministrada.

Los mataron con tiros de gracia. Sus cuerpos tenían cadenas en el cuello y en las manos. El asesinato del periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra por la orden de Wálter Artízala o Guacho, al mando de un frente de la disidencia de las Farc, subrayó la importancia de entender por qué en el puerto del Pacífico el pulso lo ganaron el crimen y la ilegalidad.

Colombia 2020 tuvo acceso al informe “Trayectorias y dinámicas territoriales de las disidencias de las Farc”, realizado por la Fundación Ideas para la Paz (FIP). El documento, de 176 páginas, es un importante recurso para comprender el fenómeno más allá de los lugares comunes o irresponsables de creer que las disidencias son un “Plan B” de la guerrilla que acordó dejar las armas y reintegrarse a la vida civil.

Lo que sí es cierto, como lo menciona Eduardo Álvarez, uno de los autores del informe, es que las disidencias de las Farc (ver recuadro) son una expresión de que la idea de reincorporación colectiva que tenía la organización se fragmentó por completo.

De hecho, uno de los puntos de partida más importantes de este análisis, que recogió más de 90 entrevistas realizadas en Nariño, Cauca, Guaviare, Caquetá, Meta, Putumayo y Arauca, es que, si bien es cierto que los factores económicos y criminales cumplen un papel muy importante en la continuidad de estos grupos, no lo son todo.

“Los cambios de liderazgos, los temores e incertidumbres sobre los avances de la implementación, las medidas de reincorporación y las garantías de seguridad también han influido en el surgimiento de disidencias. “No es posible equiparar las disidencias de las Farc comandadas por ‘Iván Mordisco’ en Guaviare, Vaupés y Guainía, con las que encabeza ‘Gentil Duarte’ en el Meta ni con las que encabeza ‘Guacho’ en Nariño”, sostiene Álvarez.

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Las disidencias en cifras

Las inconsistencias en las cifras que hay a la hora de hablar de las disidencias en el país son constantes. Mientras que el vicepresidente de la República, Óscar Naranjo, afirma que “el 6 % y sólo el 6 % del universo de las Farc se fue a las disidencias”, sin explicar la base sobre la que se calcula ese porcentaje, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, dice que hay 1.100 disidentes, sin dar un porcentaje; y el comandante de las Fuerzas Militares, general Alberto Mejía, recientemente afirmó que serían aproximadamente 1.200, es decir, un 15 % del total de lo que eran las Farc.

Esta última cifra se acerca más a los cálculos que la FIP ha hecho desde finales de 2017 (entre 1.200 y 1.400) a partir de su trabajo de investigación con organizaciones sociales y organismos de inteligencias del Estado.

Los elementos que sí comparten todos sobre estas estructuras armadas es que han reclutado forzosamente a jóvenes e integrado nuevos miembros a sus filas; y que, al igual que otros grupos armados, han subcontratado estructuras criminales preexistentes.

De ahí la necesidad de analizar la historia, el perfil de los integrantes y el contexto en el que se dan. En Nariño, por ejemplo, en la frontera con Ecuador, hay cinco grupos armados que se disputan el control del territorio.

Vea infografía: Pie de fuerza aproximado de las disidencias de las Farc en Colombia

Al occidente

A diferencia de otras regiones del país donde existe una relación de cooperación entre las disidencias, Nariño se caracteriza por una confrontación violenta, principalmente entre antiguos integrantes de las Farc. En esta región se están matando entre ellos exmiembros del frente 29, que se encontraban en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (conocidos como Resistencias Campesina y Los de Sábalo), y otros integrantes de las columnas móviles Daniel Aldana y Mariscal Sucre de las Farc.

Estos grupos también están compuestos por integrantes de otras estructuras armadas ilegales que nunca han dejado de operar en el puerto del Pacífico. De hecho, fuentes de la Fuerza Pública señalaron que los grupos en Nariño serían los que menos exintegrantes de las Farc tienen.

Esto se debe a que estas columnas móviles ya subcontrataban a redes delincuenciales desde antes de la firma del Acuerdo de Paz. Fue el caso de los Rastrojos, cuyo origen es la simbiosis entre paramilitares y narcotraficantes en el suroccidente de Colombia desde los años 90.

