“Si nos toca, montamos la oficina en la Plaza de Bolívar”: Victoria Sandino

La senadora de la FARC habla de los retos que tendrá que enfrentar el partido político en el Congreso y de las lecciones que quedaron tras los comicios del 11 de marzo.

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Victoria Sandino, senadora electa por el partido FARC. / Nathaly Triana - El Espectador

Son varias las conclusiones que se pueden sacar al analizar los resultados que obtuvo en las urnas el partido político FARC en las elecciones legislativas del 11 de marzo. La principal, quizá, es que los 52.532 votos logrados en Senado y los 32.636 en Cámara —el 1 % del total— desmontaron las versiones que se propagaron con la firma del Acuerdo de Paz, según las cuales la exguerrilla iba a llegar al Congreso comprando votos en las regiones, supuestamente con la plata del narcotráfico o incluso del gobierno de Venezuela. Al final, los colombianos demostraron que aún se resisten a verse representados por ellos en la política.

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La otra gran conclusión es que, sin la legitimidad que da el respaldo de los votos, los 10 congresistas del partido político FARC que ocuparán una curul en el Congreso, en cumplimiento de lo pactado en La Habana, no la tendrán nada fácil. Una de las que llegarán el próximo 20 de julio es Victoria Sandino, quien habla con El Espectador sobre esa entrada oficial a la escena política, los obstáculos que tendrán que sortear y las previsiones para los comicios presidenciales que se avecinan, entre otras cosas.

¿Qué análisis hace de los pocos votos que obtuvo la FARC en las elecciones del 11 de marzo?

Hay varios factores. El primero es el sistema electoral colombiano, que está hecho a la medida de los corruptos, del clientelismo, y que está hecho para no funcionar. No da garantías para que de verdad haya un ejercicio democrático. Ese fue el principal reto: nosotros sabíamos a qué nos estábamos enfrentando y decidimos participar, aun sin haber ningún tipo de cambio. Porque lo que decía el Acuerdo era que había que hacer una reforma política y una reforma electoral, y eso quedó en deuda. Aquí reinaron el clientelismo y la corrupción.

O sea, ¿esos votos que obtuvieron no reflejan la realidad de la acogida que tiene la FARC en el país?

Para nosotros no. Valoramos esos 80.000 votos, pero para nosotros no se refleja. Lo que pasa es que no es un tema de acogida; lo que hay es una necesidad de cambio. La gente me decía: “No es que los quiera ni piense como ustedes, pero voy a votar por ustedes porque quiero que esta vaina cambie”. Otros tantos votaron porque nos conocían, porque creen en la paz y creen en nosotros, pues saben que hemos cumplido. Lo que queda claro en todo este proceso es que hemos cumplido en un 100% a lo que nos hemos comprometido. La gente estuvo muy receptiva en los debates, en las discusiones, y pudimos acercarnos mucho a las iniciativas de las comunidades, y muchas de las cosas que hemos propuesto corresponden a esas inquietudes.

Pero hay quienes dicen que la baja votación refleja que el país no quería a la FARC en el Congreso. ¿No deslegitima eso su presencia en el Legislativo?

Que hayamos conseguido esos votos significa que hay un núcleo de personas que sí creen en este cuento. Además, no tuvimos certeza de qué ocurrió en cada una de las mesas de votación, especialmente en los territorios donde históricamente estuvimos, donde la gente nos reconoce, donde convivió con nosotros durante 53 años. Fue muy difícil porque no tuvimos la manera de ver a través de testigos electorales qué fue lo que pasó en las mesas. Valoramos los votos que tuvimos, pero no reflejan la disposición de la gente, no solamente con nosotros sino también con el Acuerdo y el proceso. Las expectativas eran relativas porque nunca habíamos participado en elecciones, luego no sabíamos con qué medirnos. No hay duda de que va a estar muy difícil la labor en el Congreso, así hubiéramos sacado un millón de votos. Tal y como está la situación —sin una reforma política y electoral que le diera la vuelta a la forma de elegir para que hubiese garantías— es muy complicado.

¿Fue muy corto el tiempo entre el momento en que dejaron las armas y el momento en que comenzaron a hacer política?

Lo que pasó fue que no se permitió que hiciéramos pedagogía, como estaba en el Acuerdo. Nosotros habíamos acordado que 60 de nuestros compañeros podían hacer pedagogía nacional, pero nunca se dieron las garantías para que se hiciera. Fue muy difícil. No pudimos llegar directamente a la gente.

¿Usted cree que las verdaderas elecciones del posconflicto van a ser las locales y regionales de 2019?

Yo lo que creo es que si aquí no hay una reforma política real, que dé garantías de una profundización de la democracia, será muy difícil que esto cambie.

¿Cuáles van a ser la principales propuestas que van a llevar al Congreso?

