Olmedo Ruiz, el congresista de Farc en la tierra del uribismo

Omar Restrepo, excomandante del frente 57 de las Farc, llegó a la Cámara de Representantes por Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Se inscribió como cabeza de lista de ese partido en Antioquia. En medio del proceso de paz, fue de los primeros excombatientes en interactuar en terreno con integrantes de la Fuerza Pública.

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Ruiz se graduó como bachiller este año 2018. / Archivo el Espectador.

Omar Restrepo, quien fue comandante del frente 57 de las Farc, se posesionó como Representante a la Cámara por el departamento de Antioquia este 20 de julio. Antes de llegar a ocupar su curul, estuvo 25 años alzado en armas.

Desde el 2017 estaba dedicado al ejercicio político. Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común lo nombró cabeza de lista para la Cámara de Representantes de Antioquia, por lo que le tocó salir a hacer campaña. “Como en todo el país no tuvimos garantías políticas ni de seguridad”, afirma. En ese departamento el partido de la exguerrilla obtuvo cerca de 4 mil votos.

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Tras dejar las armas, Restrepo también ha estudiado. En abril del 2018 se graduó como bachiller, una meta aplazada por los años que pasó en la guerra. “Si la vida me lo permite quiero hacer una carrera profesional”, comentó. Piensa estudiar ciencias políticas o administración pública en cualquier universidad de Medellín donde se gane una beca.

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El reto que tiene es complejo. Restrepo es Representante de un departamento en el que Iván Duque obtuvo casi dos millones de votos. Al preguntarle cómo hacer política en un departamento que es bastión del uribismo: “nosotros hemos sido luchadores toda la vida y vamos a luchar toda la vida, esto requiere el desmonte del paramilitarismo y que se le den garantías a las fuerzas alternativas”.

En Antioquia se ha reunido con organizaciones sociales para retroalimentar su agenda legislativa. Restrepo habla de las que serán sus banderas desde su curul: la implementación del acuerdo de paz, frenar la fumigación con glifosato y que se los campesinos tengan tierra donde trabajar.

Esas iniciativas se unen a tres proyectos de ley que Farc plantea poner a debate en el Capitolio: otorgarle garantías a la protesta social, aprobar un trato judicial diferencial para los cultivadores de coca y avanzar en un catastro multipropósito para, entre otras cosas, reconocer la tenencia de la guerra de varias comunidades. Restrepo hizo presencia en una reunión en la que participaron congresistas de las bancadas de partidos como el Polo Democrático, la Coalición de la Decencia y Farc. “Se van a radicar varios proyectos por parte de las fuerzas que convergen alrededor de la paz, la vida y la esperanza”, anunció.

Un tránsito a la política sin armas

La vida de Olmedo Ruíz es una fotografía del recrudecimiento y del fin de la guerra. Ingresó al cuarto frente por el Magdalena Medio, región que fue bastión del paramilitarismo, y en medio del proceso de paz de La Habana se encontró frente a frente con quienes fueron sus enemigos para adelantar labores de desminado en Briceño (Antioquia).

Fotos: Gustavo Torrijos.

Corría el año 1981 y Omar de Jesús Restrepo, que tiempo después asumió como nombre de guerra “Olmedo Ruíz”, vivía en la vereda Coralitos de Puerto Berrío (Antioquia) con su familia. Para esa época surgió el grupo paramilitar bautizado “Muerte a Secuestradores” (Mas), financiado por el Cartel de Medellín ante los secuestros extorsivos que las guerrillas perpetraron contra sus familiares.

Restrepo y su familia habían vuelto a la vereda tras un breve intento de vivir en el casco urbano de Puerto Berrío. Durante ese fugaz lapso, Restrepo se dedicó a las ventas ambulantes en el tren que iba desde Barrancabermeja (Santander) hasta Medellín y de Santa Marta hasta Bogotá. “Vendía de todo”, contó. En esos trayectos asegura que conoció a algunos precursores del paramilitarismo. Vale la pena recordar que en el Magdalena Medio los grupos paramilitares se conformaron a la sombra de personas como Pablo Emilio Guarín y el exmilitar Luis Antonio Meneses.

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Pero unirse a las filas del paramilitarismo nunca le interesó. Cuando volvió a su vereda en el 81 se encontró al Mas que desplazó a varios de los campesinos del lugar hacia el sur de Bolívar y hacia Remedios (Antioquia) y amenazó a dos de sus tíos. Restrepo en lugar de desplazarse se incorporó a las filas del cuarto frente de las Farc, junto a otros nueve jóvenes, cuando tenía 16 años. En ese momento pasó a llamarse Olmedo Ruíz.

En esa estructura estaba a órdenes de Fernando Marquetaliano, uno de los fundadores de la guerrilla. Su disciplina y habilidad para ejecutar acciones militares lo llevaron a ascender rápidamente dentro de la organización. Llegó a ser el segundo al mando del frente 36 que operaba en el Bajo Cauca antioqueño.

