La mayoría son desplazados por la violencia

Jugando fútbol y esquivando balas en Ciudad Bolívar

Los miembros de la escuela Estrellas de Casa Loma juegan fútbol en medio de dos ollas de microtráfico. Las pandillas, que se disputan a bala las fronteras invisibles, dejan en medio del fuego a los pequeños deportistas.

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La escuela de fútbol Estrellas de Casa Loma busca que los niños que allí se entrenan no sean reclutados por bandas ilegales.
/ Foto: Gustavo Torrijos

Huir de la guerra para luego huir de la delincuencia común: así se puede resumir la vida de varios de los integrantes de la escuela de fútbol Estrellas de Casa Loma en Ciudad Bolívar, en el sur de Bogotá. Tratan de seguir entrenando, de adquirir agilidad esquivando conos, pero cada día conlleva un riesgo enorme: estos niños y jóvenes entrenan en un potrero en medio de dos ollas de microtráfico. Y ya no es sólo una amenaza en potencia. Para ellos, que sus vidas están en peligro a raíz de los enfrentamientos por las fronteras invisibles, que empezaron a presenciar hace poco más de un mes, es una realidad. Ahora, además de conos, les toca esquivar balas.

En el segundo fin de semana de noviembre, la veintena de niños que entrenan en la improvisada cancha de fútbol tuvieron que suspender las actividades deportivas en ese momento por tiempo indefinido. Sólo el 26 de noviembre un balón volvió a rodar en el terreno, cuando se convocó un partido amistoso con otra escuela de fútbol, como parte de una toma pacífica del espacio deportivo. A pesar de que los tiroteos no se han vuelto a presentar, las dos ollas hacen que en cualquier momento vuelva a haber fuego cruzado entre las bandas.

La escuela de fútbol Estrellas de Casa Lomas nació en 2015, como un proyecto de varios jóvenes del sector para ofrecer un espacio deportivo en el que el fútbol sirva como gestor de paz, solidaridad, respeto, unidad y compañerismo. Los jóvenes que hacen parte de esta escuela, quienes vienen de las regiones más azotadas por la violencia, han desarrollado un sentido de pertenencia con el territorio, en el que pueden aprovechar su tiempo libre y organizar sus ideas, desarrollar sus cualidades, capacidades y soñar con un mejor futuro.

Uno de los niños deportistas, proveniente de Tumaco (Nariño), le dijo al entrenador del equipo: “Profe, yo ya estoy cansado de esto, yo ya viví esto en Tumaco para tener que estar arriesgándome a una bala perdida. No volveré más a los entrenamientos con el equipo”. El Espectador se acercó al último entrenamiento del año de Estrellas de Casa Loma y habló con Juan, un niño caucano que no sabe por qué su familia tuvo que venir a vivir en uno de los sectores más deprimidos de la capital colombiana. Él sólo sigue desde afuera a sus compañeros que juegan. “Sólo atina a decir que le faltan un par de guayos para jugar mejor”.

Ciudad Bolívar es una de las localidades más peligrosas de Bogotá. Por ejemplo, la tasa de homicidios tuvo un aumento de tres puntos, pasando de 36 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2012 a 39 en 2015. Las ejecuciones extrajudiciales, una barbaridad que se escuda bajo el eufemismo de “limpieza social”, se convirtieron en un hecho frecuente. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, Ciudad Bolívar es la zona de Bogotá donde más se han registrado estos terribles crímenes. El año pasado se contabilizaron 189 casos: el 28 % de la capital.

La situación es tan compleja para el equipo Estrellas de Casa Loma que incluso familiares de niños del grupo hacen parte de las redes de venta de microtráfico. En algunas ocasiones los miembros de las ollas, que no superan los 18 años, juegan con ellos. Este diario habló con los habitantes de la zona, que por temor a represalias solicitaron no ser nombrados. Denunciaron que, a su juicio, las ollas tienen total libertad para funcionar. “La Policía patrulla todo el barrio, pero curiosamente las ollas no las tocan”, contó un habitante de la localidad.

El microtráfico es tan fuerte en esta localidad que en abril pasado la Policía tuvo que realizar un operativo en 170 colegios de Ciudad Bolívar para desarticular a las bandas que se dedican a la venta de estupefacientes y se camuflan entre los vendedores ambulantes. En 2014, según un estudio de la Secretaría de Gobierno, en dicha localidad operan 21 estructuras delincuenciales asociadas al sicariato y al expendio de drogas. El documento señala que la banda criminal los Paisas es la que controla el mundo criminal de Ciudad Bolívar. Hoy aún lo hace desde el deprimido barrio Altos de Cazucá.

Simplificar el fútbol a “22 tipos corriendo detrás de un balón” era un error luego de ver las multitudinarias movilizaciones y homenajes que se hicieron en todo el mundo a raíz de la tragedia aérea que vivió el plantel del equipo brasileño Chapecoense. Para este grupo de niños de Casa Loma el fútbol es mucho más que un simple juego. Una persona cercana al proceso de la escuela aseguró que “ellos se sobreponen para sobrevivir en un contexto en que la delincuencia común, el microtráfico, las pandillas, hogares rotos y la falta de oportunidades están a la vuelta de la esquina. En muchos casos es lo único que tienen”.