Elaboramos un plan de gobierno de 10 puntos a partir de la candidatura que trabajamos con Timochenko. Es la garantía de la paz, pero también hablamos de la profundización de la democracia, y hay varios aspectos que recogen lo que está en el Acuerdo y que profundizan las condiciones de desarrollo y bienestar para el país. Mucha de nuestra agenda legislativa estará relacionada con la deuda que hay de lo pactado. El Gobierno, por ejemplo, pasó a consulta previa el tema de la Reforma Rural Integral, una reforma que no fue consultada en el Csivi. Han presentado unos proyectos a la carrera que se hundieron en el “fast track” y que pretenden que se aprueben en esta corta legislatura. Ahí está la deuda, por ejemplo, con las circunscripciones especiales, con la reforma política. Son varias las iniciativas.

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¿Y cuál será el centro de su agenda?

Tengo un compromiso profundo con los temas de las mujeres y de las diversidades sexuales, con quienes hemos trabajado una agenda específica que está relacionada, por ejemplo, con la reglamentación de la Ley de Mujer Rural, la 731 de 2002, porque es muy importante pero no fue reglamentada y hay que armonizarla con lo que se desarrolló en el Acuerdo de La Habana respecto a la inclusión del enfoque de género. Otra de las iniciativas fuertes está relacionada con la creación del Sistema Nacional de Cuidado, que busca el reconocimiento de esa labor que realizan las mujeres. Queremos que se consideren los años trabajados por las amas de casa como cotizados.

¿Cómo está el tema en las zonas de capacitación en términos de seguridad para los excombatientes?

Las preocupaciones son enormes y hay una zozobra permanente, no solamente por el tema de seguridad, que es grave, porque ya hay más de 50 compañeros asesinados, sino también porque no ha habido una reincorporación política, social, económica y cultural en condiciones dignas. Para que se garantizara esa reincorporación, lo primero que tenía que haber era tierra, pues la vocación de la mayoría de nuestra gente es agropecuaria, y si no hay tierra para producir, para garantizar proyectos productivos, es muy difícil. Por eso parte de nuestro ejercicio parlamentario estará dirigido a garantizar esa reincorporación. La vamos a seguir peleando, de eso no hay la menor duda.

¿Le quedó grande la implementación al Gobierno?

Le quedó grande al Estado el Acuerdo de Paz, porque nosotros lo hicimos en cabeza del presidente como representante de ese Estado. Por supuesto que al Gobierno le ha faltado compromiso para con la implementación, de eso no hay la menor duda. Un ejemplo es lo que ocurrió con el Congreso, que no tramitó las leyes que se requerían para la adecuación institucional. La parte judicial tampoco cumplió. Siguen todavía alrededor de 700 personas nuestras en las cárceles, cuando el compromiso era que salían luego de la amnistía.

¿Qué temores tienen con el cambio de gobierno que se viene?

El debate electoral está candente y polarizado, pero hay que mirar el compromiso real que tiene cualquier gobierno que llegue, porque una cosa es lo que dicen ahora en campaña y otra lo que aplican. Por eso, el llamado a la ciudadanía es a que pasemos la página y que eso también se refleje en las elecciones presidenciales.

¿Y a quién van a apoyar?

Hasta ahora estamos hablando. Acabamos de hacer el balance de lo ocurrido y seguimos teniendo reuniones para saber qué pasó en los territorios. Obviamente tomaremos decisiones.

Pero ¿son conscientes de que nadie quiere con ustedes?

Más que conscientes, lo hemos visto y escuchado todo el tiempo, pero esa es la lucha. A nosotros nadie nos dijo que construir la paz era fácil. Lo que sí pasó es que todas esas falacias que se habían construido alrededor de nuestra participación electoral quedaron derrumbadas de ambos lados. Sectores democráticos de izquierda tenían una prevención terrible, porque según ellos se les iba a quitar los votos, y lo que ocurrió fue que ninguna incidencia tuvo. Y con los sectores de extrema derecha, que hablaban de ríos de plata, también pasó lo mismo.

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El secretario general del Senado dijo que no hay espacio en el Congreso para que la FARC tenga oficinas. ¿Qué van a hacer?

Lo escuchamos diciendo que no había condiciones de seguridad, que es sorprendente que lo diga, ni oficinas para que nosotros sesionáramos. Nosotros estamos listos para trabajar, tenemos nuestros equipos, nuestras iniciativas, y en tal caso tendremos que montar nuestras oficinas en la Plaza de Bolívar. Montaremos una carpa, atenderemos a la gente e iremos a las sesiones, tal cual estén programadas.

¿Qué espera el 20 de julio, cuando se posesione?

Espero que la gente entienda que estamos en un momento distinto, que hemos dado un paso trascendental, que a Colombia le ha ocurrido lo mejor en más de un siglo y que nosotros vamos al Congreso justamente a seguir peleando por lo que hemos venido peleando todos estos años.