Los paneles les dieron por primera vez luz eléctrica

Luz solar en Orito, un paliativo al olvido estatal

En la vereda Santo Tomás de Aquino en Orito (Putumayo) llevan más de 40 años esperando a que la Alcaldía les cumpla con el acueducto, la energía y un puente peatonal. La Agencia de Renovación del Territorio les ofreció una solución temporal con paneles solares.

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Varios de los habitantes pudieron usar por primera vez una licuadora en sus casas. / Fotos: Mauricio Alvarado - El Espectador

En diciembre del año pasado, las veintisiete familias de la vereda Santo Tomás de Aquino se reunieron en la escuela para celebrar por primera vez una Navidad con luz eléctrica, gracias a unos paneles solares que les dio el Gobierno. Los que llevaban toda su vida en ese lugar recordaron que les tocaba vivir con la luz natural que les daba la luna y las velas que ponían en sus casas todas las noches, a pesar de que las torres del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional están a 1.700 metros de distancia.

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Esta vereda queda a 40 minutos de la vía principal que lleva de Orito a Puerto Asís. La forma más fácil de llegar es por canoa a través del río Acae, porque no hay otra vía de acceso. A pesar de vivir a orillas del afluente no cuentan con agua potable y los políticos sólo han llegado al lugar para hacerles promesas de obras de acueducto y energía a cambio de votos para la Alcaldía, pero nunca más aparecen.

Ahora es una de las veredas priorizadas por los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), columna vertebral del punto sobre Reforma Rural Integral del Acuerdo de Paz con las Farc. La Agencia de Renovación del Territorio, entidad encargada de gestionar este proceso, los apoyó con los paneles solares, un proyecto que sin duda los ayuda, aunque de manera temporal, porque tienen una vida útil de dos años.

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La comunidad espera que el Gobierno les cumpla con las obras de infraestructura a través de los PDET para el mejoramiento de sus condiciones de vida en el campo. También quieren sustituir los cultivos de coca que hay en el terreno, pero cuando vean las garantías del Gobierno para que los proyectos productivos y la comercialización de los alimentos avance.

Promesas por votos

Élber Mosquera, un joven afro y presidente de la vereda Santo Tomás, y Pedro Fermín, fiscal de allí desde hace ocho años, cuentan que desde 2001 tres candidatos a la Alcaldía de Orito les han prometido la instalación de redes eléctricas y el acueducto a cambio de que votaran por ellos para ese cargo. A pesar de que llevaron materiales, nunca ejecutaron la obra, pero sí pagaron por los contratos.

Élber Mosquera.

Según los habitantes de Santo Tomás, Miguel Alirio Rosero, alcalde de Orito entre el 2001 y el 2004, les prometió la construcción de un acueducto, consiguió los materiales para iniciar la obra e incluso la comunidad los llevó hasta la vereda en sus canoas, pero los funcionarios encargados nunca volvieron para iniciar la construcción. Los materiales quedaron guardados desde entonces en la antigua escuela.

Con la energía fue la misma historia. Llevaban cerca de 40 años sin un asomo de luz eléctrica en su comunidad, así que, a punta de promesas de construirles redes eléctricas, los alcaldes Argenis Velásquez (2008-2011) y José Luis Angulo (2012-2015) consiguieron sus votos.

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“El proyecto salió, nos dijeron que era por 400 y pico de millones de pesos, pero acá lo que apenas llegó fueron los postes, los cables y promesas de que los iban a instalar”, cuenta Mosquera. “La administración pasada nos dijo: apóyenos y dentro de un año ustedes tienen energía. Pasó el tiempo, nos regalaron unos cables y unos postes, pero para guardarlos, porque la gente desapareció para venir a instalarlos”, agrega por su parte Pedro. Estos materiales inútiles por el paso del tiempo llevan años guardados en la antigua escuela.

Otra de las evidencias de las promesas que se quedaron a medias es la base de un puente peatonal que una empresa petrolera se comprometió a construir. Desde hace seis años está olvidada, comida por la vegetación, pues los planos quedaron mal y la estructura no se puede tensar con las guayas porque se cae. Tampoco volvieron a aparecer. Las tablas y los cables para sostener el puente también están guardados.

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Por eso la gente ya no cree en el Gobierno. Han sobrevivido por su cuenta, sin agua potable y sin luz, y la única forma en la que han podido tener ingresos ha sido a través de la coca. Entidades como la Agencia de Renovación del Territorio y la Dirección para la Sustitución de Cultivos Ilícitos han tenido que hacer un trabajo constante para recuperar la confianza en esta vereda.

