Una de las tres zonas veredales del Meta

Así va la dejación de armas en Mesetas

Aunque la construcción de la zona no llega ni al 10 %, ya están instalados dos contenedores de Naciones Unidas, donde reposan 132 fusiles. El día a día de los guerrilleros rasos sin armas.

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En la zona veredal Mariana Páez hay dos contenedores de Naciones Unidas para recibir las armas de las Farc. / Cristian Garavito

“Hay que estar listo, porque de pronto toca volver a la cordillera”, comentó un combatiente de las Farc mientras salía de la asamblea general de guerrilleros. “No, estoy seguro del proceso de paz”, le respondió otro que se abría campo entre la multitud. Ambos cargaban un asiento y habían participado en el espacio más importante que tiene un guerrillero raso en las Farc. Es ahí donde tienen voz y voto. Ya se había cumplido el día D+180. Era jueves 1° de junio y se supone que ya debía haber culminado el proceso de dejación de armas de los integrantes de la organización, en Mesetas, Meta, y en los otros 25 puntos transitorios y zonas veredales.

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Ese día la asamblea llegaba a su segundo día. El comandante encargado de dirigir la reunión estaba en un atril, hecho con un tronco y un pedazo de tabla, frente a más de 300 guerrilleros. Uno a uno nombraba a quienes habían incumplido oficios en el campamento e iban a ser sancionados. Era Aldinever Morantes, miembro del Estado Mayor del Bloque Oriental (Embo) y al mando de la zona veredal Mariana Páez, como la bautizaron.

La base guerrillera estaba aglutinada debajo de un rancho de guadua y plástico. Esto ya no es un consejo de guerra, me recordaba Rubén, un combatiente del frente 44 de las Farc. Ahora, quien incumple las tareas políticas o sociales que le asignan, debe estudiar y exponer algún punto del Acuerdo de Paz ante la asamblea. Esa es la sanción.

Todo se decide en esa instancia: desde elegir al comité de deportes hasta recolectar plata para cumplir las promesas que les hicieron a sus camaradas antes de que los sorprendiera la muerte.

Hace dos semanas cumplieron una. Cuando Rocío cayó en un bombardeo en La Macarena (Meta), me contó Rubén, ellos la alcanzaron a rescatar, pero ya estaba agonizando. Ella les dijo que se estaba muriendo y que lo único que les pedía era que buscaran a su abuela y a su hija para que las ayudaran económicamente. Después del mensaje, la mujer de 24 años fue enterrada en la mitad de la selva. 

Durante el primer receso de la asamblea, los guerrilleros buscaron la circular número 8 que tiene los detalles del nuevo cronograma acordado con el Gobierno y la misión de la ONU, para la dejación de las armas en las 26 zonas veredales y puntos transitorios. 

Para superar la crisis causada por la decisión de la Corte Constitucional, de cambiar algunos aspectos del fast track, las partes pactaron que el desarme se extenderá hasta el 20 de junio y que las zonas veredales existirán hasta el 1° de agosto. 
Según datos extraoficiales, en los dos contenedores que instaló Naciones Unidas frente al campamento Mariana Páez, hasta la fecha hay 132 fusiles guardados. El resto, las armas de acompañamiento de otros 515 combatientes (entre milicianos y guerrilleros), ya no están en sus manos, sino en dos armerillos, unas cajas de madera aseguradas con candados que se abren con varias llaves. Sólo vi a un guerrillero con un fusil viejo terciado en el hombro izquierdo, pero sin pechera o chaleco de munición.

El discurso del comandante Morantes, que está al frente de la asamblea, apela al comunismo para cuestionar la práctica individualista de la tropa de conseguir dinero. Se supone que aquí los guerrilleros deben seguir como en la guerra: sus únicas posesiones deben ser los implementos de aseo, la comida y los materiales de estudio. 

“A los comunistas en este mundo nos tocó la tarea de sufrir, sufrir y sufrir. Y, claro, los comunistas no viven de aire ni tampoco se alimentan de ladrillo, pero los comunistas no tenemos nada individual. Sólo la muerte y una cruz para que el partido nos venere, si lo merecemos”, recita el comandante.

El discurso de Morantes también era para recalcar lo que Rodrigo Londoño, el máximo comandante de las Farc, había comunicado hacía pocos días a sus tropas: que en algunas zonas veredales los guerrilleros querían hacer plata para sus bolsillos. 

“En muchas partes se están cogiendo de manera individual unos pesos con el trabajo que están haciendo y eso no es de comunistas, yo no sé si a ustedes se les olvidó. Yo no estoy pidiendo la plata para mí, que el partido haga con eso lo que quiera, pero que sea el partido”, les dijo Aldinéver en tono de regaño.

“¿Y los que ya tienen celular por qué no hacen una colecta para comprarles a los que no tienen?”, continuó su intervención, explicando que todos tienen derecho a hablar con sus familias. La tecnología ha acercado a los guerrilleros rasos con sus seres queridos, sin embargo, hay muchos que abusan, dijo el comandante: “Ni siquiera comen” por estar conectados al aparato que reemplazó al fusil. 