Para noviembre de 2015, Ruíz reconoció que el frente 36 estaba sembrando minas antipersona ante el avance del Ejército. Hoy es consciente que tiene que acogerse a la Justicia Especial para la Pazque juzgará los crímenes más graves cometidos en medio del conflicto armado. Aparte de esas obligaciones con la justicia dice estar dispuesto a pedir perdón “donde hubiésemos cometido errores durante la guerra”.

Pero así como fue testigo de primera mano del recrudecimiento del conflicto armado, lo fue de los esfuerzos para ponerle fin. En La Habana asesoró al equipo negociador de la guerrilla. Ayudó a construir los planteamientos que la insurgencia llevó a la mesa de negociación en los puntos de tierras, sustitución de cultivos de uso ilícito y participación política.

La gran prueba de la voluntad de paz de Ruíz se dio en 2015 cuando se implementó un plan piloto de desminado en la vereda El Orejón de Briceño (Antioquia). Durante seis meses compartió con miembros de la Fuerza Pública. Cuenta que compartieron espacios comunes, habitaciones y hasta baños.

“Al principio había prevención y pensábamos en qué tenían ellos debajo de la manga. Luego vimos que eran muchachos de familias humildes que estaban ahí por un empleo y que tanto las familias de ellos como las de nosotros viven en los barrios populares sufriendo las mismas dificultades. Había muchas cosas con las que nos identificábamos como seres humanos”, rememora.

Mientras Ruíz estaba en labores de desminado, la guerra siguió costando vidas. Gilberto Torres Muñetón, conocido en las Farc como “Becerro”, murió en medio de combates con el Ejército en marzo de 2015. Ante esa muerte la guerrilla decidió que Ruíz asumiera la comandancia del frente 57 de las Farc que operaba en el Chocó.

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En ese departamento del Pacífico vivió la derrota en el plebiscito del 2 de octubre. En un punto de preconcentración cercano a Bojayá vio cómo el país expresaba su desacuerdo frente al documento firmado por el presidente Juan Manuel Santos y el, en esa época, máximo comandante de las Farc Timoleón Jiménez. Esa noche de ese domingo fue tan crítica que Ruíz dio la orden de moverse unos metros de donde estaban por si la Fuerza Pública bombardeaba. “Afortunadamente nuestra dirigencia en una manera muy audaz en el primer pronunciamiento dijo que había que seguir afianzando la paz. Eso nos volvió a levantar el ánimo”, aseguró.

Luego de ese traspiés empezó la movilización guerrillera hacia las zonas verdales. El frente 57, comandado por Ruíz, inició su marcha el 31 de enero de 2017 hacia el municipio de Riosucio. Unos 150 combatientes viajaron por el río Bojayá y por el Atrato hasta llegar a las 10 hectáreas que se dispusieron para su llegada y alojamiento. Allí Olmedo y el resto del 57 dejaron las armas.

Su labor en el Chocó

Luego de la dejación de armas Ruíz quedó encargado del espacio territorial de capacitación y reincorporación Silver Vidal Mora, ubicado entre Carmen del Darién y Riosucio (Chocó), en el que están 150 excombatientes. Entre sus labores está fomentar la creación de proyectos productivos de alimentos y ecoturismo.

Ruíz vive en una casa prefabricada, como todos los otros excombatientes, cuya fachada está pintada con los rostros de Manuel Marulanda Fidel Castro. Allí, en medio de un inclemente calor en el día y de miles de mosquitos en la noche, cumple con su labor de mantener unidos a quienes renunciaron a las armas. Ya no lleva el camuflado que utilizó durante décadas y ahora cruza palabras cordiales con los policías que hacen rondas en el espacio territorial.

Entre el 1 y el 8 de octubre del 2017, Ruíz fue anfitrión de una cita impensable en los tiempos de la guerra. En el espacio territorial se desarrolló el festival de teatro Selva Adentro que contó con la asistencia de 14 compañías profesionales y una integrada por excombatientes y personas de comunidades aledañas. “Es una oportunidad para que conozcan nuestras miradas y nosotros, las de ellos”, expresó.  

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La tarea tiene retos complicados. En la región hacen presencia grupos paramilitares que ofrecen entre 1 y 10 millones de pesos a quienes se sumen a sus filas. Además, algunos líderes de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común han denunciado amenazas.

El 2 de octubre de este año al preguntarle a qué cargo político iba a aspirar se rió y dijo que su prioridad era terminar el bachillerato y estudiar Ciencias Políticas. “Si eso siempre ha sido lo mío tengo que afinar”, recalcó. En los últimos días de octubre se enteró de que es la cabeza de lista para la Cámara de Representantes por Antioquia del partido de la exguerrilla. La noticia, que lo cogió por sorpresa, se anunció a la opinión pública el 1 de noviembre.

Olmedo, que tiene 53 años, vio de cerca el surgimiento del paramilitarismo y con este el recrudecimiento de la guerra, ahora vive el tránsito de la guerrilla más vieja del continente hacia la participación política por vías democráticas.