La cancha donde se dio el segundo Golpe de Estadio

La cancha de la vereda Llano Grande, en Dabeiba (Antioquia), ha unido a la comunidad en los momentos más difíciles de esta vereda. Esta es su historia. 

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La cancha iba a llevar el nombre de José Ricardo Torres, en homenaje al líder veredal que impulsó el fútbol en Llano Grande. Sin embargo, la muerte inesperada de un joven de 17 años en 2017 hizo cambiar de planes a la comunidad. Ahora lleva el nombre de Juan David Cardona. / Fotos: Wálter Arias.

En el recorrido que conduce hacia a la vereda Llano Grande de Chimiadó, en el municipio antioqueño de Dabeiba, es común ver lotes extensos llenos de plantas frutales. Los árboles de papaya están tan llenos de frutos que parece que tuvieran una plaga en lo alto. Es inevitable, entonces, recordar comentarios de pobladores de municipios cercanos que años atrás viajaban a ese municipio porque, aseguraban, la tierra de allí era tan fértil que solo bastaba con tumbar monte y tirar las semillas al aire. Decían con gracia que luego se podían sentar a esperar.

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El recorrido, desde el casco urbano hasta lo alto de la vereda, es de 22 kilómetros. Pero el camino serpenteante y angosto hace que, en un primer momento, parezca de 40.  Durante el trayecto también es paisaje ver cultivos de maíz, frijol, cacao, café y mucha maracuyá, conocida como la fruta de la pasión. 

La pasión no solo está materializada en la maracuyá. Es necesario llegar hasta el final de la vereda para darse cuenta de que la pasión, entendida en ese caso como “afición vehemente”, está representada en un amplio terreno ubicado en la finca El Guayabo: la cancha de fútbol. 

La cancha de Llano Grande, cuyas dimensiones a primera vista parecen las de una profesional, es una especie de tapiz de pasto que resumen gran parte de la historia de la vereda, que se hizo conocida desde finales de 2016 porque el gobierno anunció que allí quedaría una de las tres Zonas Veredales Transitorias de Normalización que habría en Antioquia (hoy Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación). 

En la cancha, la comunidad ha vivido sus días más tristes, más alegres y más gloriosos. Las líneas más recientes se escribieron los días 18 y 19 de junio, cuando allí se desarrolló la actividad “Golpe de Estadio II”, en alusión a la película Golpe de Estadio, que muestra cómo guerrilleros y policías hacen una tregua para compartir un televisor y ver un partido de la Selección Colombia, en las eliminatorias hacia el Mundial de 1994. 

La cinta comienza con esta frase: “Esta película no está basada en hechos reales… ojalá”. El deseo que transmite la última palabra se comenzó a hacer realidad, de alguna manera, casi 20 años después de que fuera estrenada la comedia.  

Pie de foto: (De izq. a der.): Iván Roberto Duque, más conocido como ‘Ernesto Báez’, ex ideólogo político de las AUC;  Luis Gonzalo David, presidente de la Junta de Acción Comuna de Llano Grande de Chimiadó; Rodrigo Pérez Alzate, más conocido como “Julián Bolívar”, exjefe del bloque Central Bolívar de las autodefensas; Luis Óscar Úsuga Restrepo, más conocido como ‘Isaías Trujillo’, ex jefe del Bloque Noroccidental de las Farc; y Pastor Alape, del secretariado de las Farc.

En esta oportunidad, ex enconados enemigos se estrecharon las manos, se rieron, incluso se abrazaron. Miembros de las Farc, del Eln, de las Auc, de la policía, del Ejército y víctimas se encontraron para compartir durante una noche y un día. Durante este tiempo vieron la película, se rieron y sufrieron con el partido de la Selección Colombia frente a Japón, y disfrutaron de dos partidos de exhibición en los que jugaron ex combatientes de las Farc, miembros de la comunidad e invitados especiales.

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Apogeo y caída

Lo que se vivió allí les hizo recordar a los habitantes los momentos más felices y tristes que se han vivido en la cancha. Los más felices incluyen los inicios, hace unas tres décadas, cuando la comunidad se unió para limpiar un lote que les permitiera practicar lo que más les apasionaba: el fútbol. El terreno estaba lleno de caña, hacía parte de la finca El Guayabo y era del vecino Álvaro Cardona.

Desde ese momento, la vereda comenzó a vibrar mucho más. “A partir de ahí comenzamos a invitar a otras comunidades y a organizar torneos de fútbol”, recuerda Luis Gonzalo David, presidente de la Junta de Acción Comunal y quien participó en los diferentes convites que se organizaron para limpiar el terreno.

A la disponibilidad de la cancha se sumó el liderazgo de José Ricardo Torres, vocero  comunitario y deportivo que tomó las riendas del equipo veredal y le imprimió disciplina profesional: lo puso a entrenar martes y jueves, recuerda Yobirson Salas Guerra, quien hoy tiene 38 años.

Torres, además, buscaba apoyo en el municipio para conseguir implementos deportivos para los jugadores. “Él era muy conocido en el municipio y gracias a él se consiguieron muchas cosas para la vereda, como la placa deportiva”, dice su hijo Giovanny Torres, 43 años.

A comienzos de los 90,  el equipo de Llano Grande era imparable. Fue campeón cinco veces, al parecer consecutivas, del torneo interveredal. “Y en Dabeiba hay 117 veredas y cinco corregimientos”, dice Salas con orgullo para enfatizar en el mérito del equipo.

