Agua Bonita, tierra para no volver a las armas

En Caquetá, los excombatientes han creado una cooperativa agrícola para asegurar su reincorporación. Anhelan el cambio pero critican los incumplimientos del Gobierno. Un desafío que se abordará en el encuentro nacional de Colombia 2020, a un año de la firma del Acuerdo de Paz.

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El cultivo de piña es el principal proyecto en este espacio de reincorporación de las Farc. Tienen 170.000 colinos sembrados y esperan obtener al menos 20.000 piñas por cosecha. / Cortesía ONU

“Me tocó lo más duro”, sentencia Lizeth Camila, exguerrillera de las Farc. Su historia empezó, como lo hicieron tantas otras antes, con la pobreza y la falta de oportunidades. Cuando tenía tan sólo 15 años decidió ingresar a esa milicia por verse privada de educación y de futuro, aunque admite que la decisión no fue fácil, sobre todo por el hecho de dejar atrás su familia y su infancia.

Una vez dentro de las Farc, recuerda, no sin descomponer sutilmente su rostro, que le tocó vivir una época muy dura: el inicio del Plan Patriota del entonces presidente Álvaro Uribe, la mayor ofensiva contra la guerrilla. Lizeth pertenecía al frente 15 en Caquetá, donde ha luchado la mitad de su vida. “Yo era una guerrillera normal, como cualquier hombre, pero las mujeres estábamos expuestas a sufrir mucha más violencia que los hombres”. Actualmente, esta excombatiente vive en uno de los 26 espacios territoriales de capacitación y reincorporación (ETCR), la metamorfosis de las zonas veredales donde las Farc dejaron las armas.

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El ETCR de Agua Bonita, ubicado en el municipio de La Montañita, en el departamento del Caquetá, ha sido rebautizado con el nombre de Héctor Ramírez, en honor a un líder guerrillero. Allí viven más de 250 excombatientes desde hace siete meses. En un principio eran 300 los que tenían que desmovilizarse aquí, pero varios de ellos no quisieron formar parte del proyecto. “Hay una parte de personal que, después de la dejación de armas, decidieron irse a hacer sus proyectos individuales con su familia”, asegura Ximena Narváez, vicepresidenta del ETCR de Agua Bonita. Sin embargo, Lizeth Camila admitió que “en este campo hubo tres disidentes que no estaban conformes con el Acuerdo de Paz”.

La propiedad de la tierra

Más allá de la cuestión de la disidencia, lo que preocupa a los excombatientes de esta zona es la propiedad de la tierra. El terreno que ocupa el espacio de reincorporación pertenece a un cura que ha querido contribuir de este modo a la paz. Él facilitó las seis hectáreas donde se han construido las instalaciones: bloques de casas blancas adosadas, organizadas geométricamente en diferentes calles de tierra y barro. El Gobierno está pagando el arriendo de estas hectáreas al cura, en principio hasta este diciembre.

Los terrenos cultivables, la piedra angular de la cooperativa que han fundado los excombatientes de las Farc, están plantadas con 170.000 colinos de piñas (la primera cosecha saldrá dentro de 11 meses), 7.000 plantas de yuca y 8.000 de plátano. Según Federico Montes, coordinador del ETCR, estos espacios cultivables han sido cedidos “de manera generosa y voluntaria” y “sin necesidad de invadir territorios”. Montes explica que están trabajando para garantizar esta estrategia más allá de diciembre y “lograr adquirir estos terrenos para no perder la inversión que se ha hecho con toda la infraestructura”. Su propuesta es conquistar unidades agrícolas familiares (UAF) para cada uno de ellos. En su misma línea, la vicepresidenta del ETCR apunta a que el Gobierno debe garantizar “que las tierras que van a trabajar estén inscritas a la cooperativa, que sean propias”.

Además de estos cultivos, cuentan con un proyecto piscícola con capacidad para producir unos 32.000 peces, un restaurante, una miscelánea, una zapatería, una ebanistería y la proyección futura de un supermercado para la comunidad. Todos ellos forman parte de la cooperativa que han creado los excombatientes aportando uno de los $2 millones que recibieron después de dejar las armas. Es así como han logrado construir esta cooperativa, aunque jurídicamente aún no la han podido formalizar.

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Sobre la comercialización de los productos todavía hay muchas incógnitas, pero existe un productor de piña del departamento del Huila que se ha ofrecido a comprar las de mejor calidad cuando esté la cosecha lista. En medio de esta conversación, Montes bromea con un militar: “Vamos a hacer un estudio de mercado y veremos qué nos sale más barato. Ustedes pueden comprar también”, le dice el responsable de la FARC al uniformado. “¿Y venderán a precio de proveedor?”, responde el militar. “¡Vamos a vender barato, no es tan difícil, basta con dejar de especular!”, concluye entre risas el coordinador.

