El Huila reclama protagonismo en la distribución de los recursos para el posconflicto

El cementerio Jardines de Paz del municipio de La Plata, en el departamento de Huila, será el primer camposanto del país en el que se adelantará el proceso de exhumación en el marco del acuerdo sobre víctimas pactado entre el Gobierno y las Farc en la mesa de diálogos en La Habana.

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Habitantes del Huila miran las ruinas después de un enfrentamiento entre grupos armados.
En los últimos años, Huila ha sido el escenario de fuertes operativos de las Fuerzas Armadas contra las Farc.
Archivo El Espectador

Las autoridades exhumarán 32 cuerpos previamente identificados en el cementerio Jardines de Paz del municipio de La Plata, en el departamento del Huila. Ese será el primer camposanto en el que se hará un proceso de exhumación en el marco del acuerdo sobre víctimas pactado en La Habana, Cuba. Se cree que hay 30 cuerpos más.

Un hecho que demuestra el impacto de la guerra en una región que ha sido calificada por el Gobierno como prioritaria para la construcción de la paz y cuyas dinámicas han estado siempre influenciadas por sus vecinos: Cauca, Putumayo y Caquetá, también escenarios de la confrontación. De hecho, se sabe que entre la celebración de la primera conferencia de las Farc en Marquetalia (Tolima), en 1964, y la cuarta, en El Pato (Caquetá), en 1971, este grupo definió como sus primeros núcleos de expansión al oriente y el occidente de Huila.

Es innegable pues que las Farc han tenido fuerte incidencia en toda la región, además que los años posteriores al fin de la zona de distensión del Caguán, de la que fueron vecinos, se caracterizaron por la iniciativa de las Fuerzas Armadas frente al accionar militar de la guerrilla, que se reflejó en intensos operativos militares, bajas importantes de cuadros medios y altos, y pérdida del control territorial por parte de la insurgencia, pero igualmente en numerosas violaciones de los derechos humanos e infracciones al DIH por parte de todos los actores armados. Una conflictividad que se ha agudizado, además de las acciones armadas, con la difícil situación socioeconómica del departamento, la crisis del sector campesino, la explotación generalizada de los recursos naturales, el aumento de la desconfianza en la institucionalidad y el descontento social.

Por eso, para Luis Armando Ricardo Castillo, alcalde de La Plata, es necesario que las regiones más apartadas de Colombia conozcan los alcances reales de cada uno de los puntos que se han negociado con la guerrilla en La Habana, como también que se les inserte en ese proceso, pues las realidades sociales son muy distintas de un departamento a otro: “Es muy diferente el caso de Huila al de Antioquia o la Costa Pacífica. El conflicto ha golpeado diferente en unas partes y en otras”, dice.

En este sentido, el criterio es igual al que tienen todos los mandatarios locales en el país: si se quiere una paz estable y duradera, hay que hacer mayor inversión. Y esa inversión, enfatiza Ricardo Castillo, debe darse en todos los ejes: educación, infraestructura, salud, empleo, etc. “Es clave buscar reducir los índices de pobreza que hoy tenemos las regiones, porque indudablemente cuando se hacen políticas públicas que generan determinado beneficio y se insertan al campesinado que ha sufrido la violencia, se está generando transformación”.

Roberto Rosero, alcalde de Isnos, municipio ubicado en el suroccidente de Huila, en el corazón del Macizo Colombiano, conocido como la capital panelera de Colombia, también asegura que ha faltado pedagogía para la paz. “A veces el Gobierno manda delegados, nos reúnen, hablan con las comunidades, pero no son específicos ni concretos. Nosotros no sabemos lo que se está negociando en Cuba, no sabemos cuáles son los acuerdos. Sabemos lo que dicen los medios. Y representamos a una comunidad que nos eligió. Se habla de inversiones y esperamos que desde estos sitios históricamente olvidados podamos colaborar en la construcción de la paz”, señala.

El frente 13 de las Farc hace presencia en la zona. Allí la economía es netamente campesina, y además de la panela hay cultivos de frutas, productos de pancoger y ganadería. Rosero piensa también que es en los territorios donde se conoce lo que ha pasado y lo que está pasando, donde se percibe qué esperan los colombianos y qué riesgos existen frente al posconflicto. Por eso la petición del gobernador de Huila, Carlos Julio González, es hoy tan relevante: “Las características, las dificultades que hemos padecido, los rigores del conflicto interno, su historia, ameritan que el Gobierno contemple una inversión importante y el desarrollo de estrategias que permitan potenciar nuestro departamento en el posconflicto”.