Marañón, ejemplo de comercio justo en Córdoba

Hace diez años,  habitantes del corregimiento Flecha Sabana, en Chinú, se organizaron para cultivar una nuez con un mercado incipiente en Colombia. Por su capacidad organizativa y el respaldo institucional, son un caso de éxito agrícola en la región.

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Casi la totalidad del marañón se pierde. Solo la nuez es comercializada en gran cantidad para acompañar alimentos y como pasabocas. / Fotos: Óscar Pérez - El Espectador

La historia de Asomarañón se escribe a través de su constancia. Fueron ocho años de un trabajo persistente por parte de un grupo de campesinos de la sabana cordobesa para que la nuez del marañón que ellos cultivan llegara a los supermercados de todo el país. La tarea no solo les llevó largo tiempo, sino el reto de establecerse como una organización de cultivadores de una nuez tan poco conocida y consumida en Colombia.

Su gran logro es que la Compañía Nacional de Chocolates los contratara como proveedores de marañón para venderlo dentro de su línea de nueces y pasabocas de la marca La Especial. Algunos de los marañones que usted saca de estos paquetes son el resultado de una década de trabajo de 63 habitantes del corregimiento Flecha Sabana en Chinú (Córdoba).

Esta tierra tiene vocación para el ñame, el ajonjolí, la yuca, el arroz y el maíz, aun así, desde el 2008 estos campesinos decidieron apostar por un cultivo que hoy es más rentable para ellos que el arroz. El árbol de marañón da sus primeros frutos después de tres años y de ahí en adelante da uno anual, y el kilo lo venden a $3.000, mientras que el de arroz lo venden entre $400 y $700.

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“Tengo cuatros años de coger el cultivo de marañón. El año pasado fueron casi $7 millones los que recogí. Con eso compré el veneno y las herramientas para guadañar, podar o para que no se vayan al piso las ramas. También mejoré los alambrados, compré vaquitas y terneros”, sostiene con orgullo Enaudy Pineda, tesorera de Asomarañón y una de las habitantes que más cosecha sacan al año: entre 1.900 y 2.200 kilos.

Es ella la encargada de administrar el ganado y los cultivos de su casa, mientras su esposo trabaja como vigilante en un colegio militar. Al cultivo de marañón, dice ella, le tiene especial cuidado y cariño no solo por “la agradecida cosecha”, sino por los beneficios que le atribuye a esta fruta. Mientras levanta con su mano el fruto rojo, brillante y de textura lisa, asegura que la pulpa ayuda a curar la diabetes, “pone linda la figura y sirve para afinar la voz y curar la amigdalitis. Tiene tres veces más vitamina C que la mandarina y la naranja, mientras que la semilla ayuda a reducir el colesterol y fortalece la memoria”. Sin embargo, y por ahora, la nuez es lo único con lo que trabaja Asomarañón.

El apoyo que debería replicarse en toda Colombia

“En el 2008, ellos se presentaron a una convocatoria para el programa Alianzas Productivas del Ministerio de Agricultura, del cual salieron beneficiadas 80 personas y a cada uno se les dieron $5 millones con el compromiso de que el 70 % de las ganancias las reinvirtieran en la constitución de la Asociación. Fueron 12 meses de intervención y a partir de ahí iniciaron los contactos con la Compañía Nacional de Chocolates para generar una relación comercial”, explica William Lizarazo, miembro del equipo de implementación de Alianzas Productivas.

“Se hizo el proyecto con el Ministerio y a cada uno de los productores le dieron abono, semillas y le pagaron unas obras de trabajo por un año. Establecimos el cultivo y ahí quedamos. Desde ese entonces trabajamos por nuestra parte, hasta el año pasado”, complementa Jáider Arrieta, presidente de Asomarañón.

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La producción bajó del 2009 hasta el 2013, año en el que cambió la junta directiva de la asociación y Jáider asumió la vocería. Empezaron desde cero otra vez. Cada año, con lo que apenas podían sacar con las máquinas que mandaron a hacer para cortar la semilla, fueron consiguiendo recursos para mejorar los equipos y el centro de procesamiento.

En el 2016, la Compañía Nacional de Chocolates los vinculó oficialmente como proveedores, según explica Jáider, y acordaron que cada dos meses Asomarañón le entregaría entre 700 y 900 kilos de nuez cortada a la mitad y la Compañía les pagaría el kilo a $28.000. “Ahora somos 63 personas, de las cuales cinco son mujeres. Cada productor tiene tres hectáreas para la siembra de esta planta, para un total de 180 hectáreas aproximadamente. El proceso para sacar mil kilos con el sistema que tenemos ahora nos toma entre 20 y 22 días. A cada productor le pagan $3.000 pesos por kilo y en promedio, por un día, entre todos estamos sacando 100 kilos. Si un productor nos entrega dos mil kilos, está ganando $6 millones en esos dos meses”, dice Jáider.