Lizeth Camila, además de estar involucrada en los proyectos que están desarrollando en el pueblo, se encarga de documentar y grabar todos los movimientos y episodios de esta pequeña comunidad a través del medio de comunicación de la FARC: Nueva Colombia Noticias. La exguerrillera lleva ya un año manejando cámaras de video gracias a que recibió un curso de filmación en combate. Cuando estaba en la lucha armada, se encargaba de comunicarse con los otros frentes a través de ondas de radio. “Nuestro propósito es que el Gobierno nos dé algún canal para que podamos transmitir a nivel nacional”, afirma, y explica que para ella las Farc fueron como una universidad. “Nos levantábamos y siempre había tiempo de hacer ejercicio. Después se distribuían los trabajos y tocaba ir a sembrar comida o estudiar cualquier documento de filosofía, cartografía, enfermería, entre otras cosas”.

La transición a la paz

Para la exguerrillera, el Acuerdo de Paz era su anhelo. “Siempre he pensado que tenemos que cambiar este país por medio del diálogo”, y añade que dejar las armas era esencial “porque muchas familias, tanto de guerrilleras como de soldados, sufren, y muchas personas inocentes mueren a causa del conflicto”. Cuando se le pregunta por la relación con las fuerzas de seguridad del Estado hoy, Lizeth Camila no tiene ninguna queja. De hecho, admite y valora que incluso la Policía vino a explicar el código de convivencia “para que vayamos integrándonos a la vida civil”.

Si bien es cierto que este ETCR es uno de los seis que mejor están funcionando a nivel nacional, también hay un sentimiento de preocupación por los incumplimientos del Gobierno. Pastor Alape, miembro de la dirección del partido FARC, alerta de que hay “una falta de compromiso de parte de la dirigencia política” y sectores que, lejos de demostrar su interés por la paz, “quieren mantener los conflictos”. Para el exguerrillero, el reto más trascendental de la paz es “reincorporar al Estado en todas estas regiones que han sido marginadas”.

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Asimismo, Jean Arnault, jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, animó en rueda de prensa a los excombatientes a considerar el sector privado para dar salida a sus proyectos productivos y alentó a las autoridades municipales, departamentales y nacionales “a que continúen apoyando este proceso”, puesto que “corresponde a la Fuerza Pública, con el apoyo de las Farc, llevarlo a buen puerto”, concluyó Arnault.

Federico Montes, coordinador del ETCR Hernán Ramírez, también alerta de la necesidad de terminar las construcciones, arrancar la nivelación académica, los beneficios de un sistema de salud y la documentación”. Montes dice con convencimiento que se les ha “querido asfixiar como proyecto político y económico para desestimular este concepto de trabajo y vida colectiva”. Lizeth Camila también apunta en esta dirección, pero se muestra más optimista: “Con lo poquito que nos ha dado el Gobierno y el esfuerzo que hemos puesto nosotros, este proceso tiene que terminar bien”, afirma.

Aun así, en el espacio Hernán Ramírez hay mucho trabajo por hacer, como la restitución de los cultivos de uso ilícito. Caquetá es, según los últimos datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la quinta región colombiana con más densidad de cultivos de uso ilícito. Lizeth Camila señala que hasta el momento no se ha visto el cumplimiento de este plan de sustitución y “muchos campesinos no han dejado de sembrarla y de cultivarla porque es el único recurso que les da la comidita”.

Más allá de los cultivos de uso ilícito, en la zona donde se ha construido el pueblo de la antigua guerrilla, el área de operaciones del frente III Osvaldo Patiño de las Farc, están “poniendo en práctica lo que siempre hemos soñado y defendido durante la lucha armada: reforma rural, autosuficiencia y soberanía alimentaria”, sostiene Montes. El coordinador del partido FARC en este lugar afirma que “contamos con la enorme voluntad de hombres y mujeres que no pensamos desistir de nuestra voluntad de construir paz”.

La apuesta empresarial por la reincorporación

Uno de los temas más preocupantes de la implementación del Acuerdo Final firmado con las Farc es la reincorporación de los excombatientes de esta organización. Son constantes los reclamos de la dirigencia del nuevo partido con relación a incumplimientos del Estado. El Gobierno, por su parte, muestra algunos avances, pero reconoce cuellos de botella para que los proyectos productivos puedan arrancar. Empresarios como Gonzalo Restrepo llaman la atención sobre la falta de planeación y ausencia de una estrategia que estudie los mercados antes de proyectar los emprendimientos.

Con el espíritu de encontrar salidas a estas problemáticas, Colombia 2020 realizará durante su encuentro nacional un primer panel llamado “Los empresarios y su apuesta por la reincorporación colectiva”, que estará antecedido por una intervención de Jean Arnault, representante especial del Secretario General de la ONU en Colombia, quien hará un balance del primer año de implementación del Acuerdo en cuanto a los programas de reincorporación de los excombatientes de las Farc. En el conversatorio estarán Gonzalo Restrepo, presidente de la Fundación Éxito; Joshua Mitrotti, director de la Agencia Nacional de Reincorporación (ANR); “Pastor Alape”, representante de la FARC en el Consejo Nacional de Reincorporación, y Jorge Mario Díaz, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Bogotá.