ONU no verificará cese con el ELN sin autorización de Iván Duque

Hoy se inicia la última ronda de negociación entre la guerrilla y el Gobierno en la era Santos. Las partes buscan definir un cese bilateral y una ruta de participación de la sociedad civil en la mesa, que permitan que el gobierno entrante continúe hacia un acuerdo final de paz. 

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Hoy se reanuda el sexto ciclo de negociaciones entre el Gobierno y el Eln. / EFE

Este lunes se reanuda la mesa de diálogos entre el Gobierno y el Eln en La Habana, en su sexto ciclo. El objetivo está trazado: remover los obstáculos que han impedido sellar un acuerdo de cese bilateral y acordar los elementos para hacer efectiva la participación de la sociedad en el proceso de negociación. En principio, el último ciclo de conversaciones de la era Santos iría hasta este jueves 19 de julio, sin embargo, todo indica que se extenderá una semana más, hasta el 27, pues los negociadores del Gobierno recibieron una clara instrucción: trabajar por ese acuerdo hasta el último día de mandato.

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La hora cero ya tiene fecha en el calendario: el 7 de agosto Santos le entregará a Duque el gobierno, con una mesa de negociación andando en Cuba. Con esta perspectiva, las partes trabajan sin descanso. Este fin de semana los voceros del Eln se encerraron para tomar decisiones de fondo. En los días que las sesiones conjuntas estuvieron congeladas, a la expectativa de los sucesos electorales, las delegaciones trabajaron por separado una propuesta de acuerdo que dejó el quinto ciclo, finalizado el 15 de junio.

Con el resultado de estas deliberaciones, los negociadores llegan hoy a la mesa a remover los obstáculos que aún persisten. Las posiciones se han acercado, en parte, porque tanto Gobierno como Eln quieren entregar al nuevo presidente, Iván Duque, un proceso avanzado, que le haga considerar la necesidad de continuar negociando hasta conseguir un acuerdo final de paz con la única guerrilla que persiste en Colombia.

“Hay posibilidades grandes de llegar a un acuerdo, tanto en cese bilateral como en la ruta de participación de la sociedad, pero es necesario que las partes pongan lo mejor. Si el acuerdo se firma sería un contexto importante para el comienzo del nuevo gobierno. Permitiría mostrar que los esfuerzos que se han hecho han valido la pena”, explicó una de las personas que acompañan el diálogo en Cuba.

Las diferencias que persisten están centradas en aspectos puntuales de los protocolos que regirán el cese bilateral, así como de los elementos que permitan fortalecer el mecanismo de verificación y de una serie de aspectos que tienen que ver con garantías para el Eln en materia militar.

En cuanto a la ruta de participación de la sociedad en la mesa de negociación, el Gobierno propone eventos de participación, mientras el Eln aspira a que este sea un proceso ascendente de las regiones hacia los niveles nacionales. Las diferencias aquí también se expresan en asuntos como el tiempo de duración de estos encuentros o el número de regiones en donde se realizarían, entre otras.

Desde la perspectiva del Eln, que por primera vez en su historia de más de 50 años está en un proceso formal de negociación, la idea es jugársela toda por mantener la mesa y trabajar hasta al último momento. Sin embargo, la implementación del Acuerdo con las Farc ha despertado fuertes inquietudes en la base guerrillera que, en una organización federal como la del Eln, ha producido comportamientos diversos en sus mandos regionales.

Además, la transición hacia el mandato del presidente electo, Iván Duque, representa una serie de cambios en las reglas del juego. Para Pablo Beltrán, “la mesa ha quedado atrapada entre un gobierno que se va y un gobierno que llega, que eso sería algo normal. Lo que pasa es que el signo del que llega amenaza con desconocer lo que se había avanzado, y eso genera una fuerte incertidumbre”.

En el campo militar, el grupo insurgente ha impulsado un fuerte proceso de expansión en las zonas donde las Farc hizo presencia, ha multiplicado sus redes de financiación y sus métodos de control territorial y de las poblaciones, al compás de la intensificación de la guerra en regiones como Chocó, Arauca, Catatumbo, Cauca o Nariño. Los combates contra el Clan del Golfo y la Fuerza Pública han producido el regreso de los fusiles a las llamadas zonas de posconflicto y las extorsiones, impuestos de guerra y asesinatos selectivos se han disparado.

Desde la perspectiva del Gobierno, no hay muchas esperanzas en que antes del 7 de agosto se materialice el acuerdo de cese bilateral. Primero, por las condiciones en la mesa, y segundo, porque la Misión Especial de la ONU ya notificó a las partes que no pondrá en marcha el mecanismo de verificación sin la autorización del gobierno entrante. Eso sí, están seguros de que la mesa va estar servida luego de la posesión de Iván Duque, por lo que están convencidos de que necesitan entregarla con un mensaje de avance y solidez.

El gobierno entrante sabe que este va a ser el primer asunto por resolver, por eso ha dispuesto a un grupo de empalme en asuntos de paz, encabezado por la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, y en el que la han acompañado el excomisionado de Paz Camilo Gómez y el exviceministro de Justicia Miguel Ceballos. Ellos han acudido a dos reuniones de empalme sobre el tema de paz, que incluye la implementación del Acuerdo con las Farc, el sometimiento de las bandas criminales y la mesa con el Eln.

“Vi una disposición de mantener la mesa, creo que son conscientes de que ya no están en campaña sino preparándose para gobernar. Y veo que al final van a querer hacer el proceso de paz a su estilo, tratando superar el Acuerdo de La Habana. Las señales han sido positivas. Al mismo tiempo, el Eln parece empeñado en mantener la mesa y de alguna manera están esperando a que el nuevo gobierno ponga sus condiciones para iniciar una nueva etapa de negociación”, expresó un funcionario del Ejecutivo.

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En este proceso el presidente electo, Iván Duque, recibió el pasado 10 de julio una carta del Grupo de Países de Apoyo, Acompañamiento y Cooperación (GPAAC), en la que le dicen que han venido apoyando el esfuerzo de paz, explican su mandato y se ponen a su disposición para continuar con la mesa de diálogos. Y, en este escenario, la primera decisión que tendrá que tomar el nuevo jefe de Estado es qué hacer con los dos miembros del Eln a los que Santos les otorgó las condiciones de gestores de paz: Juan Carlos Cuéllar y Eduardo Martínez. La vigencia de la resolución es el 31 de julio.

Así pues, la mesa de diálogos entre el gobierno Santos y el Eln retoma labores hoy en su sexto ciclo de negociaciones, que se inició el 25 de junio. Las partes saben que será el último esfuerzo de paz del presidente Santos y ambas tienen claridad de que lo que logren hacer antes del 7 de agosto será determinante para el futuro del proceso de paz. Pero también están seguros de que el día que Iván Duque llegue a la Casa de Nariño, encontrará a la guerrilla sentada en la mesa, a la espera de un nuevo interlocutor.