Mujeres que impulsan negocios para vivir en paz

La Fundación de mujeres ‘Vivir Mejor’ trabajan en Valencia (Córdoba) para promover proyectos productivos y reducir la brecha social del país.

“En este caldero se echan 20 litros de leche, media libra de harina y 17 libras de azúcar. Eso es meramente para la panela. Después de dejarlo secar tres horas, se traslada a la mesa y con unos rodillos se estira la masa hasta que la panelita queda plana. Después se va secando un poquito hasta que con una regla las parto”. Jorge Suárez es un músico trompetista del municipio de Valencia (Córdoba), que impulsó su pequeño negocio de panelas: la Dulcería Adrián. Este negocio sostiene la casa y su familia, también al hijo menor de Jorge, con el que se inspiró para nombrar la empresa.

Esto no habría sido posible sin la iniciativa de la Fundación ‘Vivir Mejor’. Esta organización la crearon un grupo de mujeres víctimas del conflicto hace 15 años en Valencia con el objetivo de atender a otras víctimas y brindarles apoyo psicosocial. “Yo estudiaba derecho cuando mataron a mi papá. Una queda llena de miedo y de impotencia y en virtud de eso nos fuimos encontrando una a una y hablábamos de lo que vivíamos, de la amargura que había en nuestros corazones, hasta que un día decidimos hacer algo por las personas que, como nosotras, están viviendo momentos de tristeza y de dolor”, explicó Elvira Negreti, abogada de la Fundación. Su tono de voz es tan firme como la apuesta de ‘Vivir Mejor’.

En la misma línea se expresó Marudel Arteaga, psicóloga de la fundación, al contar que los primeros años fueron duros; “a nosotras nos estigmatizaban muchos diciendo ‘a ver qué van a hacer esas viejas locas’, pero, poco a poco, la gente se fue dando cuenta que lo que nosotras hacíamos no era una locura, sino una respuesta a una necesidad muy grande que había en la comunidad”. Así pues, el ADN de la fundación se compone de la voluntad de ellas para apoyar a las familias que tienen dificultades, especialmente a las víctimas del conflicto.

Una de las iniciativas más relevantes que han impulsado ha sido precisamente la de los grupos locales de ahorro y crédito, que buscan enseñar la cultura del ahorro en la comunidad. “A través de este programa no solo se enseña a las personas a ahorrar, sino que se trabaja el componente psicosocial, asociatividad y emprendimiento”, aseguró Negreti. De hecho, Jorge pudo empezar su negocio gracias a este programa y a un crédito con Interactuar, una organización que promueve el desarrollo económico y social. Patricia Fuel, directora de Inversionistas Sociales de Interactuar, alegó que son “unos convencidos de que con un cambio de mentalidad de las personas se va a aprovechar bien el crédito, la capacitación, el entrenamiento y vamos a poder transformar vidas”.

Asimismo, Negreti explicó que “este programa llegó a una comunidad que tiene una mentalidad mendiga, que está acostumbrada a recibir”, pero manifestó el éxito de los grupos, que ya llegan a 320 entre los municipios de Valencia y Tierra Alta. Jorge lo tenía claro; “los grupos locales de ahorro son los que me han dado la fuerza para inyectarle al negocio”, y aseguró que su meta actual es poder ubicarse en un local central donde pueda hacer la fabricación y expedición completa hacia la clientela. Óscar Sierra, asesor de Interactuar, dio prueba del cambio de paradigma que se empieza a materializar: “es muy poco común ver a un empresario que se caiga y no se levante. Aquí, si a una persona no les funciona el negocio, viene mañana y monta otro”, aseguró.

‘Vivir Mejor’ es la encargada de gestionar, con el crédito de Interactuar, las iniciativas de negocio que tienen las personas participantes de los grupos de ahorro. Esta iniciativa, impulsada por mujeres víctimas del conflicto, es de gran relevancia en un territorio que ha sido duramente golpeado por la violencia, sobre todo por parte de paramilitares. Precisamente, las mujeres han sufrido por partida doble ya que, además de la violencia propia del conflicto, han sufrido abusos por parte de una sociedad aún demasiado machista. “Nosotras queremos que a la mujer se le dé la importancia que merece y que se reconozca su trabajo”, apuntó Arteaga que, a su vez, no vaciló cuando dijo que “la mujer se está atreviendo a salir a trabajar, a fomentar empresas, a generar ingresos, a salir de la casa… y esto para nosotras es muy relevante”.

Los vecinos de Valencia aseguraron a este diario que “los paramilitares siguen, ya no como antes, pero siguen y ajustan cuentas. Todavía existe el temor y no estamos libres”. A un año del acuerdo de paz, muchos aseguran que las cosas no han cambiado mucho y que la débil institucionalidad actual no contribuye a generar paz, sobre todo en los territorios. En esta línea, Fuel se pronunció de forma tajante: “A veces, el estado formula políticas o programas desde Bogotá que no casan con las necesidades reales de esta Colombia donde un funcionario público no viene. Nosotros podemos ser un brazo del estado para materializar políticas que realmente respondan a lo que necesitan los municipios de Colombia”, dijo, puesto que “la ausencia de paz se da cuando no hay oportunidades de salir adelante”.

Esa ausencia de estado se muestra con toda su crueldad al pasear por las calles de Valencia. En una de ellas habita la familia de Elisa López, de 69 años. Ella vive en una choza de madera, en un desorden aparente de gallinas y ropa tendida por todas partes. Elisa cuida a su padre, de 113 años y ciego, además de a su hija soltera y a sus seis nietos, que corretean por el patio celebrando un gol del América -de un partido retransmitido en diferido-. Ella y su familia son desplazados por el conflicto armado y viven en el último eslabón de una pobreza estructural que se manifiesta tan visible como incómoda.