Sustitución de cultivos, el otro punto clave

La paz en la zona de la disidencia de las Farc

Con tres áreas para concentrar a la guerrilla durante la dejación de armas, Guaviare será un departamento clave en el posconflicto, sobre todo porque en su territorio opera el Frente Primero, que se desvinculó del proceso de paz de La Habana.

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Cerca de 280 personas participaron en el Encuentro Regional de Paz en Calamar, Guaviare.
/ Germán Moreno

El sonido de la detonación retumbó en las calles. La motocicleta cargada con explosivos estalló en el casco urbano del municipio El Retorno (Guaviare) cuando entraba la noche y dejó como saldo seis personas heridas y daños materiales. El hecho ocurrió el pasado 11 de agosto y puso sobre la mesa una realidad ya innegable: la disidencia del Frente Primero de las Farc se declaró en rebeldía frente a las negociaciones de paz que se adelantaban entre el grupo guerrillero y el Gobierno en La Habana. (Vea nuestro especial sobre las zonas veredales) 

Los ánimos, sin embargo, no cambiaron. A pesar de los temores, y los riesgos que podrían enfrentar a futuro, los habitantes de ese y otros municipios del Guaviare en los que históricamente ha tenido incidencia esa estructura subversiva, han mantenido la convicción de que apoyar la paz es el único camino posible para dar fin a más de 52 años de un conflicto armado que parece haberse ensañado con la región. Allá los muertos dejaron de contarse hace años, en medio del sinfín de confrontaciones entre guerrillas, narcotraficantes y grupos paramilitares.

Saben que el proceso no es perfecto, que hay vacíos que necesitarán del fortalecimiento de un Estado que ha brillado por su ausencia y que el camino por andar será espinoso. Pero también reconocen la oportunidad que se abre y por eso hoy apuestan por la paz. Y así lo dejaron ver durante el Encuentro Regional para la Paz que se realizó en días pasados en el municipio de Calamar, territorio elegido por las delegaciones de paz de Gobierno y Farc para acoger una de las 22 zonas veredales transitorias en las que se ubicarán las estructuras guerrilleras para el proceso de dejación de armas.

“Estamos decididos, vamos de frente y encaminados a la paz. Lo ocurrido con la bomba no significa que vayamos a desfallecer. Vamos a decirles a los violentos que se unan a este proceso y pensemos que esta es la posibilidad de lograr un acuerdo definitivo. La paz la vamos a hacer todos y desde el territorio”, aseguró el alcalde de El Retorno, Óscar Ospina, durante el evento, que reunió a más de 200 líderes sociales, comunitarios y empresarios provenientes de diferentes departamentos de la región.

Y aunque la posición de Ospina es compartida por los líderes regionales y departamentales, no dejan de preocupar las implicaciones que tendrá en términos de seguridad el apoyo a la paz y la existencia de una zona de concentración en un territorio dominado por la disidencia de las Farc. Por eso, el principal reparo del alcalde de Calamar, Pedro Pablo Novoa, fue precisamente la falta de consulta a la hora de elegir la vereda de Tierra Negra –ubicada a tan solo cinco minutos de la cabecera municipal– como Zona Veredal Transitoria.

“No nos preguntaron nada para habernos preparado, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones que hoy tiene Calamar con el Frente Primero que no se va a desmovilizar. Obviamente ellos van a querer hacer sus acciones para hacerse sentir en el territorio en el que siempre han tenido dominio”, sostuvo Novoa, al señalar que solo conocieron la noticia un día antes de que llegara la misión técnica de verificación a revisar las condiciones de la zona.

Fue la misma sorpresa que se llevaron los pobladores de Tierra Negra, que terminaron enterándose cuando tres integrantes de las Farc llegaron haciendo la misma tarea de verificación que cinco días después haría la misión oficial del Gobierno y Naciones Unidas. “Llegaron preguntando por la delimitación, si había caños, cuántos habitantes y haciendo un croquis de la zona”, explicó un habitante.

