Olmedo Ruíz: de la guerra, a la política sin armas

El excomandante del frente 57 de las Farc será cabeza de lista para la Cámara de Representantes de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común en Antioquia. Fue de los primeros integrantes de la exguerrilla en romper el hielo con quienes en el conflicto fueron sus enemigos.

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Olmedo Ruíz dice que mantiene la disciplina en el espacio territorial gracias a que en las Farc sigue habiendo disciplina política./ Cristian Garavito

La vida de Olmedo Ruíz es una fotografía del recrudecimiento y del fin de la guerra. Ingresó al cuarto frente por el Magdalena Medio, región que fue bastión del paramilitarismo, y en medio del proceso de paz de La Habana se encontró frente a frente con quienes fueron sus enemigos para adelantar labores de desminado en Briceño (Antioquia).

Foto: Gustavo Torrijos.

Corría el año 1981 y Omar de Jesús Restrepo, que tiempo después asumió como nombre de guerra “Olmedo Ruíz”, vivía en la vereda Coralitos de Puerto Berrío (Antioquia) con su familia. Para esa época surgió el grupo paramilitar bautizado “Muerte a Secuestradores” (Mas), financiado por el Cartel de Medellín ante los secuestros extorsivos que las guerrillas perpetraron contra sus familiares.

Restrepo y su familia habían vuelto a la vereda tras un breve intento de vivir en el casco urbano de Puerto Berrío. Durante ese fugaz lapso, Restrepo se dedicó a las ventas ambulantes en el tren que iba desde Barrancabermeja (Santander) hasta Medellín y de Santa Marta hasta Bogotá. “Vendía de todo”, contó. En esos trayectos asegura que conoció a algunos precursores del paramilitarismo. Vale la pena recordar que en el Magdalena Medio los grupos paramilitares se conformaron a la sombra de personas como Pablo Emilio Guarín y el exmilitar Luis Antonio Meneses.

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Pero unirse a las filas del paramilitarismo nunca le interesó. Cuando volvió a su vereda en el 81 se encontró al Mas que desplazó a varios de los campesinos del lugar hacia el sur de Bolívar y hacia Remedios (Antioquia) y amenazó a dos de sus tíos. Restrepo en lugar de desplazarse se incorporó a las filas del cuarto frente de las Farc, junto a otros nueve jóvenes, cuando tenía 16 años. En ese momento pasó a llamarse Olmedo Ruíz.

En esa estructura estaba a órdenes de Fernando Marquetaliano, uno de los fundadores de la guerrilla. Su disciplina y habilidad para ejecutar acciones militares lo llevaron a ascender rápidamente dentro de la organización. Llegó a ser el segundo al mando del frente 36 que operaba en el Bajo Cauca antioqueño.

Para noviembre de 2015, Ruíz reconoció que el frente 36 estaba sembrando minas antipersona ante el avance del Ejército. Hoy es consciente que tiene que acogerse a la Justicia Especial para la Paz que juzgará los crímenes más graves cometidos en medio del conflicto armado. Aparte de esas obligaciones con la justicia dice estar dispuesto a pedir perdón “donde hubiésemos cometido errores durante la guerra”.

Pero así como fue testigo de primera mano del recrudecimiento del conflicto armado, lo fue de los esfuerzos para ponerle fin. En La Habana asesoró al equipo negociador de la guerrilla. Ayudó a construir los planteamientos que la insurgencia llevó a la mesa de negociación en los puntos de tierras, sustitución de cultivos de uso ilícito y participación política.

La gran prueba de la voluntad de paz de Ruíz se dio en 2015 cuando se implementó un plan piloto de desminado en la vereda El Orejón de Briceño (Antioquia). Durante seis meses compartió con miembros de la Fuerza Pública. Cuenta que compartieron espacios comunes, habitaciones y hasta baños.

