A un año del plebiscito del 2 de octubre

Entre la esperanza y el desencanto: niñez y juventud en Planadas

La juventud de este municipio tolimense está desencantada. Por el contrario, los niños sienten paz y creen en un cambio posible.

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Jóvenes y adultos conversan sobre su municipio en el parque principal de Planadas (Tolima) / Cortesía La Paz Querida

En el centro, rodeado de comercio y de montañas, se alza el parque Los Fundadores de Planadas (Tolima). No tiene vocación de encuentro y por eso luce vacío. Es más bien una tarima con contadas bancas de madera debajo del sol picante, una fuente con estructuras triangulares, jardines y dos grandes árboles llenos de chicharras que cantan todo el día sin parar a causa del verano. Su soledad es entendible porque fue epicentro de guerra o silencio durante el control de las Farc alternado con el del Ejército Nacional. Ahora, un año después del plebiscito por la paz, los jóvenes de este municipio sufren el desencanto del no futuro. Los niños, por el contrario, proyectan paz.

En esa plaza se desarrolló la actividad “Diálogos intergeneracionales”, organizada por el grupo La Paz Querida, una organización de ciudadanos que creen en el diálogo como la forma predilecta para contribuir a la solución de los problemas de Colombia. La idea consiste en sentar en una mesa a cuatro personas de distintas edades y ponerlas a dialogar sobre su municipio. Casi siempre se usa la metodología participativa de Café del Mundo, en la que hay un anfitrión y tres embajadores que rotan por las otras mesas para compartir lo conversado en la suya.

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En Planadas estos diálogos coincidieron con la primera Semana de la Juventud que se hacía en el pueblo. La primera a pesar de que este evento es mandato nacional estipulado por la Ley Estatutaria 1622 de 2013, Estatuto de Ciudadanía Juvenil. Nada más los cuatro años en los que no se realizó la Semana Nacional de la Juventud hablan de la situación de los jóvenes y adolescentes de este municipio, en el que, según la proyección del DANE, cuenta con casi 10.000 personas entre los 10 y los 26 años.

Los jóvenes de los tres colegios de bachillerato del municipio fueron citados a la actividad, pero luego de esperarlos más de una hora, sólo llegaron diez. En esos mismos colegios se instalaron los puestos de votación, donde el 52 % de los 6.205 planadunos que votaron el plebiscito del 2 de octubre de 2016 dijeron No. El porcentaje de abstención fue del 68,45 %. Curiosamente, desde las cuatro vías que rodean la plaza fueron llegando niños que no entendían por qué había sillas, mesas y carpas en ese lugar, mucho menos por qué había música, si las fiestas fueron en julio.

También madres con sus bebés, jóvenes embarazadas y adultos mayores. Más de 80 personas se dedicaron a dibujar cómo era su municipio, qué los enorgullecía de él, lo que habían aprendido de los mayores y por qué había esperanza con la firma del Acuerdo de Paz.

“Me siento orgulloso por la tranquilidad y la gente”

Los niños no recuerdan la violencia, ni alcanzan a comprenderla toda. En varios de los manteles donde plasmaron sus respuestas resaltan la tranquilidad de su pueblo, lo bonito de sus paisajes y la libertad en la que se vive.

Tienen razón. En lo que va de este año se han reportado 69 hechos victimizantes, sin diferenciar casco urbano y rural. ¿Siempre ha sido tan tranquilo el municipio, las montañas, la carretera que comunica al pueblo con Bogotá? No, esa cifra hace una diferencia abismal con los 2.564 casos de 2008. El conflicto en Planadas es dos años más antiguo que el mismo municipio. La guerrilla de las Farc nació en 1964 en Marquetalia, territorio que hace parte del corregimiento de Gaitania (Tolima). En este lugar, contrario al resto del municipio, ganó el Sí en el plebiscito.

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Incluso, hasta 2002 la ley era la de las Farc. Así lo dice Carlos Murcia, quien es promotor local del programa Fortaleciendo de la Pastoral Social. Él vive en Planadas desde que tenía siete años, es decir, hace más de 30. Recuerda que en los años 90 los conflictos del pueblo los resolvían los comandantes de la guerrilla de manera inmediata y por vía de la violencia: amenazando a quienes “perturbaban la tranquilidad y seguridad”, y asesinando a quienes no se adscribían a su ley.

“La paz es importante para que no haya peleas entre el Ejército y la gente del monte”

Y luego llegó 2003. Una mañana de ese año Carlos Murcia, docente en una escuela que quedaba en una zona elevada, vio llegar 14 helicópteros Black Hawk en medio de las montañas que ya habían bombardeado. No tenía espacio para el terror, él debía calmar a los pequeños que estaban a su cargo y que escuchaban el estruendo, veían el fuego y las bolsas negras con cuerpos sin vida que colgaban de los aparatos voladores.

“La gente del monte”, como durante el diálogo intergeneracional le llamó un niño de 12 años a las Farc, se adentró más en las montañas y el mandato de la Seguridad Democrática intentó recuperar el territorio a toda costa.

Ahora Planadas está entre bases militares, pero los uniformados que transitan por el pueblo no siempre llevan fusiles. De hecho, fueron partícipes de los diálogos. Se encargaron de armar las carpas, cuadrar el sonido, poner la música y organizar el lugar. ¿Quieren hablar de paz? No lo dicen, pero prestan apoyo social cuando no tienen armas encima.

El tiempo de la esperanza y la paz

La presencia del Ejército, que recientemente no se ocupa sólo de la guerra, no puede cumplir con las funciones del Estado social ni de la justicia. La institucionalidad en el municipio se quedó corta. Ahora que no hay la ley de prohibición de las Farc, se han presentado robos, prostitución y consumo de sustancias psicoactivas. Estos son problemas generales en Colombia, pero en Planadas no hay oferta estatal para evitarlos ni resolverlos.

Por esta razón se empezó el reto de hacer pedagogía de paz, así como articular y generar oferta social y cultural especialmente para jóvenes. Los encargados de devolverle la esperanza a esta parte de la población son el gestor de paz, Carlos Trujillo, los jóvenes pasantes de la estrategia Manos a la Paz del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y el promotor local, Carlos Murcia.

¿Por qué son los jóvenes la prioridad? Además de que son gran parte de la población, tienen una situación compleja: el estudiante de Planadas se dedica a estudiar hasta el grado 11, en esos años de bachillerato la recreación se limita al deporte, piscinas o charcos. Pero los espacios de fines de semana son los estaderos y bares. Y cuando salen del colegio, el que tiene dinero para irse a estudiar lo hace, pero el que no se va para una finca a jornalear, a trabajar el café, viene los fines de semana, vende sus productos y va a beber, así lo relatan Trujillo y Murcia.

Carlos Trujillo cuenta que su labor como Gestor de Paz se creó para el municipio “observando que estaba llegando oferta a partir del acuerdo de paz y no había articulación ni coordinación. Los programas de la Agencia de Desarrollo Rural, Agencia de Renovación Territorial y Agencia Nacional de Tierras, así como las propuestas de organizaciones sociales, se perdían”.

La actividad dio la impresión de que por la juventud no hay mucho por hacer, pero no es así. El trabajo es largo y requiere un interés real y un apoyo de las instituciones. Ahora, en la atmósfera de paz en la que coinciden los pobladores, el reto es construir espacios para el tejido social, opciones para la educación técnica y superior y fortalecer el empleo. Así, los niños que dibujaron un pueblo próspero no estarán equivocados.