Jóvenes de Antioquia y Chocó comparten la paz

En Vigía del Fuerte (Antioquia) los jóvenes de Chocó y de Antioquia conversaron sobre sus iniciativas de paz en el Campamento Juvenil por la Paz.

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El Campamento Juvenil por la Paz dejó claro que los jóvenes quieren mantener la paz. / Fotos: Gustavo Torrijos - El Espectador

“Y los otros que también torturan la esperanza y la dignidad de mi pueblo, ellos también son culpables. No aguanté más las desapariciones de mi gente, las metrallas, y salí, así como me ven”. Así, con una camisa a medio poner y descalzo. Así grita su texto un actor del Grupo de Teatro Imágenes. En la obra Máscaras denuncia los desaparecidos no sólo de su Atrato querido, sino de todo el país.

Este grupo de teatro nació hace 14 años en Vigía del Fuerte (Antioquia), un municipio marcado por el conflicto armado. Algunos de sus integrantes participaron en el Campamento Juvenil por la Paz, el último de los diez Momentos Pedagógicos por la Paz (Mopepaz), una iniciativa de la Fundación Portafolio Humano que es financiada por el Fondo Sueco Noruego de Cooperación con la sociedad civil colombiana (FOS). También participaron, especialmente en el espacio para compartir experiencias, jóvenes de Antioquia y Chocó integrantes del Voluntariado de Paz del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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El trabajo en Vigía del Fuerte comenzó en mayo, con el primer Mopepaz. Esto está enmarcado en el cumplimiento de la Resolución 2250 del Consejo de Seguridad de la ONU, que dice, básicamente, que los jóvenes deben vincularse a la construcción de país, de territorio, de paz y de solución de problemas de los mismos jóvenes. Es como ellos, que han participado en los conflictos, ahora buscan ser parte de la solución.

Jóvenes de Antioquia y Chocó compartieron sus ideas de paz. /Fotos: Gustavo Torrijos - El Espectador.

Ahora, en el territorio y para el territorio, cuentan con el apoyo del Voluntariado de Naciones Unidas para la Juventud, Creciendo Juntos y Manos a la Paz, un programa de pasantías para universitarios que quieren trabajar por la paz y vincularse a un territorio distinto.

¿Por qué en Vigía del Fuerte? Este municipio de Antioquia vivió el conflicto en tierra, agua y aire. “Aquí comenzó la masacre del 2 de mayo del 2002”, dijo Yoiner Palomeque, un vigieño que prestó ayuda humanitaria ese día, cuando en Bellavista, Bojayá (Chocó), comenzaron los combates entre los paramilitares y la guerrilla de las Farc.

La gente en Vigía y en Bojayá, solo a cinco minutos en lancha el uno del otro, tuvo que callar. “Muchos siguen en la claridad de lo oscuro”, dijeron en el montaje Máscaras del Grupo de Teatro Imágenes. El que no callaba, desaparecía. El que decía que no a alguno de los actores armados, era asesinado.

Ahora, 15 años después de esa masacre que todos recuerdan, y en momento distinto, ya sin enfrentamientos en su territorio, Vigía del Fuerte se proyecta como un territorio de paz. El grupo Imágenes es una iniciativa claramente identificada en esa construcción. “Queremos que en Vigía no nos miren por los hechos de violencia, sino por otras cosas, como la cultura y la paz”, eso mueve al grupo, dice su director John Jairo Chaverra, quien es docente y desde esas dos líneas, la educación en la escuela y el arte, participa del cambio.

El Grupo de Teatro Imágenes trabaja hace 14 años por la paz en Vigía del Fuerte. 

Imágenes de un pueblo

Bajo la lluvia, por las calles oscuras y embarradas del pueblo, fueron llegando los actores, convocados sólo un par de horas antes. Había ensayo. El profesor John Jairo recibió a su grupo. Acudieron los del semillero de teatro, que es para los niños; los del “grupo del medio, que son adolescentes, y los mayores.

El ensayo comenzó como cualquier otro en otra ciudad: recorriendo el escenario, caminando a distintas velocidades, sin hablar, sin cambiar la postura y sin tocarse entre ellos. Al terminar, el profe les pide que se sienten y escuchen la actividad de improvisación. Los actores y las actrices deben formar parejas. Uno esculpe, el otro es la masa. La escultura: el amor.

A pesar de la guerra, del confinamiento, de las casi tres horas en lancha que separan a Vigía del Fuerte de Quibdó, la ciudad más cercana, todos fueron capaces de esculpir amor en el otro.

Máscaras, su último montaje, es diferente a los anteriores en algo sencillo: está enmarcado en el proceso de paz. Para construir la obra tuvieron que empezar a investigar para no caer en mentiras. Y finalmente quedaron cinco escenas. El recuerdo de la masacre de Bojayá y los desaparecidos del Atrato y de toda Colombia; los miedos de la sociedad y de los excombatientes sobre la reintegración; el testimonio de una familia que perdió a un ser querido y se preguntan por el perdón; la polarización que hubo por el plebiscito; y finalmente plantean que para una paz estable y duradera es necesario darle espacio al amor.

La gran reflexión del teatro crítico, “el que va de cara a los derechos humanos en la defensa de la vida”, dice el profesor John Jairo, es la importancia del amor y de la reconciliación, todo mientras se recuerda y se reclama. Los jóvenes, entonces, son una pieza clave para lograr el objetivo.