La preocupación es que en medio del proceso el frente disidente tome represalias contra la población por apoyar el proceso. “Nosotros estamos de acuerdo con la paz, pero no nos han dicho nada, ni siquiera hay claridad sobre cuántos hombres serán. Había un predio que ya habían estudiado, pero el dueño no accedió porque hay bastante incertidumbre”, sostuvo la fuente, agregando que uno de los temores más grandes es lo que va a suceder en seis meses cuando –según lo acordado en Cuba– se disuelvan las zonas de concentración: “¿Después de eso qué, se van a ir, se van a quedar? Nosotros no somos más de 120 personas y la vereda no está preparada para recibir a mucha gente, no hay empleo”.

Similar preocupación han manifestado los habitantes de Puerto Cachicamo, otra zona elegida para la concentración guerrillera. De acuerdo con Argenis Ceballos, concejal del municipio y líder campesina, el departamento del Guaviare ha vivido en abandono por parte del Estado y aunque están dispuestos a aportar a la paz, es necesario que primero se den soluciones claras a las demandas básicas de la región.

“No queremos rechazar a nadie, porque le creemos a la paz y queremos contribuir a ella, pero así como nos traen situaciones, que nos traigan soluciones. La gente no sabe qué se acordó en La Habana y debería darse pedagogía para que nuestros campesinos entiendan a qué nos vamos a enfrentar. Ellos en Cuba se creen el cuento porque ya se lo saben y están sentados allá, pero nosotros estamos a la espera de esa anhelada paz que tanto hemos soñado y no entendemos”, manifestó.

Sustitución de cultivos, el otro reto inmediato

Según cifras del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas, en 2015 se reportaron 5.423 hectáreas cultivadas con coca en Guaviare –una reducción de 4 % respecto a 2014, cuando la cifra fue de 5.658–, concentradas en su mayoría en municipios como Miraflores, El Retorno y San José del Guaviare.

De ahí que el tema del punto 4 del acuerdo firmado entre Gobierno y Farc, referente al tema de sustitución de cultivos, sea uno de los que más inquietan a los pobladores. Un panorama al que hace referencia Luz Perly Córdoba, integrante de la Marcha Patriótica y la Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo (MIA), para quien la clave para que la implementación de ese acuerdo funcione está en integrar a las comunidades a los procesos y hacer una reconversión económica.

“Acá la gente tiene toda la intención de sustituir los cultivos de coca, pero si no tienen otra opción de vida, no lo pueden hacer. Por los ríos Inírida, Guaviare, Guayabero y los afluentes de la región se encuentran poblaciones en las que no existe dinero. La plata y las transacciones se hacen con los gramos de coca. La gente para poder comprar comida tiene que llevar la bolsita con la coca y el tendero tiene una gramera para pesarla, la recibe y entrega a cambio arroz, café, pasta, aceite”, explica.

La problemática preocupa sobre todo en veredas como la de Charras (también elegida para la concentración de las Farc), en las que la base de la economía es la coca. “Vivimos de eso, la están arrancando pero no nos están dando alternativa. Se ha dicho que en las zonas de concentración no va a haber coca, pero en últimas los campesinos se van a movilizar a otras zonas de la selva para seguir cultivando porque eso da plata”, sostiene un líder de la comunidad. Otra preocupación es la relacionada con la seguridad, pues en varios territorios la guerrilla ha sido la encargada de resolver problemas cotidianos relacionados con los linderos o el robo de gallinas.

Pero a pesar de las dudas, la apuesta sigue siendo clara, sobre todo porque después de vivir los rigores de la guerra por más de medio siglo, el cansancio es evidente. “Esta gente es la que más añora la paz, porque sí sabe qué es levantarse con una bomba que sonó en el patio de la casa y echar a correr porque no hay más que hacer. Aquí la gente sí ha visto cómo en la época de los ‘paras’ picaban a la gente y no dejaban a la familia llorar sus muertos. Por eso quieren de corazón trabajarle a la paz”, concluye Córdoba.