Un esfuerzo conjunto entre la ARN y la OIM

Artesanía: un proyecto de tejido social en Barrancabermeja

La Asociación +Arte +Paz reúne a artesanos, miembros de la comunidad, víctimas del conflicto armado y excombatientes para la construcción de paz y reconciliación en el territorio.

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El modelo comenzó a implementarse en 2007 y se ha replicado en 26 departamentos. / Cortesía de ARN Bajo Magdalena Medio

Clara Inés Corredor, originaria de Duitama (Boyacá) y artesana tradicional de bambú y otras fibras naturales, fue desplazada de Puerto Wilches (Santander) después de vivir allí por más de 10 años con su familia. Doña Clarita, como le dicen de cariño, tuvo que dejar sus tierras por amenazas de las Autodefensas Unidas de Colombia el 9 de diciembre de 2005 y migrar hacia Barrancabermeja, en donde hoy trabaja con Artesanías de Colombia en el Laboratorio de Innovación y Diseño y es presidenta de la Asociación +Arte +Paz.

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“Cuando llegué iba un poco prevenida con ellos (excombatientes), pero comenzamos a conocernos, a trabajar en los talleres, y terminamos siendo buenas amigas. Todos tenemos historias de vida por contar”, dice mientras abraza a Luz Dary Valenzuela, excombatiente de las Auc.

Luz Dary, madre de cuatro niños, ha sido PPR (persona en proceso de reintegración) por 12 años. “También soy víctima de las Farc y el Eln. Cuando la guerrilla se concentraba en los barrios nororientales de Barranca, era una zona roja. Nos bajaron de un bus con un revólver en la cabeza, pero Dios me dio la fuerza para enfrentarme y decirles que si nos iban a asesinar, que primero fuera a mis hijos para yo asegurarme que no quedaran huérfanos”.

El esposo de Luz Dary tuvo que abandonar la zona, pero ella se quedó con sus hijos. Las Auc le ofrecieron una oportunidad de empleo y así fue como terminó trabajando en el bloque Central Bolívar de Barrancabermeja en acompañamiento a la comunidad. “Aunque nunca me tocó disparar un arma, el grupo al que pertenecí hizo mucho mal. Es difícil presentarse como una PPR. Hay mucha estigmatización”, asegura.

Estas dos mujeres, ahora amigas, se conocieron en la Asociación +Arte +Paz, un proyecto resultado del Modelo de Reintegración Comunitaria (MRC) realizado en Barrancabermeja por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El proyecto reúne artesanos, miembros de la comunidad, excombatientes y víctimas del conflicto armado colombiano. “Aquí no hay etiquetas. Todos tejen con un mismo sentir y con una misma decisión de paz. Eso es construcción desde el territorio”, dice Lida Sofía Padilla, coordinadora de la ARN para el Bajo Magdalena Medio.

El modelo comenzó a implementarse en 2007 y desde entonces se ha replicado en 26 departamentos, con 156 intervenciones, y ha beneficiando a 30.000 ciudadanos. No solo les brinda apoyo y acompañamiento a los participantes del Proceso de Reintegración, sino también a la comunidad receptora.

De acuerdo con datos de la ARN, en Colombia se han desmovilizado 60.275 personas desde 2001 hasta 2018, liderado por Antioquia, con 12.289 personas; Bogotá, con 5.797; Meta, con 3.424; Valle del Cauca, con 2.918, y Santander, con 2.452 personas. En total, a nivel nacional, 51.788 personas ingresaron al proceso de reintegración y 31.043 de ellas lo culminaron.

Es el tercer modelo que se hace en Barrancabermeja, pero el primero con un énfasis productivo. “Genera un relacionamiento entre quienes estuvieron en un grupo armado ilegal y las comunidades donde están realizando su proyecto de vida en la civilidad. En Barrancabermeja se realizó a través de la artesanía porque creemos que, así como muchas puntadas se unen para tejer un producto, muchas manos se deben unir para construir la paz”, dice Padilla.

Para visibilizar los productos se ubicó en el aeropuerto nacional Yariguíes, de Barrancabermeja, una vitrina para exponer el trabajo de los artesanos y en los próximos meses, en articulación con la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco), se espera instalar otros espacios en los hoteles más representativos de la ciudad. Al proceso, que tuvo una duración de seis meses, se sumaron los esfuerzos de la Cámara de Comercio de Barrancabermeja, el Sena, la Caja de Compensación Familiar de Barrancabermeja (Cafaba), Prosperidad Social, la Cruz Roja Colombiana, Impala Terminals, Artesanías de Colombia y la Alcaldía de Barrancabermeja.

El proyecto fue pensado inicialmente para 30 personas, pero participaron 70 que se capacitaron en temas productivos, además de hacer parte de un proceso de convivencia, reconciliación, resolución de conflictos y emprendimiento. Al comienzo hubo rechazo por parte de algunas personas, pero finalmente el proceso se completó y se formaron lazos de amistad por encima de cualquier rótulo.

Omaira Martínez, artesana originaria de Barrancabermeja “a mucho honor”, especializada en la modalidad de masa de petróleo llamado antiguamente chapapote por los indígenas; Danny Moncada, parte de la comunidad, nacida en el departamento de Bolívar y criada en Barrancabermeja, “50 de aquí y 50 de allá”, y Melva Jiménez, víctima del conflicto armado por la masacre del cuatro de octubre de 2000 de Barrancabermeja y artesana tradicional nacida en el Centro Ecopetrol Corregimiento cinco, se conocieron gracias al MRC de este territorio.

Melva es artesana tejedora desde hace más de 35 años y, por su experiencia, Danny y Omaira le pidieron que les enseñara. De ahí en adelante se reúnen por las tardes en casa de Melva para “tejer, tomar cafecito y galletas”.

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“De todo este proceso nos dimos cuenta de que nos necesitamos. Nos dimos esa oportunidad de compartir el proceso y aprender”, explica Omaira.

Uno de los productos más representativos fue una silla de fique bordado con tres soportes, llamada Paz. Cada soporte representa un grupo participante de la asociación: víctimas, excombatientes y personas de la comunidad. Una de las personas que acompañaron el proceso fue el diseñador industrial José Luis Pinzón.

Esta iniciativa tuvo como objetivo generar espacios de reconciliación y estabilización de la paz con la vinculación de excombatientes en proceso de reintegración y la comunidad en general. Adicionalmente, aportar en el sector turístico y empresarial con productos que puedan ser exportados y comercializados en el mercado nacional. “Que un lugar tan golpeado por el conflicto empiece a ser conocido por su arte, y que la artesanía se convierta en identidad regional”.