Trabajar con ellos es sembrar dudas sobre la historia y sobre lo que se da por sentado. Trabajar con ellos en torno a la idea de paz, dice el profesor, significa enfocar toda la energía que tienen en construir algo positivo y, muy importante, en arrebatárselos a la guerra, a las drogas, al odio.

“Tenemos una obra que titulamos La puerta. Decimos que tenemos que quitarle los jóvenes al mundo de las drogas, de la plata fácil, de la politiquería. Es a través de la cultura que podemos resistir”. Y esa idea del profesor va en la misma línea de la resolución 2250, de los Mopepaz y del trabajo de otros jóvenes que intercambiaron sus experiencias con algunos de los integrantes del Grupo de Teatro Imágenes.

Los jóvenes de la paz

Al Campamento Juvenil por la Paz asistieron jóvenes de Antioquia y Chocó, intercambiaron sus experiencias de construcción de paz, sus miedos, sus dudas y sus esperanzas. El punto en común: en manos de los jóvenes está mantener la paz y la reconciliación en sus municipios.

Además de la energía, esta generación de jóvenes es la más numerosa en la historia. Hay 1.800 millones de jóvenes en el mundo y a menudo son los más afectados por los conflictos. Constantemente, también han sido los perpetradores en las guerras, es por esto que el cambio debe hacerse ahora.

“Normalmente tendemos a relacionar la juventud con violencia y extremismo, pero la verdad es que se trata sólo de un pequeño porcentaje de la población joven. La mayoría de la juventud está realmente trabajando por la paz y quiere vivir en un mundo en paz”, dijo Jayathma Wickramanayake, enviada del secretario general de la ONU para la Juventud al preguntarle sobre por qué enfocarse en los jóvenes.

Y en Vigía del Fuerte se vio. En el Mopepaz 10, varios jóvenes compartieron sus experiencias como constructores de paz. Yédison Cárdenas Aristizábal, por ejemplo, hace parte del programa de Voluntariado por la Paz del PNUD y es concejal de Amalfi (Antioquia). Él, junto con otros jóvenes, construyeron la política pública de juventud en Amalfi, lideraron la pedagogía del Acuerdo Final para el plebiscito y lograron ampliar las ofertas de inclusión y de alternativas para jóvenes.

“En Amalfi estamos desarrollando un proyecto que tiene que ver con cultura ciudadana que se llama Días de Pueblo. Es encontrarnos en el parque, en un colegio, en el barrio, y hablar de temas que pueden ser complicados, pero bajo unas reglas de respeto, de tolerancia, de aceptar la diferencia”, dijo Yédison.

También en Antioquia, pero en el propio Medellín, en lo alto de la montaña nororiental, en el barrio La Honda, está la Casa de Encuentros Luis Ángel García Bustamante, un espacio del que se ha apropiado la comunidad para construir paz en un barrio y una comuna tradicionalmente estigmatizada como Manrique.

Dávison Alexánder Zapata estudia formulación de proyectos en el Sena y también hace parte del Voluntariado de Paz. Coordina la Casa de Encuentros alrededor de la idea de procurar la paz desde lo más básico, desde lo comunitario, comunicarse y reconocerse. “En la Casa hay un tema de memoria del conflicto armado y nos hace un llamado a no repetir. Nos motiva el desarrollo de la casa misma y cómo ella ha servido de refugio para los desplazados que llegaron a la ciudad y ella los desplazó, pero la montaña los acogió”, reflexiona.

También trabajan con jóvenes desde dos líneas: el deporte y el arte. “Camino al ring” es un grupo de boxeo en el que los jóvenes pueden transformar su vida a través del deporte. La otra línea va camino a desestigmatizar a los jóvenes que están en la calle, en las esquinas, a quitar el peso social que dice que están ahí para lastimar y que lo hacen porque quieren. Muchos consumen sustancias psicoactivas, pero también cantan, bailan, pintan. La Casa quiere ofrecerles alternativas para potenciar su arte y que, en el camino, salgan de sus adicciones o de la calle.

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Desde Chocó, en la zona norte de Quibdó, también se presentó un proyecto de paz territorial por y para la juventud. Néifer Murillo Martínez, de la fundación Te Abrazo, Chocó, contó la experiencia de este grupo ante los asistentes al campamento. Después de ver jóvenes andando con armas, de ver morir a sus vecinos a manos de otros jóvenes, decidieron hacer algo. La fundación beneficia a 250 niños y adolescentes que ocupan su tiempo jugando fútbol, baloncesto y voleibol, así como conversando en torno a la paz.

La juventud se mueve, aprovechan los apoyos que encuentran y no escatiman en recursos humanos. Vigía del Fuerte pasó de ver a un actor que causó mucho daño a intentar pensarlo de otra manera. “Es un proceso lento, la comunidad se está preparando, tenemos que sanar heridas”, dijo el director del Grupo de Teatro Imágenes.

Sabe la juventud de Chocó y de Antioquia que una parte de la construcción de paz territorial corresponde al Estado en cuestión de infraestructuras, oportunidades con programas de atención, prevención y ampliación de la oferta, pero el papel de la ciudadanía, especialmente de los jóvenes, es la formación de valores, ética y reconciliación.