En 2012, los Rastrojos fueron derrotados por los sucesivos golpes del Estado y la arremetida de las Farc. A sus integrantes en Tumaco les tocó escoger entre dos destinos: ser asesinados por las Farc o unirse a sus filas. Muchos de ellos optaron por el segundo camino y se unieron a la guerrilla, pero en 2017 no entraron al proceso de dejación de armas y desmovilización, entre otras razones, por el rechazo de mandos de las Farc.

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La venganza de “David”

De ese rechazo nació un grupo de jóvenes que integraban redes de apoyo de la Daniel Aldana, que al no estar incluidos en los listados que entregaron las Farc al Gobierno, conformaron un grupo autodenominado “Quinienticos”. El grupo fue desmontado, según versiones de la zona, por los mismos mandos de las Farc. “El asesinato de los jóvenes no calmó los ánimos, por el contrario, surgió el grupo “Gente del Orden”, con presencia urbana en Tumaco y en la zona rural. Los del área urbana terminaron convirtiéndose en actuales jefes de barrio en Tumaco, y los de la zona rural quedaron al mando de Yeison Segura Mina, conocido como Don Y.

Ante la presencia y entrada de estructuras criminales asociadas con el paramilitarismo, como las AGC, en Tumaco, la zozobra aumentó la desconfianza de los farianos. Pero el asesinato de Don Y, en noviembre de 2016, un mando de la entera confianza de la cúpula de las Farc detonó la desestabilización.

“Habitantes de la región aseguran que los mandos le dieron a Don Y dinero para iniciar proyectos productivos y asegurar las rutas y los perímetros de quienes se fueran a preagrupar hacia la zona veredal de La Variante”, pero Don Y no acató las órdenes, empezó a sacar coca por su cuenta” y tuvo una relación con la población muy violenta.

Don Y fue citado por las Farc a San Pedro del Vino, una pequeña población sobre el río Patía, para rendir cuentas. Allí murió en el fuego cruzado, justo el mismo día de la firma del Acuerdo de Paz. La fractura fue irreversible, y se profundizó con las reiteradas quejas de los milicianos sobre su futuro y las condiciones de inseguridad en los barrios de Tumaco.

Tras la muerte de Don Y, su hermano Víctor David Segura, alias David, asumió el mando de la Gente del Orden y buscó vengar la muerte de su hermano con los excombatientes de las Farc. “En este contexto, las redes de milicianos y de apoyo urbano de la Daniel Aldana, lideradas por el Pollo, el Tigre, Cardona, Hugo, entre otros, se quisieron sumar al proceso de paz, pero fueron rechazados y acusados de ser bazuqueros y “negros brutos”.

De esos 300, 126 se acogieron al proceso de reintegración individual en cabeza de Pollo y Cardona, mientras que los restantes regresaron a las filas de David, quien creó las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP), cuyo primer objetivo militar fueron “los 126 del Pollo”, como se les reconoció coloquialmente. En un semestre, las GUP de David se convirtieron en la disidencia más fuerte de Tumaco, con cerca de 300 hombres.

Fuente: Trabajo de campo FIP 2017-18, SIMCI 2017, Elaboró: FIP 2018

La llegada de “Guacho”

A mediados de 2017, la presencia de las Guerrillas Unidas del Pacífico en Alto Mira y Frontera estaba marcada por asesinatos selectivos, actos de violencia sexual y reclutamiento forzado.

En este contexto, entre agosto y septiembre de 2017, Wálter Patricio Artízala Vernaza, conocido como Guacho, llegó a la zona y buscó recuperar el control que había tenido cuando había sido mando de las Farc, grupo al que había entrado 10 años atrás.

Guacho aprovechó las redes de apoyo, los milicianos y el soporte en dinero y armas de narcos colombianos y emisarios de carteles mexicanos para recuperar los corredores de movilidad entre los ríos Mira y Mataje, que conducen hacia territorio ecuatoriano y el océano Pacífico.

La estructura de Guacho continuó funcionando como la columna móvil Daniel Aldana: se dedicaron a actividades principalmente criminales, pero mantuvieron cierta legitimidad social y política, en especial con los colonos que llegaron a la región avivados por las Farc.