No habrá foto dejando armas

Aldinéver Morantes ingresó a las Farc el 27 de diciembre de 1990. Tenía 14 años, hoy tiene 41. Es oriundo de Restrepo (Meta) y proviene de una familia boyacense que huyó hacia el pie de monte llanero tras estallar la guerra bipartidista. Su abuelo y dos tíos fueron asesinados en su municipio por los llamados pájaros a sueldo.

Dos años después, Morantes ingresó de la mano del guerrillero Vladimir Steven, cuyo nombre luego se convertiría en una columna del Bloque Oriental.

De los 60 frentes que llegó a tener esta guerrilla en todo el país, en este bloque de los Llanos Orientales operaban 36. En esta región surgieron cien compañías especiales que se desplegaron por todo Colombia. Por eso, el Meta es el departamento que más zonas veredales tiene, tres: en Mesetas, Vista Hermosa y La Macarena. 

Morantes fue comandante de compañías, frentes y, desde 2008, miembro del Estado Mayor del Bloque Oriental. Conoció de cerca esta estructura militar y política, y por eso se atreve a decir que ellos tuvieron el poder en muchos municipios durante 20 años a través de las alcaldías. “Igual que los paramilitares cuando pusieron senadores”, comentó mientras conversábamos sobre el tipo de armas que iban a dejar.

 “¿Armas que yo haya portado? No me sé el nombre de todas, pero puedo decirle que pistolas, fusiles, armas de artillería. Todo eso lo conocimos porque nos obligaron a portarlas y muchas veces a dispararlas. Para nosotros las armas significaron la posibilidad de defendernos y de construir un proyecto político que está conociendo Colombia”, dijo cuando le pregunté por el día en que depositó su arma en el armerillo.

¿Y cómo saber que las van a entregar todas?, le dije. “El Ejército de Colombia, en cabeza del comandante, dice que tiene toda la lista de las armas de las Farc. Y nosotros le creemos, porque es un Ejército capacitado en la guerra de guerrillas. Lo otro es que el pueblo de Colombia puede estar seguro de que ya decidimos que le apostamos a la solución política al conflicto y que vamos a hacer dejación del 100 % de las armas como método de hacer política”.

 La zona veredal de Mesetas es la más grande del país, y la única que cuenta con alojamientos para los guerrilleros que han salido en libertad condicional (162 hasta la fecha), esperando que entre a operar la Jurisdicción Especial para la Paz. Pero aún no han empezado las construcciones para que los combatientes se trasladen de los cambuches de plástico a unos alojamientos de material. 

Por eso, el jueves pasado, cuando se cumplió el día D+180, Morantes dijo que este mes de junio será decisivo para el Acuerdo de Paz. “Mientras las Farc hacen dejación de las armas, a la contraparte le corresponde cumplir con la Ley de Amnistía, levantar las órdenes de captura para todos los guerrilleros, entre otros compromisos. Si hay que cumplir mañana, lo hacemos, pero que cumplamos las dos partes”.

En el receso de la tarde, ese jueves un guerrillero comentó que las caletas con explosivos y una punto 50 estaban a 15 días de camino pasando por páramos y selvas, y que el arma tocaba cargarla entre unas doce personas y por partes. Para encontrar y destruir ese armamento hay plazo hasta el último día de agosto. “Las armas que vamos a dejar son las que tienen las Farc y el pueblo sabe cuáles son. Armas que teníamos para la guerra de guerrillas, porque las Farc no tienen un armamento tan sofisticado como lo han querido mostrar. Armas de artillería e infantería”, apuntó Morantes.

La forma en que se va a registrar la dejación de armas ya está decidida y es autonomía de las Farc, porque así quedó establecido en el Acuerdo de Paz, apuntó. “La organización nunca se rindió. El Gobierno de Colombia no puede decir que nos venció en combate. Construimos un proceso de paz consensuado. Entonces, para nosotros el tema de la dejación de armas es soberano y por eso elegimos cómo hacemos ese proceso. Que ni sueñen que van a ver una foto en Colombia de un guerrillero haciendo fila para dejar el arma”, insiste.

El procedimiento que hasta ahora han utilizado es depositarlas en los armerillos, de acuerdo con el registro que tiene el secretariado de las Farc. Ahí, los delegados de Naciones Unidas, con lista en mano, verifican el nombre del combatiente y el tipo de arma que tenía asignada. Luego las trasladan a los contenedores donde un español y un argentino las custodian junto a un sistema de alarmas que se activa cuando alguien se acerca  al alambrado que rodea el depósito.

 Los contenedores parecen dos carrocerías de camiones tipo furgón. Aldinéver los mostró esa noche del jueves mientras caminábamos y contaba cómo le habían cumplido la promesa a Rocío, la guerrillera que murió en un bombardeo. 

En la asamblea determinaron hacer una colecta y lograron recaudar 2 millones de pesos. Hace dos semanas, la abuela y la hija de Rocío llegaron al campamento y recibieron la noticia. Lo único que dijo la niña ya adolescente, a quien le reservamos el nombre, es que también había perdido a su padre en las Farc. “Petro, se llamaba, y fue otro guerrillero que murió en la guerra. Ya no tengo madre ni padre. Ahora mi familia son mi abuela y ustedes”, pronunció ante otra asamblea de guerrilleros rasos, hace algunas semanas.