Una misión de la ONU para vigilar la paz territorial

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apoyó una nueva misión de paz en Colombia. Esta vez, para acompañar la reincorporación de las Farc.

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Por unanimidad, los países que tienen asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizaron ayer una segunda Misión de Paz./ EFE

Cuando faltan dos meses y medio para que termine el mandato que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le otorgó a la Misión Especial de Paz en Colombia, el máximo órgano multilateral emitió una nueva resolución para iniciar cuanto antes los preparativos para una segunda misión en el país. El objetivo es concreto: “Verificar la reincorporación política, económica y social de las Farc-EP y la implementación de garantías de seguridad personal y colectiva y de programas integrales de seguridad y protección para las comunidades y organizaciones en los territorios”.

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Según el documento, aprobado por las naciones más poderosas del mundo, que tienen asiento permanente en el Consejo de Seguridad, la segunda Misión de Paz tendrá una duración de tres años, con posibilidad de prórroga, pero inicialmente está autorizada por 12 meses. La diferencia entre la primera y la segunda Misión es total. La primera, que termina con la extracción de los contenedores donde reposa el armamento de las Farc, se dedicaba a vigilar el cumplimiento del cese bilateral del fuego y la dejación de armas. Esto implicaba que se concentraba en las 26 zonas donde se ubican las Farc. Ahora tendrá que estar pendiente de que se cumplan objetivos tan complejos como las garantías de seguridad para quienes dejaron las armas.

En estos términos, los llamados de los delegados de países como Suecia, Etiopía y Senegal se centraron en abandonar la visión del desarme como puerto de llegada y solicitaron enfocar los esfuerzos en garantizar la efectiva participación política de las Farc, implementar la reforma rural integral y desplegar un efectivo dispositivo de seguridad, no sólo para quienes dejen las armas, sino especialmente para los líderes sociales y defensores de derechos humanos, ya que las cifras de ataques, asesinatos y persecución de estos es un tema que preocupa altamente a la comunidad internacional.

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Esto implica, de alguna manera, que la Misión Especial de Paz tendrá que tener un papel muy activo en cuanto al cumplimiento de los compromisos adquiridos. Compromisos de alta complejidad, como lo puede ser hacer efectiva la aplicación de la ley de amnistía o la puesta en marcha de la reforma rural. Y más complejos aún serán los compromisos en materia de seguridad, ya que no sólo implican evitar el asesinato de los miembros de las Farc, sino ejercer el efectivo control territorial de las zonas abandonas por las Farc y el monopolio de las armas a manos del Estado. Un objetivo que la República busca desde los tiempos de Simón Bolívar.

Para eso, el representante en Colombia del secretario general de la ONU, Jean Arnault, tendrá hasta el 25 de agosto para entregar al Consejo de Seguridad las recomendaciones detalladas sobre el tamaño, los aspectos operacionales y el mandato de la nueva Misión. Un mes después se iniciará en forma la segunda Misión, la cual tendrá como reto principal llegar hasta las remotas zonas donde las Farc echaron raíces para conocer de primera mano cómo reciben sus pobladores los beneficios del Acuerdo de Paz, pues siempre se dijo que esta será una paz territorial.