“Al principio había prevención y pensábamos en qué tenían ellos debajo de la manga. Luego vimos que eran muchachos de familias humildes que estaban ahí por un empleo y que tanto las familias de ellos como las de nosotros viven en los barrios populares sufriendo las mismas dificultades. Había muchas cosas con las que nos identificábamos como seres humanos”, rememora.

Mientras Ruíz estaba en labores de desminado, la guerra siguió costando vidas. Gilberto Torres Muñetón, conocido en las Farc como “Becerro”, murió en medio de combates con el Ejército en marzo de 2015. Ante esa muerte la guerrilla decidió que Ruíz asumiera la comandancia del frente 57 de las Farc que operaba en el Chocó.

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En ese departamento del Pacífico vivió la derrota en el plebiscito del 2 de octubre. En un punto de preconcentración cercano a Bojayá vio cómo el país expresaba su desacuerdo frente al documento firmado por el presidente Juan Manuel Santos y el, en esa época, máximo comandante de las Farc Timoleón Jiménez. Esa noche de ese domingo fue tan crítica que Ruíz dio la orden de moverse unos metros de donde estaban por si la Fuerza Pública bombardeaba. “Afortunadamente nuestra dirigencia en una manera muy audaz en el primer pronunciamiento dijo que había que seguir afianzando la paz. Eso nos volvió a levantar el ánimo”, aseguró.

Luego de ese traspiés empezó la movilización guerrillera hacia las zonas verdales. El frente 57, comandado por Ruíz, inició su marcha el 31 de enero de 2017 hacia el municipio de Riosucio. Unos 150 combatientes viajaron por el río Bojayá y por el Atrato hasta llegar a las 10 hectáreas que se dispusieron para su llegada y alojamiento. Allí Olmedo y el resto del 57 dejaron las armas.

Su labor en el Chocó

Luego de la dejación de armas Ruíz quedó encargado del espacio territorial de capacitación y reincorporación Silver Vidal Mora, ubicado entre Carmen del Darién y Riosucio (Chocó), en el que están 150 excombatientes. Entre sus labores está fomentar la creación de proyectos productivos de alimentos y ecoturismo.

Ruíz vive en una casa prefabricada, como todos los otros excombatientes, cuya fachada está pintada con los rostros de Manuel Marulanda y Fidel Castro. Allí, en medio de un inclemente calor en el día y de miles de mosquitos en la noche, cumple con su labor de mantener unidos a quienes renunciaron a las armas. Ya no lleva el camuflado que utilizó durante décadas y ahora cruza palabras cordiales con los policías que hacen rondas en el espacio territorial.

Entre el 1 y el 8 de octubre Ruíz fue anfitrión de una cita impensable en los tiempos de la guerra. En el espacio territorial se desarrolló el festival de teatro Selva Adentro que contó con la asistencia de 14 compañías profesionales y una integrada por excombatientes y personas de comunidades aledañas. “Es una oportunidad para que conozcan nuestras miradas y nosotros, las de ellos”, expresó.  

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La tarea tiene retos complicados. En la región hacen presencia grupos paramilitares que ofrecen entre 1 y 10 millones de pesos a quienes se sumen a sus filas. Además, algunos líderes de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común han denunciado amenazas.

El 2 de octubre de este año al preguntarle a qué cargo político iba a aspirar se rió y dijo que su prioridad era terminar el bachillerato y estudiar Ciencias Políticas. “Si eso siempre ha sido lo mío tengo que afinar”, recalcó. En los últimos días de octubre se enteró de que será la cabeza de lista para la Cámara de Representantes por Antioquia del partido de la exguerrilla. La noticia, que lo cogió por sorpresa, se anunció a la opinión pública el 1 de noviembre.

Olmedo, que cumplirá 53 años el 27 de diciembre, vio de cerca el surgimiento del paramilitarismo y con este el recrudecimiento de la guerra, ahora vive el tránsito de la guerrilla más vieja del continente hacia la participación política por vías democráticas.