Muchos combatientes ya habían perdido la confianza en el Gobierno por la muerte en combate de Óscar Armando Sinisterra Ramos, alias Oliver, en 2015, tercer cabecilla de esa estructura con gran ascendencia entre la tropa. De ahí el nombre del frente Oliver Sinisterra.

En los panfletos que empezaron a repartir afirman haberse estructurado en enero de 2017, dicen contar con una dirección colegiada, se reafirman en los principios fundacionales de las Farc y reivindican su existencia por el incumplimiento del Gobierno en la implementación del acuerdo de paz.

Una de sus primeras acciones fue oponerse abiertamente a la sustitución de cultivos de uso ilícito y a la erradicación. Esa sería la causa del asesinato, en octubre de 2017, de José Jair Cortés, líder del Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera, así como de la masacre ocurrida en El Tandil, también en octubre de ese año. Incluso, este frente ha citado a cocaleros de corregimientos como Llorente para explicarles la manera en que va a ser regulada la compra y venta de hoja y pasta de coca.

“En esta región hay fuertes tensiones entre campesinos, indígenas, colonos y población afro, porque el Acuerdo Final establece el desarrollo de un programa de asentamiento, retorno, devolución y restitución de los territorios del Consejo Comunitario Alto Mira, una vez se adelante el proceso de sustitución. Lo que el frente Oliver Sinisterra y quienes lo apoyan no quieren que se dé”, detalla el informe de la FIP.

Con el control de Guacho las cosas para la población tampoco cambiaron. Su frente de cerca de 500 hombres hoy controla puntos de embarque, tiene presencia en diferentes puntos de los ríos mediante redes de apoyo y hacen labores de inteligencia. Todo sobre el río Mira, donde, rumoran, habrían recuperado caletas con armamento de las Farc.

El frente que comanda Guacho busca a toda costa detener el avance de la Guerrilla Unida del Pacífico y coordina acciones con las disidencias del frente 29 para contener cualquier avance del Eln hacia la zona de litoral, con quienes tienen diferencias.

En esa carrera violenta, el frente Oliver Sinisterra también se ha enfrentado a las fuerzas públicas colombiana y ecuatoriana, principalmente en la provincia de Esmeraldas, cercana al río Mataje.

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La disputa urbana en Tumaco

A la entrada de las calles se posan los “puntos”: jóvenes y niños que alertan la entrada de las autoridades o de alguien que no pertenezca al barrio.

A los “puntos” casi siempre les siguen uno o dos anillos de seguridad, conformados por jóvenes armados con pistolas, revólveres y armas largas que portan celulares y visten con ropa de marcas reconocidas. “Los jefes de barrio” casi nunca duermen más de tres noches en la misma casa. Son conocidos y respetados, tienen compadres y familiares dispuestos a dar su vida por protegerlos. En Nariño el año pasado fue el que más homicidios tuvo desde 2012 y es probable que 2018 deje aún más.

Esta disputa entre grupos está dejando en Tumaco otras cicatrices que no son registradas, porque no se denuncian. “Como sea, doña, su hija va a ser nuestra”, las “enganchan” comprándoles celulares y ropa ante la impotencia de sus madres y padres. Los que pueden, las envían a Pasto o Cali. Las que no tienen esas posibilidades, han cambiado sus horarios: salen sólo de día y regresan a sus barrios antes de las cinco de la tarde (...) Las mujeres que han vivido de “conchar” o recoger camarones en los esteros también han tenido que modificar sus rutinas para evitar ser violadas, pues allí están ubicados “puntos”, resalta el documento.

La recomposición de grupos ilegales arrastró a quienes ya venían desde antes, pero también a otros jóvenes que al iniciar el proceso de paz sólo tenían 10 años y hoy,16, la edad, según funcionarios, que predomina entre los integrantes de estos grupos.

En Tumaco, las Farc han vivido un proceso de degradación donde primó lo económico sobre lo político. La ausencia de una estrategia oportuna de seguridad y reincorporación, liderada por los mandos de las Farc y promovida por el Estado, fue el detonante de la desesperanza y la impotencia de este puerto sumido en la violencia y el narcotráfico.

*Lea el informe completo aquí

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