"Sandra Ramírez", la viuda del fundador de las Farc

Estuvo en La Habana negociando con el gobierno en la fase preliminar y luego participó en la verificación del cese al fuego. Es santandereana, compartió 24 años al lado el legendario jefe guerrillero, a quien le ayudó a criar cinco hijos, en medio de la guerra.

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Sandra Ramírez espera estudiar Ciencias políticas. / Gustavo Torrijos - El Espectador.

Sandra Ramírez hará dos trámites una vez se posesione como senadora. El primero será cambiarse el nombre: pasar de ser Griselda Lobo a Sandra Lobo. El nombre que conservará es el que usa hace 36 años, cuando ingresó a las Farc. Ese es el nombre con el que se reconoce e identifica. El apellido Ramírez, por el contrario, fue azar. Lo escogió en La Habana durante la etapa exploratoria de los diálogos a comienzos de 2012, pues en la guerra nunca había tenido. Por eso conservará el original: Lobo.

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El segundo será retomar la universidad. El año pasado inició su primer semestre de Administración de empresas, pero tuvo que dejarlo por el ajetreo de la campaña electoral. Apenas logre acoplarse a su nuevo papel en el Congreso, iniciará sus estudios en Ciencias Políticas.

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Sorprende verla en vestido de sastre, con el cabello tinturado, trepada en unos tacones y usando unos aretes a los que todavía no se acostumbra. Pero ella asume con tranquilidad ese drástico cambio de vida. De sus primeros años en Santa Helena de Opón, un municipio de Santander "perdido y pequeñito", recuerda la vida dura del campo, a su papá que era una especie de médico tradicional y a su mamá intentando sacar adelante a 18 hijos en medio de las dificultades económicas.

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A los 16 años, la vida de 'Chela', como le decían en su casa, se le iba en estudiar bachillerato en Bucaramanga y apoyar a su mamá en la finca los fines de semana y en vacaciones. Cuando estaba en tercer año de secundaria su papá la llamó para que cuidara a siete de sus hermanos, pues su mamá había enfermado por un nuevo embarazo, esta vez fuera del útero. Así fue como dejó para siempre el colegio en unas vacaciones de Semana Santa.

El retorno a la finca de sus padres le significó, además de perder la posibilidad de estudiar y ser médica como había soñado desde pequeña, la oportunidad de conocer a las Farc. Al comienzo le dio miedo, pero luego, cada vez que pasaba la tropa, salía a mirar a una mujer que le causaba admiración porque tenía mando sobre los hombres guerrilleros.

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En menos de un año, huyéndole a un matrimonio al que estaba destinada, a una vida llena de hijos y de oficios domésticos, y atraída por aquella comandante, Sandra Ramírez se vinculó a las Farc, en 1981. “Yo entré por mi mamá, al verla con todos esos hijos, al ver que su vida se le iba en criar, cocinar y lavar. Cada vez que mi papá la maltrataba, ella nos decía que soñaba un destino diferente para sus hijas mujeres y se preocupó mucho porque estudiáramos, pero éramos muchos y no había recursos”, recuerda de su adolescencia.

Entrar a la guerrilla le significó a Sandra esforzarse para mostrar sus capacidades y ganarse un puesto en el mando. Pero pronto pudo especializarse en enfermería, más adelante se preparó para ser radista, aprendió sistemas y en pocos años llegó a ser la compañera sentimental, la radioperadora y la secretaria del máximo jefe de las Farc, Manuel Marulanda.

Durante los diálogos del Caguán (1998-2002) Sandra se hizo visible. Manejaba la camioneta 4X4 en al que se transportaba el legendario guerrillero, estaba pendiente de su comida, tomaba fotos y grababa videos de las reuniones en las que participaba, le llevaba los documentos y lo acompañaba hasta el baño. Su figura llamó la atención de los medios de manera inmediata, primero porque sorprendió ver al jefe de las Farc en demostraciones de afecto con una mujer, que además, se veía muchísimo más joven que él.

Marulanda le llevaba más de 30 años, pero eso nunca fue un problema, según admite ella. Todavia habla de él como "el camarada Manuel", pero admite que en la vida de pareja ella le decía "mi viejo". Nunca tuvieron hijos, pero ella le ayudó a criar cinco de una relación anterior. Todos crecieron en la guerrilla. Tres de ellos hicieron dejación de armas, después de acompañar a su padre, incluso haciendo parte de su escolta personal. 

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Estuvo a su lado por 24 años, hasta que el octogenario guerrillero murió en sus brazos de un ataque cardíaco en marzo de 2008. En medio de la más fuerte arremetida militar del Plan Patriota, Sandra siguió su vida como combatiente, hasta que el secretariado la designó como la única mujer que representaría a las Farc en los diálogos exploratorios en La Habana.

Estuvo en la isla, en esa difícil etapa que dejó la agenda y las bases sentadas para seguir la negociación, hasta la instalación de la mesa en noviembre de 2012. De nuevo en Colombia tuvo tareas varias, como la capacitación de la tropa, las comunicaciones. Estuvo en Arauca y en Norte de Santander, donde volvió a tener mando en el frente 33.

Allí estaba, expectante a los diálogos, cuando la volvieron a llamar a La Habana en julio de 2016, a recibir capacitación para entrar a conformar el Mecanismo de Monitoreo y Verificación. Hizo parte de las seis mujeres de las Farc que están en la máxima instancia de este mecanismo, a cargo de las operaciones que se desarrollaron en las 26 zonas veredales y puntos transitorios.  

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Ahora, a sus 53 años, Sandra será senadora de la República. Por eso se empezó a preparar en 2017, mientras hacía parte del mecanismo. En las noches, con otros excombatientes, validó el bachillerato, se preparó para las pruebas del Estado y logró pasarlo. Consiguió su título de bachiller en mayo del año pasado. 

Para entonces lo que más anhelaba era el reencuentro con toda su familia, a la que no veía durante décadas. “Hace poco vi a mi mamá, no la veía hace 18 años. Ella me reclama porque la abandoné, pero era imposible tener contacto con ella”, se duele. Además, dice que la construcción de las relaciones familiares se trataron de "quitar el estigma del monstruo" y volver a lo que las unía. También mantiene contacto con los tres hijos de Marulanda que ella crió desde pequeños. Ahora están en Mesetas trabajando en un proyecto productivo e, incluso, ya hay un nieto y viene otro en camino. Su único hijo de sangre es civil y ya le dio una nieta.

Como congresista, Sandra Ramírez espera articularse con las mujeres de otras bancadas que tienen proyectos para mujeres. Sin embargo, resalta la lucha por lo básico: el agua y la tierra, por ejemplo. Dice que no le da miedo, pues cuenta con un equipo que la apoya, además de que ella misma espera ser politóloga en poco tiempo.