Primeras sensaciones al llegar a la X Conferencia de las Farc

El país del mundo al revés

La situación  en San Vicente ha cambiado al punto que ya  hace presencia en el municipio la Unidad Policial para la Edificación de la Paz, UNIPEP, encargada de implementar los planes de la institución para el posconflicto y que tiene como gran objetivo acercarse a la comunidad y enfocarse en la convivencia ciudadana.

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Una gran explanada en la inmensidad de los llanos del Yarí fue el lugar elegido por la comandancia de las Farc para realizar la Décima Conferencia. Allí impera el ambiente festivo entre los guerrilleros próximos a dejar las armas.
Óscar Pérez

El país del mundo al revés. Esa ha sido la sensación desde que llegamos al departamento del Caquetá para el cubrimiento de la Décima Conferencia de las Farc. La primera sorpresa fue encontrar a la entrada de San Vicente del Caguán una carpa del circo militar. La comunidad hacía fila para ver el espectáculo. La segunda, fue encontrar a un grupo de policías en el parque Fundadores de este municipio con un parque infantil brindándoles juegos a los niños. Los carabineros ofrecían sus caballos para que los menores se dieran un pequeño paseo.

Esta imagen, que puede ser habitual en otros pueblos, aquí resulta extraña. En este municipio, epicentro de la zona de distensión para los diálogos entre 1998 y 2002, y considerado por décadas como retaguardia estratégica de las Farc, era normal que los soldados vivieran en el enclaustrados Batallón Cazadores y los uniformados no salieran del búnker en el que se convirtió la estación de Policía, bajo la amenaza de morir bajo las balas.

Para la población resultaba casi imposible generar relaciones de confianza con la fuerza pública por temor a ser calificados por la guerrilla como auxiliadores de sus enemigos. Este fantasma está desapareciendo. El coronel Andrés Becerra, comandante operativo de la policía de Florencia, reconoce que desde hace seis meses, puede hacer recorridos por todas las unidades del departamento sin sentir el asedio de las Farc.

La situación ha cambiado al punto que ya  hace presencia en San Vicente la Unidad Policial para la Edificación de la Paz, UNIPEP, encargada de implementar los planes de la institución para el posconflicto y que tiene como gran objetivo acercarse a la comunidad y enfocarse en la convivencia ciudadana.

Las sorpresas nos seguirían asaltando por el camino. Al salir de San Vicente para buscar la carretera que nos llevaría al lugar de la Conferencia, nos encontramos con un retén militar en el que como es habitual, pidieron documentos y preguntaron para dónde íbamos. La respuesta estuvo cargada con algo de sarcasmo: para la reunión de las Farc. Sin inmutarse, los soldados nos devolvieron las cédulas y nos dejaron pasar con un amable: Sigan, que tengan buen viaje.

En tiempos de la zona de distensión, estas carreteras veredales estaban controladas por varios retenes guerrilleros que bloqueaban el paso a extraños. Después de 2002, las autoridades y pobladores recomendaban no salir del casco urbano o hacerlo “bajo su responsabilidad”. Los caminos exhibían como trofeos de guerra vallas en homenaje al Mono Jojoy, Alfonso Cano o Manuel Marulanda.

En esta oportunidad no hubo un solo control de la guerrilla y habían desaparecido las vallas insurgentes. La actitud de la población fue tranquila y amable y los periodistas grabaron sus casas y sus calles sin que nadie saliera a reclamar.

Más extraño resultó ver a varios miembros del secretariado de civil y sin armas. En estas, las que fueron por décadas sus tierras, solían pasearse con impecables camuflados y rutilantes fusiles. Nada de eso apareció hoy. Por el contrario, pobladores e incluso la policía y el ejército vieron pasar buses intermunicipales repletos de hombres y mujeres de las Farc. Sin armas y sin uniforme, los guerrilleros se movieron con tranquilidad por trochas, lanchas y carreteras para llegar a la cita más importante de sus vidas, la asamblea en la que decidirán su futuro como organización política sin armas.

El ambiente en este lugar, ubicado en la vereda El Diamante, era de fiesta. Pocos guerrilleros armados y todos en disposición de interactuar con los casi 900 periodistas que llegaron de diferentes lugares del mundo y del país (hay una gran presencia de medios alternativos). Al lado de la racha donde cocinaban los guerrilleros, un grupo de periodistas, en el que se oían diferentes idiomas y acentos, cocinaba su almuerzo en una olla comunitaria.

Los corresponsales extranjeros no paraban de tomar fotos y conversar con los guerrilleros y hasta se bañaron juntos en el pequeño caño que bordea el campamento mixto Isaías Pardo, en una extraña convivencia. Ese es el ambiente de una guerrilla en cese al fuego, los fusiles quedaron colgados en las caletas y lo que queda es 10 días que culminarán con actos culturales y un gran concierto el lunes 26 de septiembre, de manera alterna a la firma del Acuerdo Final en Cartagena.