Viaje a límites entre Chocó y Valle del Cauca

El saber deportivo en medio de la guerra

La situación humanitaria en el río San Juan es dramática debido a la confrontación armada entre el Eln, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y la Fuerza Pública. A pesar de eso, los indígenas Wounaan organizaron unas olimpiadas deportivas.

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El equipo de fútbol de Nonam, antes de saltar a la cancha a jugar. / Fotos: Holmes Villegas - Acnur

En el corazón de la guerra que libran el Eln, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y la Fuerza Pública se jugó un partido de fútbol.

El encuentro se dio en la comunidad de Agua Clara, área rural de Buenaventura (Valle del Cauca). El lugar es una muestra de los embates de la confrontación. Entre el 28 de noviembre de 2014 y el 29 del mismo mes, pero del 2015, todas las familias que lo habitaban se desplazaron hacia el casco urbano de la ciudad portuaria (donde cinco niños de la comunidad murieron). Pero Agua Clara retornó y hasta el 28 de julio fue anfitriona de la edición número 12 del Encuentro de intercambios de saberes ancestrales, culturales, deportivos y territoriales del pueblo indígena Wounaan*. (Lea: "El reto de reparar a las etnias en Chocó")

Antes de saltar al campo de juego, el entrenador de la selección Nonam me contó que además de ser el técnico del equipo de fútbol es profesor de física y de matemáticas en la escuela de la comunidad de Puerto Pizario (ubicada en zona rural de Buenaventura). Las barreras para acceder a la educación que se les presentan a las comunidades indígenas y negras que habitan a las orillas del río San Juan son una problemática diaria. Por ejemplo, en la comunidad afro de Malaguita no tuvieron profesor durante todo el 2016, razón por la cual diez niños y sus familias salieron hacia Buenaventura y otras comunidades para completar el colegio.

Sus pupilos estaban ansiosos. “Profe, ¡hace rato nos están esperando en la cancha!”, dijo uno. Él le replicó que ellos sólo saltarían al campo de juego cuando sonara el himno de la comunidad. Los once jóvenes que estaban bajo sus órdenes esperaban en una fila que encabezaba el más bajito, que portaba una bandera verde, blanca y roja, que es la de la Institución Educativa Nonam.

Le pregunté acerca de los retos que implica ser profesor en Puerto Pizario. Me sonrió de una manera que quería decir que prefería no hablar del tema. Y las razones que él no me quiso exponer son muchas. 

Mientras en algunas regiones del país se está asentando la tranquilidad tras la dejación de armas de las Farc, el río San Juan es teatro de una guerra cada vez más cruda. El día del partido pudimos ratificarlo. Estaba planeado dormir en una carpa en Puerto Pizario. Sin embargo, por la posible presencia de actores armados en la zona, pasamos la noche en Docordó (cabecera del municipio de Litoral del San Juan, en Chocó).

Durante muchos años los frentes 29 y 30 de las Farc controlaron el Bajo San Juan, pero a su salida hacia las zonas veredales (donde dejaron las armas), el frente Che Guevara del Eln, las AGC y la Fuerza Pública se disputan los espacios que quedaron vacíos y sin institucionalidad.

Sonó el tan esperado himno y los 11 muchachos entraron a la cancha. Estaban vestidos de azul claro. Si no fuera por sus rasgos indígenas y las condiciones de la cancha, se podría decir que parecía el Manchester City. Claro, si no fuera también por la guerra en medio de la cual jugaban. Dos horas antes del partido pasó al frente de la cancha de fútbol un pesado barco con apariencia de tanqueta y bandera de la Armada colombiana. (Le puede interesar: "Paz con hambre generaría nuevos conflictos en Chocó")

El río San Juan es un afluente estratégicamente vital. Tiene siete salidas al mar Pacífico, por lo cual es una ruta obligada para los traficantes de drogas, madera y oro ilegal hacia países centroamericanos como Panamá. En las noches se escuchan lanchas rápidas, pero la Fuerza Pública dice que controla el San Juan desde la comunidad de Palestina hasta sus salidas al mar. La pregunta que queda es si de verdad controlan el río y se dejan sobornar por los traficantes o si, simplemente, no lo controlan.

A pesar de todo, el árbitro (un profesor de la comunidad) dio el pitazo inicial. El nerviosismo del equipo Nonam era evidente: malos pases, movimientos erráticos y desorganización. Estaban debutando en un torneo que disputan ocho selecciones del mismo número de comunidades indígenas Wounaan. Siete de la zona rural de Buenaventura y una del Litoral San Juan. A los dos departamentos los separa el río.

Ese juego confundido hizo que la primera opción de gol fuera para la selección Cocalito. Un balón equidistante entre el delantero y el arquero de nonam terminó en un choque de espinilla contra espinilla. El guardameta quedó adolorido en el piso y el director técnico, profesor de física y de matemáticas hizo las veces también de médico deportivo. Dos palmadas en la espalda y, con un rostro apretado por el dolor, el cancerbero se levantó.