Pero el juego se empezó a detener cuando Dabeiba se comenzó a convertir en foco de los grupos armados. El 20 de mayo de 1992 sucedió un hecho que partió en dos la historia centenaria de Dabeiba, según relatan las crónicas de la época. Ese día comenzó un enfrentamiento tan fuerte entre miembros de las Farc y la Fuerza Pública, primero en el casco urbano y luego en la zona rural, que con el paso de los días dejó 19 muertos: un civil y 18 de las Farc, según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica. Una crónica de ese momento relata que hubo 30 muertos.

La violencia se apoderó de Dabeiba, una localidad que sirve de puente entre el Occidente y el Urabá antioqueño y que a la vez conecta con Chocó y el norte de Antioquia.  

Dabeiba, arropado por profundos cañones (cañón de la Llorona, cañón de Chimiado) fue un lugar estratégico para las múltiples acciones de los grupos armados, por ejemplo la quema de vehículos. Desde 1992 hasta 1999 se registraron 13 masacres y 112 asesinatos selectivos. En 1996 fue asesinado José Ricardo Torres, el técnico de Llano Grande. 

Entre ese año y 2002 salieron del municipio más de 24 mil personas, lo que hoy equivaldría a que Dabeiba, si salieran a la vez, se quedara sin un solo  habitante. En Llanogrande “no quedó absolutamente nadie”, cuenta Luis Gonzalo David, quien perdió tres hermanos durante el conflicto que vivió su pueblo.

Yobirson Salas se desplazó hacia Pereira. Cuando regresó, en el 2000, encontró la cancha llena de árboles. Entonces, junto con otros habitantes, quienes también habían decidido regresar, tomaron machetes y empezaron a limpiar la cancha. “Le metimos días enteros. Pero no había con quién jugar. Solo lo hacíamos por mantenimiento”, recuerda. 

El renacer

La cancha no volvió a tener la vida que tenía a comienzos de los 90. Sin embargo, cuando se instaló allí la Zona Veredal Transitoria de Normalización Jacobo Arango, el terreno cobró protagonismo. Los cerca de 230 inquilinos, bajo la coordinación de Luis Óscar Úsuga Restrepo, más conocido como Isaías Trujillo, consultaron con la comunidad si era posible “meterle mano” a ese lote. La cancha, en realidad, era un terreno plano y grande, pero jamás había sido intervenida para que quedara como una profesional. 

La cancha iba a llevar el nombre de Jesús Ricardo Torres, el líder comunitario que llevó a la cúspide el equipo de fútbol de Llano Grande a comienzos de los 90. La comunidad estaba de acuerdo. Sin embargo, el 13 de mayo de 2017 un habitante de la vereda, muy querido por todos los vecinos, tuvo un accidente de tránsito y falleció. Se trataba de Juan David Cardona, 17 años, hijo de la dueña del terreno y trabajador en ese entonces de la zona veredal. Ahora lleva su nombre.

Pie de foto: Yobirson Salas y Giovanny Torres, habitantes de la vereda Llano Grande. Ellos han estado en todo el proceso de la cancha veredal.

La cancha resucitó. En la actualidad, es la sede de un equipo conformado por ex combatientes y miembros de la comunidad que participa en un torneo interveredal de Dabeiba. Yobirson Salas y Giovanny Torres, hijo de Jesús Torres, hacen parte del equipo. Ambos padecieron los rigores de la guerra y cada semana se encuentran en la cancha con los victimarios. Ninguno de ellos habla de rencor. Ni Yobirson por los años que estuvo por fuera de la vereda ni Giovanny por el asesinato de su papá. “Yo no siento rencor. ¿Qué ganaría con eso?”,  dice Giovanny.

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Yobirson está parado a un lado de la cancha. Adentro juegan ex figuras del fútbol profesional contra un equipo conformado por ex combatientes de las Farc y miembros de la comunidad y de la Fuerza Pública. Cada momento interrumpe la conversación para comentar alguna jugada o para comentar lo que representa para él la cancha. “Este espacio para mí representa tanto. Aquí empezó todo. Aquí llegaron los guerrilleros con sus armas. Aquí se encontró la comunidad tantas veces... Ahora si toda esta gente se va, la vereda se queda sola otra vez y ya no habrá quien juegue en esta cancha”, dice.

Pie de foto: Partido entre ex figuras del fútbol profesional colombiano y ex combatientes y miembros de la comunidad de Llano Grande.

Yobirson parece alegre. Ha dicho en más de una oportunidad que estos partidos son los más importantes que se hayan visto en Llano Grande. Cerca de él está Giovanny, de 43 años. Ambos están listos para entrar al próximo partido. Entran y hacen parte de un equipo de excombatientes de Farc y de Auc. Se enfrentan al equipo Semillas de Vida y Paz de la Comuna 13 de Medellín, dirigido por Víctor Luna, ex jugador de fútbol y ex técnico del Deportivo Independiente Medellín. 

En algunos pasajes se ven cansados, lentos, superados por el ímpetu de jóvenes que podrían ser sus hijos. Sin embargo, se les nota viva la pasión -entendida como la “afición vehemente”- por el fútbol que aprendieron a jugar mientra correteaban bolsas de arroz repletas de más bolsas,como relata Yobirson, en los caminos y potreros de Llano Grande.