Secuestro de Salud Hernández tiene el proceso en suspenso

Se barajan dos propuestas para iniciar los diálogos con el Eln

Alias “Gabino”, el máximo comandante del Eln, dice que el secuestro debe reducirse hasta desaparecer como estrategia de guerra, pero critica al Gobierno por exigirlo como condición.

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El máximo comandante del Eln, Nicolás Rodríguez, contestó una carta a la periodista María Jimena Duzán.
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Un intercambio epistolar entre la periodista María Jimena Duzán y el máximo comandante del Eln, Nicolás Rodríguez, alias Gabino, revela las razones que han impedido que se instale en Ecuador una mesa formal de diálogos. El condicionamiento del Gobierno de que el proceso de paz sólo se iniciará cuando esa guerrilla abandone por completo la práctica del secuestro se ha convertido en un pulso que impide el avance hacia la mesa de conversaciones.

“Valoramos muy desafortunado que luego de lo acordado el 30 de marzo, que generó grandes expectativas, el presidente Santos, de manera intempestiva y unilateral, haya colocado nuevos impedimentos para avanzar, ello es claramente violatorio de lo acordado. De esa forma, el Gobierno ha congelado los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional”, expresó el jefe guerrillero en su respuesta a la periodista de la revista Semana.

La carta de Duzán se dio a raíz del secuestro de la periodista española Salud Hernández: “Sé que ustedes han sido claros en decirle al Gobierno que están dispuestos a ir a una mesa de negociaciones pero sin condiciones, y que no van a renunciar al secuestro porque lo siguen considerando un instrumento legítimo para financiar su lucha revolucionaria y un arma de la lucha de clases”, escribió.

A lo que Gabino contestó: “Somos conscientes que las retenciones de cualquier tipo afectan de manera sensible a quien las vive y a su entorno familiar y social, por lo que siempre hemos tenido claro que debemos reducirlas al mínimo y en lo posible, que nunca más ocurran, reflexión que nos ha llevado a disminuirlas de manera significativa. De esto solamente tenemos consciencia nosotros, mientras el resto de la sociedad lo desconoce y es manipulada por las grandes empresas de información para que crean lo contrario, debido a que todo lo malo que ocurre nos lo achacan deliberadamente, y cuando al tiempo las cosas se aclaran, el daño ya queda hecho”.

En este cruce de argumentos, el tiempo sigue corriendo para dar inicio al proceso de paz entre Gobierno y Eln. Un factor que, ante los avances de la mesa de diálogos con las Farc en La Habana, se ve como una dificultad más, ya que resulta impensable imaginar que la verificación, implementación y refrendación de las dos mesas de negociación irán en tiempos y formas diferentes. Sin embargo, ese es un nudo que se deshará en su momento. Hoy la urgencia no es cómo finalizar el proceso con el Eln sino cómo iniciarlo.

En ese contexto, las delegaciones buscan un acercamiento para solventar la situación. Y ya se barajan algunas propuestas. Una de ellas consiste en abordar el punto cuarto de la agenda —que versa sobre víctimas— de primero y así solucionar de entrada lo que tiene que ver con el secuestro. Y es que para el Eln el problema no es tanto abandonar esa práctica, sino la posición del Gobierno de establecer líneas rojas después de firmar un acuerdo para iniciar el proceso de paz. De manera que, si se cumple con la instalación de la mesa, a su juicio será más fácil caminar hacia el desescalamiento del conflicto. Eso sí, siempre y cuando también haya gestos equivalentes por parte del gobierno Santos.

Una segunda propuesta estaría encaminada en este sentido y consistiría en instalar una subcomisión que pacte una serie de gestos bilaterales que permitan la construcción de confianza, cuyo resultado será la remoción de los obstáculos que han impedido instalar la mesa, entre ellos el asunto del secuestro. Es por esto que el Eln ha insistido en que lo mejor sería partir del cese bilateral para aclimatar los diálogos y aislarlos de los ruidos que hacen los fusiles en Colombia, mientras la mesa de diálogos de Quito toma vuelo para sellar un acuerdo de paz definitivo con el Gobierno.