Llegó primero la energía solar fotovoltaica que la convencional

La Agencia de Renovación del Territorio ha intentado desde el año pasado construir confianza con la población a través de su proyecto Pequeñas Infraestructuras Comunitarias (PIC), una estrategia de la entidad para atender las necesidades urgentes de las comunidades rurales a través de obras básicas. Este es el primer paso, según explicó Jairo Cabrera, gestor municipal de la ART en Orito, para comenzar con los PDET.

A través de consultas que la ART realizó desde marzo de 2017 con la comunidad de Santo Tomás se definieron dos proyectos prioritarios: la construcción del puente peatonal sobre el río para que los niños puedan cruzar hacia la escuela y la instalación de paneles solares para tener electricidad en sus casas. Esta fue la opción elegida por la comunidad ante las promesas incumplidas del Gobierno para tener conexión a las redes de electricidad del departamento.

“La prioridad era el puente peatonal, pero cuando vino la ART nos dijeron que valía mucha plata y que no alcanzaba con los recursos que tenían. Entonces le dije a la comunidad que nos metiéramos al proyecto de paneles solares. Fuimos la única vereda de las diez del municipio que pidió paneles. En Bogotá, al comienzo no lo aprobaron, hasta que gracias a gestiones llegaron los paneles”, cuenta Élber Mosquera.

En octubre pasado llegaron 21 paneles solares con dos baterías por cada unidad familiar. Después de dos meses de instalación, con el apoyo de la misma comunidad para transportar los equipos por río, Santo Tomás pudo prender las luces de los árboles de Navidad y el pesebre. Compraron televisores, licuadoras, ventiladores y neveras de bajo consumo que por fin podían utilizar.

“Con los paneles solares vimos una esperanza de superación porque era necesario en nuestra vida. Ya podemos tomar agua fresca, tomar un jugo licuado y en la noche ver la luz y la televisión”, asegura una abuela de 63 años a quien le dicen con cariño Nery Albita.

Nery Albita.

La inversión que tienen los PIC llega hasta los $450 millones por núcleo, es decir, por el conjunto de hasta diez veredas en los municipios priorizados en los PDETS. En el caso de Santo Tomás, la inversión fue de $73’580.000 e incluyó la compra de los 21 paneles y baterías y el pago por administración a la organización social que acompañó la ejecución de la obra, Cañiasomayo.

Al recorrer las casas de las veredas son más los comentarios positivos, porque pueden ver televisión, tener un poco de aire para refrescarse del agobiante calor y luz en los cuartos por la noche. Sin embargo, también es notorio que la energía que convierte un solo panel no es suficiente para utilizar el televisor y la licuadora al mismo tiempo, ni mantener la nevera prendida por largos períodos.

Nosotros entregamos los paneles por un costo de $2’980.000 cada uno, porque uno con más capacidad puede estar entre los 10 y 12 millones. Lo que ellos pueden hacer es ampliar su capacidad de energía comprando otra batería y otro panel”, explica Jairo Cabrera, de la ART.

Ese es uno de los problemas. Una batería y un panel sencillos pueden costar entre $300.000 y $500.000 cada uno, y la comunidad no cuenta con esos recursos por lo difícil que es comercializar lo que cultivan. Las familias apenas se sostienen con lo que reciben por la coca.

Otro de los inconvenientes es que no es un proyecto a largo plazo ni duradero. En promedio y con un buen cuidado, la durabilidad de las baterías es de dos años. Si bien la ART les cumplió con estos paneles y el proyecto ya acabó, la entidad no se compromete con un banco de baterías o la financiación de paneles para sostener el proyecto más allá de ese período.

Sin bien Jairo Cabrera afirma que la ART firmó compromisos con la Alcaldía de Orito para darle sostenibilidad al proyecto, los antecedentes de promesas y nada de gestión de las administraciones dejan en el limbo el acceso a la electricidad de la vereda Santo Tomás en el futuro.

En cuanto a la construcción del puente peatonal, “ese lo comenzaríamos a hacer cuando tengamos los recursos, que toca empezar a buscar con Alcaldía y Gobernación. No necesariamente lo haríamos nosotros, puede que lo haga alguna entidad diferente, pero sí estaríamos ayudando a gestionar. Si salen recursos por parte nuestra, haríamos el puente, pero si no tocaría buscarlo por otro lado”, agrega Cabrera.

Por su parte, Élber Mosquera, como presidente de la vereda, asegura que sigue intentando contactarse con el actual alcalde de Orito, Manuel Eduardo Ocoró, para gestionar por su cuenta un banco de baterías. También espera que con la sustitución lleguen proyectos productivos con los que las familias se puedan sostener. “Ojalá los nuevos mandatarios que lleguen cumplan y no sólo le hagan promesas al campo. Sólo vienen cuando necesitan votos”, dice con cierta resignación.

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