60 años de participación femenina

Una deuda histórica en la política

Pese a la apertura de espacios democráticos, no existe aún verdadera igualdad para la mujer en cargos públicos y en el mismo sector privado. 

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Fue el 1° de diciembre de 1957 que las mujeres por primera vez pudieron ejercer su derecho al voto. / Archivo El Espectador

Hace 60 años, el domingo 1° de diciembre de 1957, un total de 1’835.255 mujeres ejercieron por primera vez su derecho al voto en Colombia. Ese día, los electores fueron convocados a las urnas para darle su aprobación al plebiscito que le dio vida al Frente Nacional, y el 41,73 % de quienes respondieron a esa cita democrática fueron mujeres. Tres años atrás, la Asamblea Constituyente de la era Rojas Pinilla les había permitido el sufragio, hasta entonces restringido para los varones, pero sólo se estrenaron como votantes en el plebiscito del 57.

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En este paso histórico fueron pioneras Josefina Valencia Muñoz, hija del maestro Guillermo Valencia, y Esmeralda Arboleda Cadavid, abogada de la Universidad del Cauca. Ellas fueron las únicas mujeres de la Constituyente de 1954. La primera fue después gobernadora del Cauca, ministra de Educación y congresista. La segunda fue secretaria del Partido Liberal y primera senadora de la República, en 1958. Tres años después ejerció como ministra de Comunicaciones. Su vida pública terminó como embajadora en Austria.

Aunque 60 años es poco tiempo, que demuestra una injusticia histórica respecto a los derechos políticos de la mujer, recordar esta efeméride es tan importante como referenciar los nombres de aquellas que a lo largo de estas seis décadas han sabido interpretar su papel en la construcción de la democracia colombiana. Desde la primera candidata presidencial, María Eugenia Rojas en 1974; la primera presidenta del Congreso, Claudia Blum en 2005; la primera fiscal general, Viviane Morales en 2011, o la primera canciller, Noemí Sanín en 1991.

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Sin embargo, en especial a partir de la Constitución de 1991, garantista en igualdad de derechos, la participación de la mujer en la actividad política ha venido creciendo, aunque no en la dimensión de lo que merece. Normas como la Ley 581 de 2000 o Ley de Cuotas; la Ley 1475 de 2011, que la amplió a las listas políticas; o la Ley 1434 de 2011, que habilitó la creación de la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer, representan avances. Pero en la práctica falta mucho por hacer y alcanzar en el ámbito de la representación política femenina.

En 198 años de vida republicana, apenas 60 han contado con mujeres habilitadas para el ejercicio político. Pero Colombia sigue en deuda de tener una mujer en la Presidencia de la República o de alcanzar por voto popular la Alcaldía Mayor de Bogotá. Dos mujeres la ejercieron —Sonia Durán de Infante en 1992 y Clara López en 2011—, para terminar como encargadas mandatos masculinos. Tampoco Medellín o Cali han tenido alcaldesas por voto popular. Sí han existido ministras, gobernadoras o alcaldesas de otras ciudades, como Barranquilla o Cartagena, pero no es suficiente.

Un informe de la Misión de Observación Electoral (MOE) recordó recientemente que en las elecciones territoriales de 2015 solo fueron elegidas cinco mujeres en gobernaciones: Oneida Pinto en La Guajira, Rosa Cotes en Magdalena, Marcela Amaya en el Meta, Sorrel Aroca en Putumayo y Dilian Francisca Toro en el Valle del Cauca. En ninguna capital de departamento fue elegida una mujer. En cuanto al Poder Legislativo, con 23 senadoras y 31 representantes a la Cámara, hoy se expresa el mayor número de elegidas en toda la historia.

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Ana Güezmes, representante de la ONU en Colombia, cree que somos todos los colombianos los que debemos dar el paso para el cambio que permita la igualdad para las mujeres: “La igualdad no es un tema sólo de las mujeres. La igualdad nos hace bien como sociedad y el llamado que hacemos es dar ese paso hacia ese futuro más luminoso, libre de discriminación, libre de violencia hacia todas las mujeres, que nadie se quede atrás”.

A su vez, la representante a la Cámara Ángela María Robledo considera que la toma de decisiones de la mujer debe comenzar desde su hogar: “La participación política de las mujeres comienza desde la manera como habitan su espacio doméstico. Ahí, en ejercicio de democracia, las mujeres ejercemos la política, pero en el escenario de la política representativa los retos son enormes”.

Y la activista y columnista de El Tiempo Florence Thomas concluye que lo que sucedió hace 60 años fue determinante para la democracia colombiana: “Recibir la cédula y acceder al voto fue el primer paso para que la mujer abriera los ojos, pues se sintió ciudadana por primera vez y podía empezar a exigir derechos, a volverse veedora de ellos, a tomar la palabra en los espacios públicos, a estar en el Congreso. Fue un paso inmenso”.