Indígenas, violencia y paz en Nariño

Once municipios de este departamento conforman la décima circunscripción de paz. Se trata de territorios con gran presencia de resguardos indígenas y con una historia reciente marcada por masacres. 

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El 4 de febrero de 2009, guerrilleros de las Farc asesinaron a 11 miembros del resguardo indígena awá en Nariño, departamento de la décima circunscripción de paz /Archivo El Espectador.

Nariño guarda una parte de la historia dolorosa del conflicto en Colombia. Sobre los territorios de esa esquina del país, la columna Mariscal Sucre de las Farc masacró en febrero de 2009 a cerca de una veintena de indígenas awás, que estaban en el resguardo Tortugaña-Telembí, ubicado a dos días de camino desde el municipio de Barbacoas.

(Vea el especial de circunscripciones especiales de paz)

La razón del ataque, dijo la guerrilla en un comunicado de ese entonces, fue porque los indígenas eran supuestos “informantes” de la Fuerza Pública. La zona de la masacre es tan remota, que, según las reseñas de los medios de comunicación, el número de víctimas reales sólo se pudo determinar dos meses después de ocurrido el hecho.

Y ese resultado fue posible también porque unos 700 indígenas, de diferentes partes del país, llegaron al lugar para adentrarse en el terreno y dilucidar lo que les había pasado a sus pares, pero también, como lamentable sorpresa, para encontrar cadáveres y fosas comunes de asesinatos que habían ocurrido un año antes.

A los muertos se les sumó el desplazamiento masivo de unas 400 personas. Y la masacre de los awás entró a ser parte de la lista de abusos y violencia en contra de los indígenas, que se hace visible de diversas maneras, incluso en formas de víctimas de las minas antipersonales.

El ataque fue perpetrado por las Farc, pero, a su vez, pudo ser cometido por cualquiera de los actores armados que se pasean por las veredas de un territorio en disputa, con presencia histórica del Ejército de Liberación Nacional (Eln) y los grupos armados que surgieron de la desmovilización de las autodenominadas Autodefensas Campesinas de Nariño o los Rastrojos.

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Por esta y otras razones, once municipios de Nariño forman parte de la décima circunscripción especial de paz que pretenden crear los acuerdos de La Habana, cuya discusión en el Senado continuará en la próxima legislatura. Estos son Tumaco, Barbacoas, El Charco, La Tola, Mosquera, Olaya Herrera, Francisco Pizarro, Santa Bárbara, Magüi, Ricaurte y Roberto Payán.

La población de estos municipios, proyectada a 2018, es de 458.810 personas y se estima que 28.771 están en los resguardos indígenas. Juntos tienen un potencial electoral de 224.310 ciudadanos, un censo sobre el que las autoridades deberán buscar la forma de blindarlo para que no resulte afectado por los numerosos riesgos a los que se expone de cara a las elecciones de 2018, debido a su ubicación y a los actores armados que operan en la región. En pocas palabras, ver de qué manera evitan que éstos metan las manos en los comicios y los candidatos.

La Misión de Observación Electoral (MOE), en su informe sobre las circunscripciones de paz, advierte una presencia del Eln en la mayoría de los municipios y un arraigo del paramilitarismo, entre medio y extremo, en pueblos como El Charco, Barbacoas y Tumaco.

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Asimismo, será una de las circunscripciones con mayor presencia de cultivos ilícitos. Tumaco lidera, por mucha ventaja, la lista de los municipios que albergan mayores hectáreas de cultivos ilegales en el país, con 16.000. Le siguen Barbacoas (2.453), Olaya Herrera (2.173), Roberto Payán (1.938) y El Charco (1.417).

En materia electoral, la batuta la tienen liberales y conservadores. Los primeros ganaron en ocho de los once municipios en las elecciones a la Cámara de 2014; en los tres restantes ganaron los azules. Las votaciones al Senado estuvieron más reñidas: el Partido Liberal obtuvo la mayoría de los votos en seis municipios y el Conservador, en cinco. Asimismo, Juan Manuel Santos ganó en todos los municipios en primera y segunda vuelta de las presidenciales.

Por otra parte, seis hechos que califican como violencia política y social han ocurrido en esa región entre enero 2016 y el 20 de abril de 2017, discriminados en cuatro asesinatos a líderes sociales en Tumaco, uno en Barbacoas y un atentado a un alcalde electo en Santa Bárbara.

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Y la violencia continúa. De hecho, en ciudades como Tumaco la tasa de homicidios ha encendido las alarmas del Gobierno Nacional y, en palabras de Guillermo Rivera, ministro del Interior, en ese municipio “se está evidenciando una tasa de homicidios alta que lastimosamente debemos aceptar, pero decididamente debemos enfrentar”.