Por este trabajo, en julio de 2017 Asomarañón salió beneficiada de otra convocatoria, esta vez hecha por la Agencia Coreana para la Cooperación Internacional, Koica-Colombia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Departamento para la Prosperidad Social.

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Bajo el proyecto de Desarrollo Económico Incluyente Rural, ejecutado por el PNUD en ocho departamentos más del país, Asomarañón recibió $122.400 millones para mejorar su producción. Desde hace nueve meses, la organización también tiene el acompañamiento constante de técnicos agrícolas para aprender a aprovechar mejor la semilla.

Lina Arbeláez, gerente del área de Reducción de la Pobreza e Inequidad del PNUD para Colombia, explica que el programa lo que pretende es generar desarrollo económico y la diversificación de la productividad en territorios alejados del nodo económico de su región.

“En Asomarañón vimos una sociedad muy bien organizada que podía mejorar su productividad. Vimos también posibilidades de potenciar la comercialización y ahí es donde viene el otro eslabón: que el sector privado entienda que no es que esté haciéndole un favor al campo colombiano al comprar sus productos a un precio justo, sino que está generando cambio, un progreso que también les conviene”, sostiene Lina.

De los recursos otorgados, Jáider asegura que han gastado $37 millones en la adecuación de una oficina, internet, computadores, una unidad sanitaria en el centro de procesamiento y herramientas para sacar mejor la semilla. El siguiente objetivo, que esperan alcanzar a mitad de este año, es la compra de un horno para desprender la cutícula de la semilla, y una máquina cortadora para que la nuez salga completa.

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“Nosotros no llegamos a imponerles un plan de trabajo, sino que construimos un plan de negocios conjuntamente. El acompañamiento técnico dura tres años y la metodología que tenemos también se enfoca en hábitos financieros, pero igualmente en temas de resolución de conflictos y de manejo de clientela”, agrega la representante del PNUD.

Se busca mercado para la pulpa

El trabajo de la Asociación con los tres aliados está enfocado en conseguir la nuez entera con las nuevas máquinas para subir el valor del kilo de $28.000 a $40.000 y ampliar su mercado con otras presentaciones de la semilla. El objetivo es venderle la nuez entera a la Compañía Nacional de Chocolates y explorar otros mercados con las nueces que en medio del procesamiento quedan partidas o en trocitos.

Los restaurantes vegetarianos pueden ser una gran opción para estas presentaciones. Make Out, un restaurante vegano que llegó recientemente a Bogotá, usa los trocitos del marañón en los postres y hace salsas, cremas y vinagretas para las ensaladas con ellos. Se han dado las conversaciones para venderles esta presentación, así no desperdician el producto y mejoran sus ingresos.

Con la pulpa pasa igual. Por más ventajas que Enaudy le atribuya a la fruta del marañón, el 90 % de todo el alimento, son las vacas de su finca las que terminan comiéndosela después de que le quita la nuez. Su astringencia y la sensación árida que deja en la boca no la hacen rentable a pesar del buen sabor que tiene y menos en Colombia, donde no es usual el consumo de la nuez ni de la fruta.

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Si bien las dueñas de Make Out aseguran estar interesadas en comprarles la pulpa para hacer jugos, vino de marañón, batidos o “smoothies”, la capacidad productiva de Asomarañón no llega hasta allá todavía. “Sí queremos aprovechar la pulpa, pero nos falta un ingeniero de alimentos para que le quite la astringencia. Ya le habíamos presentando esta iniciativa al Sena, ellos mandaron una ingeniera que ni siquiera conocía el marañón y tuvimos que desistir de ese proyecto”, resalta Jáider.

Según Bongsoon Jang, director de la Agencia Coreana para la Cooperación Internacional, Koica-Colombia, quien visitó los cultivos de marañón a mediados de marzo, para conocer y aprovechar la pulpa “es necesario un trabajo conjunto con Corpoica, para analizar bien qué elementos nutricionales tiene el marañón. Con esta información podemos diversificar su uso y sacar un certificado de calidad para venderlo no solo en Colombia, sino en otros lugares del mundo”.

La trayectoria de esta asociación demuestra que la agricultura puede ser gran fuente de sustento para el país cuando hay capacidad organizativa de los campesinos, y aún más cuando tienen el apoyo constante del Estado. El sector privado, como en este caso, también puede aportar al desarrollo del campo a través de negocios inclusivos. Asomarañón también puede ser un modelo para implementar los proyectos productivos después de la erradicación de cultivos ilícitos o para mejorar el campo en las regiones más abandonadas por el conflicto.