No había sido una acción malintencionada. Ambos fueron al piso en busca del balón, pero tras deslizarse sobre un barrial, chocaron. En esa cancha, que el técnico bromeaba “no es un rectángulo, sino un óvalo”, el balón no rodaba uniformemente tres metros. Tales eran las condiciones que el arquero, intentando mermar su dolor, optó por echarse agua de un charco gigante que había en su área chica.

A los 25 minutos llegó el gol de Cocalito tras un error de la defensa y una lucha incesante del delantero con unas tres trampas de barro antes de definir. El técnico de Nonam decía que el juez de línea no sancionó un fuera de lugar “clarísimo”. Luego, la lluvia. Tras 10 minutos bajo el aguacero, el "profe", un negro delgado de 1,80 y chanclas embarradas, pidió a dos jóvenes que le alcanzaran una hoja grande para resguardarse del agua. Hoja que le sirvió para lo mismo que sirve una sombrilla: impedir a duras penas que se moje la cabeza.

El técnico de Nonam sólo entrena una vez a la semana a su equipo y en el partido se nota. Pero tiene una explicación. En el reguardo Puerto Pizaro los indígenas están confinados en su propio territorio por el enfrentamiento armado. Desde el 2014 no pueden pescar después de las 4 p.m. y no pueden ir “al monte”, lugar donde se encuentran sus cultivos de pancoger, cuando pasa el mediodía.

Llegó la charla técnica del medio tiempo. El “profe” les pidió jugar más por las bandas. Orden que fue desacatada porque en esa cancha se jugaba apenas como se podía. Igual a como se vive desde el 2014, cuando la guerra se recrudeció.

El desplazamiento ha llegado a tales niveles que las comunidades que quedan en el territorio se llaman a sí mismas “resistentes”. Puerto Pizario recibió el 20 de agosto de 2016 a 120 indígenas provenientes de los cabildos Puerto Guadualito y Unión San Juan, ubicados en la otra margen del río. Llegaron allí luego de que el 15 del mismo mes una mujer fuera torturada. El trauma de ese episodio los obligó a desplazarse. Más recientemente, el 17 de mayo de 2017, la misma comunidad recibió a seis familias de Cerrito Bongo que se desplazaron huyendo de combates entre actores armados y hoy viven en albergues hechos de lona.

La situación del desplazamiento en la zona es la más grave del país: Litoral San Juan y Buenaventura son los dos municipios que más desplazamientos han reportado en lo que va corrido de 2017, con 1.189 y 451 personas respectivamente.

A pesar del desorden en la cancha, el equipo mejoró. Tenían a sus contrincantes contra el arco. De un tiro libre en el minuto 30 llegó el primer gol. Un golazo. El cobro desde un costado de la cancha bañó al arquero. El dominio de Nonam se mantuvo. Sin embargo, el cansancio era evidente y el técnico gritaba al árbitro para pedirle que acabara el partido. Además, había un riesgo latente: que el San Juan anegara la cancha, un hecho rutinario debido al crecimiento de la marea. Por eso las casas de madera en las que viven los wounaan están construidas sobre pilotes.

El árbitro se negó a acabar el partido. Cocalito estaba metido en su propio arco. El charco que había en el área chica impidió que un remate de un delantero de Nonam traspasara la línea de gol. Ese hecho motivó que el narrador del partido, un negro que hablaba a través de un micrófono conectado a un bafle, dijera: “Le pido al cabildo que gestionemos un bulto de arena para echar en ese sector de la cancha, porque eso nos va a generar problemas”.

Pero los ataques de Nonam no cedían. Hasta que lo consiguieron. En el minuto 43 entró el segundo gol y en el 45 un centro desde el costado izquierdo fue desviado por un delantero. Liquidado el encuentro: 3-1 a favor de Nonam. A su técnico se le olvidó que estaba pidiendo tiempo y luego de cada anotación entraba a la cancha entre saltos y gritos.

No era para menos. Para llegar hasta Agua Clara debieron pasar por hacerle frente al temor que existe en la región por el riesgo latente de combates o excesos por parte de cualquiera de los grupos armados. Sobre todo teniendo en cuenta que las comunidades indígenas y afrodescendientes,a pesar de vivir al lado del río, cada vez se movilizan menos por él. El miedo los ha sitiado tanto que hasta su dieta ha cambiado. Antes iban a pescar a las bocanas del río, pero hoy están vedadas para ellos. Por eso varias comunidades han pasado de pescar a comprar el pescado. Según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), que monitorea permanentemente la situación humanitaria en la región, entre 2016 y el primer semestre de 2017 por los menos 4.500 personas de las comunidades del río San Juan han vivido confinadas.

Al término del partido se anunció que seguían más deportes, la cita indígena también incluía sus tradiciones culturales, juegos como el arrancayuca (una persona se agarra a un tronco y otra intenta hacerla soltar), el rajaleña (gana quien más leña corte), el pingar (también le dicen “anzuelos”: dos personas se agarran de sus índices y halan hasta arrastrar al otro) hicieron parte de la cita que se pusieron los indígenas asentados en las márgenes del río San Juan. Cita que el miedo y la guerra vieron desde la barrera.

*El Encuentro de intercambios de saberes ancestrales, culturales, deportivos y territoriales del pueblo indígena wounaan es una iniciativa apoyada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y por el Comité Olímpico Internacional.